
Hace 19 años, en lo más profundo de un bosque, en la casa de una familia no muy apreciada por la gente del pueblo, nació en una noche de tormenta una niña preciosa de cabello cobrizo y ojos azules como el cielo, llamada Beth. En la misma noche del parto, sus padres la dejaron en casa de su abuela prometiendo que volverían en un par de días "problemas Beth, no te metas... Cuida de la niña", fue lo único que dijo su padre pasandole el bulto que llevaba en sus brazos. Esos días que habian prometido se convirtieron en tres años. No recibían ninguna carta de ellos, ninguna visita... Beth no conocía a sus padres,por eso para ella, su abuela era como una segunda madre. Beth empezó a ir al colegio, como una niña normal... salvo por el hecho de que siempre se pegaba con sus compañeros, estos no cesaban de meterse con sus padres, los padres que ella nunca había conocido, pero que sabía que algún día irían a por ella. Ese día llegó, sus padres fueron a buscarla como ella soñaba todas las noches... Llegaron a casa de su abuela, la recogieron y sin decirle una palabra a su abuela, se la llevaron.
Cuando Beth cumplió los 12 años, empezaba a sentir una cosa extreña en su interior cuando salía la luna... fuerza, malestar, ganas de correr... Sabía que algo raro pasaba, se lo habia dicho a una amiguita del colegio y ella no sentía nada así, ni parecido, no era normal. Su padre tampoco era muy normal, no entendía por qué se iba al oscurecer todas las noches y no volvía hasta bien entrado el día. En la noche, su madre la llevaba a la cama y se tendía junto a ella mientras su padre sencillamente se iba. No le dió mucha importancia ya que sabía que su padre trabajaba mucho para que su madre y ella pudieran vivir bien, o al menos eso le decía su madre cada noche cuando Beth le preguntaba a donde se dirigía su padre.
Pasaron los años, y cuando Beth cumplió los 19 años, la misma noche de su cumpleaños empezó a sentir un mal presentimiento en su interior, y sin poderlo evitar mientras su madre dormía en la cama de al lado, ella se levantó con cuidado de no despertarla y salió detrás de su padre. Cuando la luna llena le rozó la piel, Beth sintió como algo hacia clik en su interior, de repente notó como sus colmillos crecian unos milímetros y como su espalda se encorvaba... No lo entendía... No... Su padre vestido con una túnica con capucha negra, echó la vista hacia atras y Beth, para no ser vista, saltó a un árbol, no sabía como lo habia hecho, solamente sabía que estaba ahí... "Oh Dios, ¿qué me pasa?" era en lo único que Beth podía pensar en esos momentos.
Oyó como su padre estaba hablando con alguien, y por pura curiosidad se acercó al claro donde estaba con el extraño, no le pudo ver la cara ya que estaba de espaldas a Beth, pero si que vió la cara de su padre... la cara, y su cuerpo al completo... No, no podía ser que su padre fuera... fuera un lobo, un hombre lobo...
-Papá...-susurró Beth sin poderlo evitar. En ese momento, su padre fijó la vista en ella, sabía que la habia descubierto, se levantó y lo miró.
-Beth cariño-dijo su padre en una voz ronca y dificil de entender...- dejame explicart...-intentó acercarse a ella, pero Beth no le dejó.
Beth no podía decir nada, allí estaba su padre, un hombre lobo y ella... una engañada toda la vida. Sus padres no fueron capaces de decirle la verdad, lo que era su padre... y... ¡Ahora lo entendía todo! Todo lo que ella sentía todas las noches cuando salía la luna... ella era como él...
-¿Y mamá?-fue todo lo que Beth pudo susurrar.
-Tu madre... yo quiero a tu madre Beth.
-¿Y a mí?¿Tan poco me querías a mi que no podías decirme lo que pasaba? -Beth estaba gritando- Contestame.
-Beth no podía...
-Tú nunca puedes.
Sin pensarlo dos veces, Beth se dió la vuelta y empezó a correr con muchas preguntas en su cabeza, ¿su madre lo sabría?¿su madre sería como él?¿Su abuela... su abuela habia muerto por él, por su culpa? ¡Dios, tenía tantas cosas en la cabeza, que no sabía ni a donde iba, ni de donde venía... Lo único que sabía era que sus padres la habían tenido engañada durante 19 malditos años. Corrió y corrió, corrió como nunca lo habia hecho, cada vez más deprisa... saltaba los troncos caídos por el bosque sin ninguna dificultad... Hasta que llegó a una enorme casa de piedra, un castillo, oscuro...
Calló al suelo, no podía más y en esos momentos lo único que quería era gritar y llorar, sin embargo la visión de una chica alta y... exuberante lo cortó el llanto.
-Hola, ¿quién eres? -le preguntó la chica acercandose a ella y tendiendole la mano.
Beth ignoró su mano y miró al suelo.
-Soy... so... no sé quien coño soy.
-No te preocupes, muchas de las que estamos aquí numerosas veces nos planteamos la misma cuestion. Sin ir más lejos, aquí tienes a una... -Beth vió como la comisura de la boca de ella parecía que se levantaba en forma de sonrisa, le dió animos- Mi nombre es Kira, o a veces, eso creo por momentos.
Beth sonrió.
-Encantada Kira -levantandose le tendió la mano- Beth.
-Encantada Beth, vayamos a ver a Val.
Más extraños no...
-No, he llegado aquí por error y bueno... ya me vo...-dijo Beth dandose la vuelta, pero no pudo ir muy lejos ya que sin haber dado dos pasos Kira estaba delante suya negando con la cabeza.
-Olvidate mujer, te vienes a ver Val, tienes un aspecto horroroso, una hembra no puede ir así por el mundo...-le cojió del codo y se encaminaron hacia una enorme puerta.
Y desde ese día, Beth pertenece a ese mundo, es una más de ellas, Las Ejecutoras.
Al cabo de unos días, se enteró de la muerte de sus padres causa de un incendio provocado en su casa, o al menos, eso decía la carta anonima que le había llegado. Ahora, intentando vengar la muerte de sus padres y la de otros muchos inocentes, Beth al fin forma parte de una familia en la que la entienden perfectamente. Sólo le queda averiguar quién y por qué han matado a su familia, y espera no tardar mucho en averiguar eso, y mucho más...