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(Moderadora:
Beth
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Un día normal en la vida de una ejecutora
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Tema: Un día normal en la vida de una ejecutora (Leído 425 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
June
Sobrina de Savitar Ejecutora
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Simplemente, June
Un día normal en la vida de una ejecutora
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en:
Octubre 08, 2008, 13:54:16 »
Un discreto golpe en la puerta la despertó. Tal como había pedido, era temprano, no pasaban de las nueve de la mañana.
Perfecto, la casa totalmente para ella, la mayoría de sus compañeras a estas horas estaría ya en cama descansando, así que era de sus momentos favoritos.
Desperezándose, se levantó de la cama, y bajó a desayunar. A estas horas normalmente desayunaba sola y prefería hacerlo directamente en la cocina, así no tendrían que montar nada en el comedor. Accediendo por una de las puertas laterales, saludó a los cocineros y a la gente que estaba trabajando. Acostumbrados a verla a esa hora por ahí, le sirvieron su acostumbrado zumo y un café. Uno de los cocineros le recordó que ya había llegado los suministros y que tenía su carne en el frigorífico.
Cuando terminó, recogió los cubos con la carne fresca y regresó a cambiarse a su dormitorio, alguna de las chicas del servicio ya había abierto las ventanas de su cuarto y hecho la cama. Genial.
Accedió al estanque a través del baño, y estuvo un buen rato alimentando a sus mascotas y jugando con ellas. Cerca de las doce de la mañana, se cambio de ropa y se vistió unos pantalones negros y una camiseta, ambos de algodón y bajó al gimnasio. Estuvo cerca de dos horas ejercitándose en las máquinas, y luego estuvo en la galería de tiro un rato practicando.
Eran ya pasadas más de las tres de la tarde cuando decidió tomarse un descanso. Y entró en el tatami. Se sentó en el centro de la habitación y se relajó. Cerrando los ojos, en unos instantes, detectó la presencia de todas sus compañeras, cada una en su cuarto, y demás gente del personal. Reconociendo al mayordomo atravesando el pasillo y acercándose a la sal. Transcurridos unos segundos, Joseph entró con una bandeja con algo de comida y una toalla.
Todas las habitaciones de la mansión estaban insonorizadas, así que no importaba si hacía ruido. Se acercó a una de las estanterías, y escogiendo la música, encendió la cadena musical a todo volumen. Comenzaron los suaves primeros acordes de "Amaranth", y en cuanto aceleró la música, comenzó a moverse. Practicando movimientos de lucha, primero sola, golpeando el aire, y esquivando sus sombras, y mientras, cantando a voz en grito la canción.
Desactivando momentáneamente los hechizos de protección, dejó a la vista las armas que llevaba y de las que nunca se separaba. Sus espadas. Y comenzó una danza encadenando movimientos y ataques de espada con defensa.
Más tarde, volvió Joseph y la encontró como siempre tumbada en el suelo, escuchando música y totalmente empapada en sudor.
-Es hora. Sus compañeras pronto se levantaran.- le avisó Joseph, él jamás permitiría que cualquiera de las chicas que cuidaba se presentase a la cena desarreglada y apestando, así que había cogido la costumbre de recordarle la hora que era, sabiendo que June, cada vez que entrenaba, perdía la noción del tiempo.
-Gracias, ahora subo a asearme- contestó June mientras recogía todas las armas que estaban tiradas a lo largo de la sala, sus espadas, las dagas y los shurikens clavados en las paredes. Mientras terminaba de recoger, de reojo se miró al espejo. Su reflejo le devolvió la sonrisa que asomaba en sus labios.
Volviendo a su cuarto, agradeció haber cerrado con llave la entrada de la habitación, pues sus bebés, aburridos, se habían adueñado de la gran cama. Cerrando la puerta detrás de ella dejó todas las armas encima de una mesita. Shiba y Ettiene protestaron gruñendo. Ignorándolos, se desnudó en la habitación, y se dirigió al baño, donde llenó la bañera, dispuesta a tomarse un relajante baño mientras las demás iban despertando.
Mas tarde, otro golpe a la puerta le indicó que era hora de cenar y reunirse con el resto de sus compañeras. En momentos así agradecía no necesitar dormir más de tres horas cada día.
Salió del baño y se vistió con sus acostumbrados pantalones negros y una camisa, hoy tocaba blanca, se calzó y cerró tras ella la habitación. Encontrándose con alguna de las chicas en la bajada, y saludándolas, comenzaba una nueva noche.
Siguiendo el sonido de risas se adentró en el comedor, sin saber lo que le esperaba por la noche.
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Podrás huir, pero no podrás escapar de mis garras...
Hecate
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Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #1 en:
Octubre 08, 2008, 15:35:17 »
Escuchando como las persianas sebian,la hembra se desperezoen su cama. Podia oir el murmullo abajo pero no se molesto en levantarse rapido. Mirando a las cortinas las abrio con un movimiento de su mano. La noche estaba en su plenitud, las estrellas en lo alto y la luna brillaba como nunca.
Si, era un dia perfecto. Apartando las sabanas con los pies, H miro al techo y se froto los ojos mientras que la boca se le habia con un bostezo. Mirando al equipo de musica que tenia en la parte izquierda de su cuarto, guiño un ojo y el reproductor comenzo a sonar. Su musica pop sonaba por todo el cuarto gracias a los altavoces instalados en todas las esquinas.
Pero la musica que sono, era un flamenquito con blues. Killing me softly with his song, perfecta para levantarse de la cama. Descalza, se metio en el baño a su ducha matinal. el agua caia lentamente por su cuerpo, despertando todos y cada uno de sus musculos. Despues de enjabonarse y enjuagarse, salio liadita en una toalla calentita.
Al compas de la musica, unos acordes perfectos, hizo un paso y un giro para quedar en una bonita posicion. Como echaba de menos bailar, pero tendria que habalr con Val, necesitaba un espacio para volver a piyar sus tablas.
Caminando hacia su vestidor, eligio unos lindos leggins y una camiseta a medio muslo. Algo comodo para la cena y luego ya subiria a cambiarse. Lista con su ropa sobre el cuerpo, se dirigio hasta el tocador para cepillarse el pelo y añadir un poco de maquillaje.
Diez minutos despues, se calzo unas sabrinas y salio. En el comedor ya se escuchaban ruidos de platos y tenedores usandose. Cuando iba a cerrar la perta, la musica se escucho mas fuerte.
-Dios, casi se me olvida. -alzando la mano. Todo quedo echo, la cama como si nadie hubiera dormido en ella y la musica apagada.
Sonriendo, bajo las escaleras y se enfrento, como cada dia, al buyicio de la comida
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Valnelia
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Soy todo lo que ves. Tu mayor deseo... tu Shellan.
Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #2 en:
Octubre 08, 2008, 17:14:25 »
Val se despertó como siempre a media mañana, las 12 era su hora habitual, aun cuando se acostara al amanecer, ya había comprobado que aunque se quedara metida en la cama, era incapaz de volver a dormir, solo conseguía levantarse malhumorada, así que había dejado de intentarlo, eso sí, esas pocas horas que dormía eran suficiente, lo hacía tan profundamente que aunque estallara una bomba por los alrededores de la mansión no la despertaría de lo pesado que se volvía su cuerpo y su sueño.
Se estiró en la cama y se levantó, abrió las pesadas cortinas negras y observó el día a traves de los visillos, aunque no podía salir a esa hora fuera, le gustaba ver los jardines a plena luz del dia, se alejó del ventanal y no se molestó ni en ponerse la bata, fue directa al baño para darse una ducha rapida. Dejó correr el agua caliente que tan bien le sentaba por las mañanas durante un rato, despues salió de la ducha y cogiendo una toalla para envolverse en ella fue directa hacia el vestidor, eligió un conjunto negro de dos piezas, se peinó y salió de la habitacion directa hacia el comedor, necesitaba su dosis de cafe.
Cuando llegó al salón encontró a algunas de las Ejecutoras que acostumbraban a levantarse temprano, como cada dia, Joseph le sirvió su cafe, charló animadamente con las chicas y cuando acabo, fue hacía su despacho, algunos asuntos esperaban su atención. Solía pasar el resto de la mañana allí, despues tomaba un almuerzo ligero y subía a su habitación a cambiarse por algo mas comodo para su entrenamiento diario.
Mantenía la misma rutina de entrenamiento desde hacía años, primero iba a la galeria de tiro, practicaba durante una hora para afinar cada vez mas su punteria, no le gustaban mucho las armas de fuego, y aunque llevara alguna encima no solía utilizarla. Despues se iba al gimnasio para tirar de algunas pesas, había que mantener el tono muscular y disponer de suficiente fuerza para poder defenderse. Y por último pasaba a la zona de los tatamis, normalmente coincidía entrenando con algunas Ejecutoras. Se fue al rincon que usaba normalmente y sacó sus dagas, le gustaba practicar con ellas; nuevos movimientos, nuevas caidas, nuevas formas de ataque y defensa.
Miró el reloj de pared que había en la sala, ya era hora de cambiarse, guardó sus armas y se encaminó hacia su habitación, se dió otra ducha rapida, con el agua muy caliente para desentumecer sus musculos y cuando se sintió mucho mejor, salió de la ducha y se dirigió hacia su vestidor, eligió unos pantalones negros ajustados y una rebeca corta de cuello de pico, dejando abierto un par de botones, se maquilló levemente y se peino. Contenta con su aspecto, recogió sus cosas; casco, llaves y abrigo. Bajó las escaleras hacia el salón, era la hora de la cena y el momento en el que acostumbraban a reunirse todas, despues ya vería que le deparaba la noche.
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Valiente es aquel que no toma nota de su miedo, y a pesar de la adversidad... sigue avanzando.
lyssele
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Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #3 en:
Octubre 08, 2008, 20:08:31 »
Lyss se levantó sobre las diez, como cada día. Desperezándose con placer, se incorporó y se dirigió a la ducha. Adoraba comenzar el día con la sensación del agua sobre su cuerpo.
Una vez seca y desnuda en el centro de su habitación, se dirigió al vestidor para elegir uno de sus conjuntos deportivos. Como todas las mañanas antes de desayunar, iba a salir a correr por la reserva. Había huído de esta necesidad durante años, pero había acabado por afrontarla y convertirla en uno de sus momentos preferidos de día. Sentir el terreno irregular y boscoso, lleno de vueltas, curvas y repliegues, chapotear en sus dos pequeños riachuelos, saltar, aferrarse a las ramas bajas de los árboles, sentir la potencia de su cuerpo, era algo que había dejado pasar demasiado tiempo. Era mitad Lycos y tras llegar a la Mansión de las Ejecutoras, había comenzado a estar orgullosa de ello.
De vuelta en la mansión, subió a su habitación se volvió a dar otra ducha, se puso panlones holagados y una camiseta ajustada, ambos negros, y se dirigió al comedor. Joseph ya la esperaba con un pequeño refrigerio. Hora de comer.La cocina cada día era mejor.
Tras finalizar con el tentempié, se dirigió a los talleres del sótano. Era hora de revisar un par de vehículos de sus hermanas. Se tomaba muy en serio la disciplina que se había marcado en la puesta a punto de todos los juguetitos que tenía a su cargo. Bien sabía lo caro que podía salir la negligencia. Se entretuvo un poco más de lo que había planeado, como todos los días. Y decidió que era suficiente por hoy, hora de entrenamiento.
Subió a su cuarto, se aseó rápido poniendo especial atención a sus uñas, daba gracias todos los días por el disolvente de grasa y la crema nutritiva que había inventado June. Sin entretenerse demasiado, bajó a las sala de tatamis y comenzó con movimientos suaves de calentamiento. Una vez que su cuerpo se sintió preparado comenzó con los movimientos de aikido, Ju-Jitsu, algunas katanas de taekwondo, y se centró en el plato fuerte sus movimientos preferidos de defensa-ataque. Eran perfectos para aprovechar la fuerza de ataque de tu contrincante y volverla en su contra.
Tras todo el ejercicio de potencia, alternó con movimientos de estiramiento y relajación, una mezcla entre yoga, pilates y body balance. Perfectos para continuar con su entrenamiento con armas. Katana, Dagas, estrellas arrojadizas, hoy era turno de las armas poco pesadas, mañana le tocaría el turno a sus hermanas mayores. Lo único que la quedaba era las sala de tiro.
Adoraba su daga con doble filo y una de sus partes serrada, era ideal para una buena jornada de rastreo, persecución y caza. Pero siempre llevaba un par de armas con ella. Una de gran calibre y otra más pequeña un poquitín más oculta. Además su atuendo y su calzado solían esconder alguna sorpresilla que otra.
Acabó justo para volver a subir, darse una ducha más bien larguita, volver a su vestido, y decidirse por una imagen de niña buena. Leggins negros, faldita corta, camisetita de manga larga, ajustada y al ras de la cinturilla de la falda, botas por encima de la rodilla al estilo mosquetero, y dos coletitas bajas. Monísima, haber si con un poco de suerte se cruzaba con algún capullo.
Cuando bajó al comedor, ya estaban casi todas sus compañeras. Esperaba una buena noche, y a la vuelta, sus hangares del exterior, sus vehículos especiales, y los nuevos dispositivos de inyección. El paraiso.
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Nita
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Las lágrimas son la sangre del alma
Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #4 en:
Octubre 10, 2008, 16:27:19 »
Nita solía despertarse alrededor de las dos de la tarde, cosa jodida cuando no podía salir de casa hasta la puesta de sol. Cada vez era más sensible a él, así que lo evitaba siempre que podía. Recién levantada no tenía hambre, por lo que se puso un short de algodón y un top, se colocó el MP4 en su lugar y bajó al gym, psando antes por la cocina para recojer una botella de acuarius de un litro.
Empezaría con una hora de cinta, prefería correr al aire libre, pero no iba a exponerse innecesariamente, y luego otra horita haciendo pesas, abdominales, descargarse con el saco de boxeo. Le encantaba esa última parte, se quedaba en la gloria cuando terminaba con los brazos deliciosamente doloridos por los golpes.
A las cuatro y media, después de haber hecho los estiramientos pertinentes, fue a la cocina corriendo. Estaba famélica. Le prepararon, como siempre, un gran zumo de naranja con azúcar, para reponer las pilas y se tomó un par de tostadas con mantequilla y jamón de pavo asado casero, mmmm.... delicioso. Para finalizar, un chute de cafeían express.
Ya saciada subió a su habitación se duchó y se puso un vestido playero para estar por casa cómoda y se fue a la biblioteca, a saciar su otra pasión: la lectura... si puede ser romántica, mejor que mejor.
Cuando leía se le iba el santo al cielo, menos mal que Joseph se molestaba en ir a avisarla, sino podría pasar horas y horas sin comer, absorta en la historia.
Después de la cena con sus hermanas, subió a cambiarse para la noche. Eligió un bonito vestido al estilo romántico-gótico, con corsé de tirantes negro atado con cordones de raso rojo por delante y faldita corta negra también son una capa de tul sobresaliendo por el borde. Se colocó sus medias de rejilla hasta los muslos con liga de encaje, sus botas de motero y los guantes de conducor negros de piel que le había regalado su padre.
Sintió la puerta principal abrirse y cerrarse, lo cual indicaba que algunas Ejecutoras ya se marchaban. Ella se uniría más tarde a ellas. Primero tenía que seguir entrenando en una pequeña cosa que se le resistía. Abrió las puertas del balcón y se sentó en el suelo.
Primero probaría con su padre que estaba cerca. Dejó su mente en blanco hasta visualizarlo únicamente a él. Lo sentía, estaba cerca. Se concentró más, cerrando sus ojos suavemente. Su mente voló y voló por el aire, sintiéndolo cada vez más cerca. Pasó la ruta 22, se desvió en el camino de acceso, atravesó las verjas y los muros de seguridad. Una ventana de la mansión estaba abierta, la de la cocina, y se coló por ella y siguió y siguió rastreando hasta que lo localizó.
Cuando abrió los ojos, su mirada chocó con una idéntica a la suya que la miraba sorprendida. Una sonrisa se formó en sus labios. Miró aturdida alrededor, sólo para darse cuenta de que estaba sentada en pose india en la mesa de la hermandad, sobre un centro de flores que ya nunca volverían a la vida. Pobre Fritz, tanto trabajo para nada.
Se bajó de un salto de la mesa y se disulpó de los comensales, con aire culpable. Pero nada podía enturviar su eufória. Finalmente había dominado el arte de la dematerialización.
Nada mal para ser una mestiza. Le guiñó un ojo a su padre, le dio un sonoro beso en la mejilla y se fue por donde había venido.
Hora de empezar la marcha.
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beriz
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Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #5 en:
Octubre 10, 2008, 17:36:40 »
Beriz adoraba ver amanecer.
No siempre podía verlo, ya q muchas veces se acostaba casi a esa hora, pero la noche anterior se había acostado temprano. Y ahora disfrutaba de la vista, sentada en el banquito lleno de cojines del ventanal de su habitación.
Al cabo de un rato, se levantó hacia el baño, se desenredó los rizos rebeldes y se los recogió en lo alto de la cabeza con una pinza. Se metió en la ducha, y eligió uno de los jabones naturales que tenía en la repisa.
Salió, se secó con una toalla extra grande, y caminó hacia el vestidor. Eligió vaqueros elásticos gris oscuro, sueter negro de cuello cisne, medias gruesas y botas de montaña. Hoy le daba tiempo a ir a pie a través del bosque, hasta la casa q tenía en una de las laderas de la montaña.
La mayoría de los días no podía hacer esa excursión, así que solía bajar al laboratorio q tenía en la Mansión y, cuando sus compañeras se levantaban, subía al comedor para disfrutar del desayuno con ellas.
Pero hoy realmente saboreó el paisaje en su ascenso. La bruma se iba elevando, creando sombras increíbles al atravesarla los primeros rayos de sol. Al llegar a la antigua casa de piedra, se dirigió a la cocina que siempre mantenía bien abastecida, preparó un copioso desayuno que terminó en un abrir y cerrar de ojos y, bajó al laboratorio a trabajar en su nuevo proyecto.
A media mañana decidió prepararse un almuerzo ligero (para un apetito were) y siguió enfrascada trabajando hasta pasadas las cuatro.
Luego volvió a la Mansión, se puso ropa de entrenamiento y bajó. Le gustaba hacer el entrenamiento en los jardines y el bosque colindante; no disfrutaba demasiado del ejercicio en un recinto cerrado. Aunque nunca había podido transformarse, su instinto were estaba plenamente desarrollado. Los árboles, troncos, raíces y ramas servían perfectamente como apoyo, defensa y ataque.
Ese día terminó el entrenamiento en la zona de tiro habilitada en la parte más alejada de la Mansión. Habían instalado un moderno sistema de objetivos móviles, y Beriz adoraba la adrenalina que suponía no seguir una secuencia de tiro establecida.
Al terminar, regresó a la Mansión, llenó la bañera justo hasta el borde rociándola de sales, y se dió un buen baño relajante acompañado de música suave.
Quitándose la humedad del pelo con una toalla, se maquilló lo mínimamente indispensable y se dirigió al vestidor. Eligió un conjunto balconet de encaje burdeos, una blusa entallada blanca con jaretas en la pechera y, unos pantalones de vestir negros con cinturilla alta tipo torero.
Para darle un poco de color al conjunto, eligió unos stillettos negros Jimmy Choo con la parte delantera imitando a piel de leopardo, y el delgado cinturón a juego.
Se observó en el espejo y, contenta con el resultado, volvió al baño. Queriendo que la nube de rizos se secase al aire, se la recogió a media altura con un pequeño pasador antiguo. No le gustaba usar secador.
Salió del baño y se encaminó hacia el pasillo. Ya oía el revuelo de las demás abajo.
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Mim
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Julio 04, 2010, 23:20:37
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Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #6 en:
Octubre 11, 2008, 17:56:34 »
Mim se despertó a las dos en punto.Desde que llegara a la Mansión se despertaba un poco más tarde cada dia.Lo achacaba a que debia de estar produciendose un cambio en ella,ya que antes no tenía problema de salir bajo la luz del sol y ahora la toleraba menos.
Se dirigió al baño y se dio una ducha rápida.Le sonaron las tripas por el efecto del hambre.Entró en su vestidor y se puso su chandal,hoy tocaba bicicleta.Bajó al gimnasio,pasando antes por la cocina.Abrió el frigo y rebuscó algo de carne de la cena pasada,la cocinera sabía que su gusto por la carne poco hecha,estaba comenzando y le guardaba un filete para su desayuno.Si le hubieran dicho hace unos meses que iba a comer un filete poco hecho y para desayunar,no lo hubiera creido.
Entrando en el gimnasio se encontró con Nita,se saludaron y Mim se dirigió a la bici,le programó un circuito de dos horas y se puso en marcha.
Tras terminar,subió a su cuarto.Un baño de agua caliente la esperaba.Joseph,siempre tan dirigente.Se sumergió en el agua y encendió la minicadena que tenía en la repisa de al lado,sonó su canción preferida en ese momento,Amor inmortal,de Chayanne.Se relajó.Pensó que le diria a Vik que le hiciera unas lentillas incoloras para poder quitarse las gafas,no lo gustaba el tener que llevarlas sienpre puestas,eran un engorro pero unas lentillas sería como no llevar nada,hablaría luego con ella haber qué podia hacer.
Tras su marabilloso baño que la dejó como nueva,se puso unos vaqueros gastados para estar en casa y una camiseta blanca tambien muy usada.Bajó al comedor para la cena,algunas de las ejecutoras ya se encontraban en él.Tras la cena se cambiaría y saldría para ir al ZS como todas las noches.
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DreamgirL
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Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #7 en:
Octubre 12, 2008, 22:21:43 »
Dream se despertó sobre las diez de la mañana. Le dolía un poco la cabeza, el día anterior había bebido más de la cuenta. Se levantó de su enorme cama lentamente y echó un vistazo por la gran ventana. Un escalofrío de placer le recorrió la espalda. Le encantaban las vistas. Le encantaba todo. Hoy era el día. El día en que iba a recorrerse toda la Mansión y aprendérsela de memoria. Hoy iba a comenzar a entrenar. No sabía por donde empezar, así que se puso el bikini por si acaso le apetecía ir a la piscina, unos pantalones de chandal anchos bajados hasta la cadera, una camiseta de algodón y unas zapatillas de deporte. Bajó las escaleras y se dirigió a las cocinas, donde cogió un bollo y se bebió un vaso de leche. Después salió a los jardines y, como hacía buen día decidió que empezaría la mañana con unos largos.
Una hora después, salió de la piscina y tenía una toalla encima de una hamaca. Desde luego, el servicio aquí era mejor que excelente. Subió corriendo a su habitación y cuando se puso una muda, bajó al gimnasio. Cuando se cansó de tanta monotonía, ya que nunca le había agradado la parte de máquinas de los gimnasios, decidió ir a los tatamis. Le encantaba la lucha cuerpo a cuerpo, y sabía que en eso era en lo que destacaba. Las dagas, cuchillos y puñales no se le daban nada mal, pero a ella le gustaba usar su agilidad como medio mujer leopardo para combatir. Cuando terminó y se dio cuenta del tiempo que había pasado haciendo lo que le gustaba, agarró una toalla y, secándose el sudor, fue a darse una ducha de agua bien fresquita a su habitación. Le pidió a Joseph que por favor le subiera algo para comer, pues estaba hambrienta y al salir de la ducha ya tenía una bandeja de la que desprendía un agradable olor.
-Hummm.
Cuando quedó totalmente saciedo su apetito, decidió que tendría que bajar a la galería de tiro, casi no tenía experiencia con las armas de fuego y no sabía si se le iban a dar bien o si siquiera le iban a gustar. Bajó indecisa las escaleras y se adentró en la sala. Allí se encontró con Beriz y se quedó boquiabierta al ver la experiencia que esta tenía. Cuando B se paró un momento a descansar, aprovechó la situación.
-Hola Beriz, cuando tuvieras un ratito libre, ¿podrías...darme alguna clase? Es que, sinceramente, no tengo ni idea de armas, pero sé que tengo que aprender a utilizarlas.
Beriz sonrió, le encantaría enseñarla, ella que era una apasionada de las armas de fuego. Así que le dio sus primeras lecciones y descubrió que se le daba realmente bien.
-Sí, Dream, tienes buena mano. Ahora sólo te falta practicar todos los días, cogerle el truco y el gustillo.
-GRacias, Beriz- y vio cómo la ejecutora salía de la galería.
Mirando hacia las dianas, empezó a practicar...De veras que le había gustado esto de las armas de fuego, tanto, que se entrenaría concienzudamente. Salió medio saltando de la galería y se dirigió a su habitación, donde se dio un buen baño caliente y una vez que salió, relajada y contenta, se paró frente a su pobre armario para ver qué se ponía para la cena...Después de un rato de intentar hacer combinar cosas incombinables, decidió que mañana mismo tendría que hablar con Val para que le diera permiso para ir de compras. Al final cogió unos vaqueros lavados muy ajustados y un jersey de manga corta y cuello barco azul marino enseñando un hombro. De calzado, unas botas azules que se había comprado para la montaña. Se rió de sí misma...se preparó antes de que alguna de sus bromistas compañeras lo hicieran por ella. Se sujetó la parte de alante de la melena y se cepilló un poco el pelo. Bien, por lo menos el pelo le había quedado decente. Bajó al comedor, era una de las primeras en llegar, así que no le dijeron nada. Mejor, mucho mejor. Al final de la cena decidiría si ir al ZS o no, de momento iba a pasar un agradable rato con las que ahora eran parte de su vida
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Lucha por tu sueños, sobrevive por el mañana
mary
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LA RIOJA
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Marzo 12, 2008, 15:07:36
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Julio 29, 2010, 21:32:49
Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #8 en:
Octubre 14, 2008, 12:35:20 »
Mary se levantó sobre las diez de la mañana, y como siempre, con un hambre atroz, se estiró en la cama, sitiendo sus tripas gruñir. Se vistió con unos pantalones cortos ajustados y una camiseta sin mangas, total, pensaba pasar la mañana entrenando.
Bajó hasta la planta baja en dirección al comedor, esperaba encontrar a algunas de sus compañeras para desayunar: café, tostadas, cereales, una tortilla y zumo. Cuando ya se sintió bien saciada, fue al gym a entrenar como todos los días; pesas, carrera, un poco de step y estiramientos. Después de un intenso entrenamiento, se dirige a la sala de tiro, para practicar su puntería en el tiro al blanco, le encantan las armas, son su pasión.
Cuando siente que se aproxima la hora de la comida, sube a darse una ducha con tranquilidad, le gusta quedarse 20 minutos bajo el agua ardiendo; desentumece sus músculos, le alivia la tensión del entrenamiento. Cuando nota que todos sus músculos están en perfecto estado de nuevo, se seca y se dirige a su vestidor, se coloca un bikini y unos pantalones cortos, y baja a comer, otra vez con un hambre atroz. Come de todo lo que hay encima de la mesa, le encanta la comida que preparan en la Mansión.
Después de un rato agradable de charla durante el almuerzo con las chicas que habían allí, se dirige a la piscina para nadar un rato, como hace buen día, sale a la del jardín, así aprovecha para coger algo de color. Hoy es un día tranquilo, así que después de nadar un rato y secarse al sol, se va a su habitación y chatea en el ordenador con sus compis, para después leer un rato. A la hora de la cena se cambia de ropa, se pone vaqueros ajustados y una camisa, y baja corriendo a cenar, que otra vez esta famélica.
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Última modificación: Octubre 17, 2008, 11:58:30 por Valnelia
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Beth
Tekila Trilly Team Ejecutora
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Re: Un día normal en la vida de una ejecutora
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Respuesta #9 en:
Octubre 14, 2008, 16:34:41 »
Escuchando el bullicio de algunas compañeras abajo, abrió un ojo y vió que eran las 9 de la mañana, la verdad no tenía muchas ganas de levantarse pero ya que hacía un buen día quería nadar un poquito en la piscina, ir al gym, al tatamis... y muchas más cosas que como no se levantará pronto no le daría tiempo a nada.
Se levantó, se duchó y con sólo una toalla se paró frente al armario y se puso a buscar... Se decantó por unos pantalones baqueros oscuros y una camiseta normal de tirantes. Intentó acomodar un poco sus rizos, pero los dejo por imposibles y se hizo una trenza.
Cuando bajó a desayunar ya no había nadie en las cocinas, asique no le quedo otra que tomarse su café y sus tostadas sola.
Fue al gym, hacia mucho que no hacia nada con las máquinas, tendría que volver a cojer el hábito. Después de una hora de máquinas cojió su toalla y corriendo subió a su habitación a ponerse el vikini para hacer unos largos en la piscina de afuera. Hacía un día estupendo para tomar el sol..... "mmm, vamos Beth, hace una hora que te acabas de levantar, deja el sol para después".
Subió a su habitación a cambiarse el vikini mojado y después bajó a la sala de tiro, su pasion... su dolor... las armas de fuego... De todo el tiempo que había estado allí sólo había fallado dos tiros, "Beth, hay que mejorar!" se dijo. Y con eso y un bizcocho se fue a los tatamis... dónde se encontró a Kira.
-Hola,Kira, siento interrumpirte, pero podrías ayudarme con esto de las dagas y eso... es que nunca se me han dado muy bien y bueno, ahora que estoy aquí me gustaría aprender un poco de todas vosotras.
-Está bien, veamos que tal andas en agilidad y velocidad para esquivar.
En ese momento, sin avisar Kira la atacó y sin ningún problema Beth la había esquivado, todo gracias a la velocidad que había heredado de su padre... "No pienses en él ahora Beth, centrate!". El ataque era una cosa muy distinta, pero en varias ocasiones casi había derribado a Kira, y en una de ellas... lo consiguió.
-Wow, no eres nada mala para ser novata. Sigue así, practica todos los días y notarás las mejoras.
Y con esas se marchó. Beth siguió practicando un poco más como le había enseñado Kira, hasta que miró su reloj y vió que como no se diera prisa llegaría tarde a comer.
Subío a su habitación, se duchó rapidísimo y se puso una de sus mini faldas y bajó a comer. Alli estaban ya todas sus compañeras, pidió perdón por llegar tarde y nadie le dió importancia, no pudo menos que sonreir.
Después de comer, subió a su habitación a dormir una siestecilla de una hora. Al despertar se puso el vikini y bajó a tomar el sol, con una breve parada en la biblioteca para cojer un libro. Se pasó toda la tarde por los jardines, vagueando...
Subió a cambiarse para la cena, y después de cenar todas ellas dijeron de ir al ZS a tomar unas copas y como les iba a decir que no si era lo que más deseaba en esos momentos. Pasar el mayor tiempo posible con su nueva familia.
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