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Cronicas Oscuras
La Mansión
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Beth
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Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Tema: Luna Oscura: Segunda Oportunidad (Leído 8143 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
Sr. R
Autor Inexperto
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Caldwell, Nueva York
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #210 en:
Marzo 07, 2010, 09:47:09 »
La explosión los sacudió a todos en el claro. El Sr. R justo estaba por acabar a un lobo cuando la onda expansiva de la explosión le derribo. Como estaba cerca de la casa pudo sentir el calor abrasándole medio rostro antes de que el golpe contra el suelo distrajera a sus receptores de dolor hacia otras partes de su anatomía. El restrictor se puso de pie apoyando su espada contra el suelo e impulsándose hacia arriba. Le dolía la mejilla donde el licántropo le había dado con sus zarpas, de seguro tendría una cicatriz de ahora en más. R levanto la vista y observo el campo de batalla. Olía a talco, sangre, fuego y pelo quemado, todo un perfume. Había algunos lobos retorciéndose por ahí y varios restrictores gimiendo en el piso. Escupiendo un poco de sangre negra, R se puso a buscar a su jefe.
Él era un luchador. Un asesino nato. Podía desenvolverse muy bien en medio de una pelea, pero una vez que esta terminaba estaba todo ese asunto post-conflicto que nunca había sabido manejar. No le interesan las partes aburridas de una guerra, como la planificación, el abastecimiento o el viaje. Al final todo se reduce al momento del ataque y de ahí en más todo se vuelve un confuso remolino de imágenes y sonidos. R no recordaba mucho de ninguna de sus batallas, solo una cosa lo seguía siempre: los rostros. Veía los rostros de sus víctimas al dormir cuando era humano y aunque como restrictor había dejado de soñar, jamás había olvidado esos rostros. Nunca se detenía a pensar el porqué de lo que asía. R no era un pensador profundo y muy pocos son capaces de ver los orígenes de muchos de sus problemas en uno mismo.
Ahora mientras caminaba sobre lo que había sido su más reciente campo de batalla, R no pensaba en los que había matado si no en los que se habían escapado, ya que los pocos licántropos que quedaban en el claro habían huido con la explosión. Cobardes, de seguro seguirían corriendo hasta Canadá si sus jefes no los detenían… Bueno siempre y cuando estuvieran vivos. Encontró al Sr. L de pie mirando hacia el bosque con expresión ceñuda, tenía el sombrero en la mano pero no se decidía a ponérselo, como si algo más reclamara su entera atención. R se acerco y pudo decir cuando su jefe noto su presencia, porque se dio vuelta y se coloco el sombrero rápidamente sobre la cabeza.
—Los licántropos huyen al bosque ¿Los perseguimos?—pregunto el Sr. R
—Olvídalo, son muy rápidos. No podemos ganarles a campo traviesa—respondió L—Asegúrate de terminar con los lobos heridos.
— ¿Prisioneros?
—Ninguno, diviértete todo lo que quieras.
Curioso, pero eso realmente le arranco una sonrisa. Quizás no fuera un pensador profundo pero R estaba seguro de algo, en el fondo esperaba que mientras más matara, más mal causara pronto todo acabaría. Porque si bien parecía desear muerte y destrucción de una manera que haría llorar y desesperar a cualquiera, muy en el fondo de su ser toda su actitud era su manera de rogar y suplicar por muerte.
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La gente se aburre de beber, comer, amar y bailar, pero nunca de pelear
Èriu
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #211 en:
Marzo 07, 2010, 14:33:22 »
—Mi Reina, mi Ser, siento haberos…
—Te he dicho que no hables –la interrumpió la Reina alzando una mano. La joven estaba arrodillada delante de ella esperando su veredicto. Uno que no había elegido ella, sino sus confidentes consejeros. Entre los que estaba el padre de ella. Paseó la vista por la plaza popular donde todos sus súbditos se congregaron aquella tarde soleada para conocer el dictamen de su Reina. Respiró profundamente antes de hablar. Para ella expulsar a uno de los suyos era tan doloroso como para ellos. Pero así decidían, así actuaban—. Tú, Muireann hija de Rudhrí, hijo de Eochaid. Tu destino no nos pertenece a nosotros. Debido a tu último incumplimiento de las normas espiando a los humanos, el consejo ha decidido enviarte de una vez por todas a aquello que tanto pareces anhelar. Serás humana, Muireann. Vivirás, comerás, dormirás, trabajarás como ellos… De sol a sombra, sin descanso. Pertenecerás a su mundo hasta que tu corazón deje de latir y vuelva al seno de donde te has criado. Hasta que vuelva a pertenecerme a mí, tu Reina. Sentirás lo que ellos, el dolor, el amor, la nostalgia… —La Reina hizo una breve pausa permitiéndose el lujo de mirarla en lo que sería sus últimos momentos entre ellos. Aquella muchacha había correteado entre sus faldas desde bien pequeña, la había vuelto loca con cada día que pasaba a su lado; había luchado por sus hombres y mujeres… Muireann le había hecho la vida interesante. No la olvidaría tan fácilmente, pero ella había elegido. Había tomado un camino erróneo, el cual no se acompasaba con su Mundo Fae. La niña pequeña y alegre había quedado atrás. Una mujer hecha y derecha, con principios estaba arrodillada ante ella esperando su veredicto… Para nada fácil—. Sufrirás como ellos –acabó por decir finalmente.
Cuando Aoibheal pronunció esas últimas palabras un “oh” recorrió la plaza. “Malditos hipócritas” pensó Muireann mientras acataba su castigo. Lo que no sabía su reina era que lo deseaba más que nada en ese Mundo y en el que le esperaba. Lo único que dolía era su madre. Ella también había tenido que pagar por algo que no había hecho. Después de lo que parecieron unos minutos interminables, la reina alzó la mano esperando al padre de la Fae, que no tardó en llegar.
—Álzate y despídete de los eran tus padres –ordenó la reina.
—Hija… —gimió su madre olvidándose de la presencia de su Reina y de todos los presentes. Segundos después, la abrazaba con fuerza derramando un centenar de lágrimas sobre el hombro de la que era y siempre sería su pequeña niña—. Cuídate. No te metas en problemas. Mantente lejos de los Unseelie, por favor…
—Sí, madre –respondió agachando la cabeza ante ella—. Cuidich mi, màthair…
—Lo haré, ma cuishle. Estaré siempre cerca de ti.
—Tuch!
Granuaile se separó de su hija al oír la voz ronca de su pareja detrás de ella. Rudhrí dio un paso adelante alzando la mano hasta dejarla sobre la cabeza de su descendiente. Apretó la mandíbula y asintió. Esa fue su única despedida. Muireann asintió en respuesta y se giró hacia la reina, que la esperaba con ojos negros. Eso solo podía significar una cosa. Había llegado su hora.
—¡Zorra! ¡Cabrona! –gritaba Muireann en medio de la calle de Cadwell, viendo
su reflejo
en uno de los escaparates de esa misma calle. Odiaba ser ella. ¡Maldición! Se quitó la cinta que llevaba en el pelo de un tirón y la lanzó lejos de ella.
Miró a su alrededor. ¿Dónde iba a dormir? Bufó y se giró para emprender un camino que no sabía a dónde iba a llevarla. En cuanto dio un paso, tropezó con lo que parecía una mochila. Se agachó para cogerla. Cuando la tuvo en sus manos la abrió y empezó a sacar tarjetas, un teléfono móvil, un DNI, pasaporte… Desde luego que la Reina podía ser una puta, pero al menos tenía dos dedos de frente a la hora de proceder. Contempló durante unos minutos su foto en la pequeña tarjeta, la cual tenía escrito en unas letras que hacía tiempo que no veía, sus años… ¿Y su casa? Èriu O’Callaghan frunció el ceño. Así que escocesa. Bueno, Aoibheal no se había currado mucho su origen ni su nombre. La muy zoqueta había escogido el mismo que hacía años, cuando lo conoció a él. Vaya, vaya, como siempre, tendría que sacarse ella solita las castañas del fuego.
Alzó una ceja sacando un pequeño bolsito del interior de la mochila. Ladeó la cabeza mirándolo desde varios ángulos. ¿Qué era aquello? Por fin, vio a una mujer con uno de ellos colgados del hombro y ella la imitó. Por Aoibheal, qué tontería. Eran los sacos tan feos donde las humanas guardaban sus pertenencias. Bien, bien. Se lo colgó de un hombro, mientras la mochila colgaba del otro. Ahora sólo le quedaba saber dónde la había mandado.
—Perdona –Paró a una mujer que pasaba por allí como una exhalación y le sonrió. Así, haciendo amigos desde el primer momento. Ya tendía tiempo de cambiar después—. ¿Me puedes decir… Dónde estoy?
La cara de la mujer fue todo un poema. Vamos, ni que le hubiese dicho que era una hadita con alas y esas cosas. Hubiese sido más normal su reacción, por todos los demonios. Chasqueó los dedos delante de ella para que le prestara un poquito de atención y volvió a repetir la pregunta. No pensaba darle explicaciones del por qué de esa pregunta, principalmente, porque no le apetecía mentir a esas horas del día. Quizás después de una buena comida…
—En Cadwell, claro, ¿dónde íbamos a estar? Estados Unidos. ¿Está bien?
—¿¡Cómo!? –gritó dejando caer la mochila al suelo. Los ojos debieron de reflejar todo lo que empezaba a crecer en su interior. La muy zorra, perra, asquerosa de su Reina la había mandado al mismo lugar. Otra vez. No estaba preparada… ¿O sí? Maldición, tendría que comprobarlo.
Hizo a un lado a la mujer y empezó a caminar mirando todos los cartelitos de las calles de la ciudad, esperando encontrarse con la que se suponía que era su casa. Esperaba que no le llevase más de una hora o así. Le rugía el estómago y estaba deseando darse una ducha con espuma por todos lados… Eso era, sin duda, lo que más había extrañado del Mundo Humano. Aparte de los hombres, desde luego.
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Shen Mei
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #212 en:
Marzo 09, 2010, 00:45:35 »
M
ientras montaba en una motocross como las demás trató de seguir lo más rápido que pudo a Carmen, la veterana a cargo del grupo. Acelerando, entraron cada vez más al bosque, moviéndose en zigzag para esquivar arboles y bajar la cabeza para no golpearse contra un tronco. Luego comenzaron a subir las montañas rocosas teniendo mucho cuidado.
La novata Ejecutora se dio cuenta la diferencia de usar otra moto distinta de lo habitual, esta era su primera vez que hacía ese tipo de cosas y pensaba que tenía mucha suerte de no tener problemas en las subidas. No estaba segura si era por su progreso en hartas horas de entrenamiento.
Atrás la noticia y orden de Val, no perdió tiempo. Se fue volando directo al cuarto y se cambió, llevando consigo las armas en su cuerpo, siempre su sombrilla aunque no combinara nunca con el atuendo. Es su mejor arma, repeler cualquier ataque, ni el fuego, el trueno o las balas no podría ser destruido, según lo que estaba escrito en el libro del anciano. Mei dudaba si sería cierto las dos primeras. Nunca había sido provado.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se oyó una fuerte explosión, y cada momento que avanzaba podía percibir el aroma a sangre y a talco. La Ejecutora sintiendo como si su corazón se atorada en su garganta aceleró más. Aun no habían visto los lessers, especialmente al que quería tener enfrente.
¿Por qué no apareces? ¿Dónde estás? ¡Sal de una vez para que pueda matarte! Esas palabras gritaban en su cabeza mientras seguían con conduciendo.
Carmen hizo una señal para que nos detuviéramos por unos árboles, nos encontrábamos cerca, se fueron quitando los cascos y abandonado las motos para no llamar a atención de enemigo, luego dispersó al grupo, cada una tomando un camino diferente que encontrarán algún aliado o sobrevivientes.
Sufrirás si llegas a lastimar a Lyss.
Se mantuvo alerta, atenta por cualquier ataque avanzando lo más rápido que pudo pero había demasiados árboles y eso le impedía avanzar con más prisa. Hasta que se detuvo agitadamente antes la escena que se encontraba. Un enorme león de melenas oscuras y al parecer un inconsciente lesser. El animal con la boca llena de sangre negra levantó la vista y sus miradas se encontraron haciendo generando un breve silencio de luto como si el tiempo se hubiera detenido.
Extraño… ¿Un
león
en un bosque? No se ve como un animal ordinario, tuvo la fuerza de dejar picadillo al lesser con el brazo destrozado. Me pregunto si… ¿Me atacaría a mí también?
Un tanto desconfiada, pensando la mejor manera de alejarse para no molestarlo o podría terminar como el desafortunado restrictor. Sin perder de vista, de repente el animal se movió gruñendo haciendo que mostrara una daga incrustada cerca en una de las patas delanteras tratando inútilmente de quitarlo pero solo hizo que gruñera más, frustrado. Mei se sintió pena por él y se arriesgo avanzando lentamente con cierto temor.
-Déjame ayudarte, no te haré daño. –Mientras le hablaba suavemente –Te quitaré eso.
Estoy segura que no me atacará –pensó mientras tragaba saliva- No parezco una amenaza aparte que huelo mejor que un lesser.
El animal la observaba acercarse pero no hizo nada como si hubiera entendido sus palabras. Mei se arrodilló a un lado y con la delgada mano tocó la suave piel cubierta de tierra de la feroz bestia y goteando en sangre.
-No está tan profundo, no te muevas. Contaré hasta tres y te lo sacaré – le dijo mirando al animal mostrándose segura de sí misma.
Pero a la cuenta de uno se lo sacó del cuerpo haciendo que el gato grande no pudo evitar emitir un rugido de dolor. Nuevamente la criatura miró pero esta vez gruñéndole con los dientes.
-¿No estabas listo? Yo conté pero para mí – dijo mientras le sonreía con las mejillas sonrojadas.
Mientras la novata se enderezaba el animal se echó a correr entre los árboles dejándola sola. A la joven no le importó muy segura que se podía cuidar solo ahora. Pero no pudo dejar de pensar en aquellos hermoso ojos que poseía. Verdes como el jade. Haciendo que recordara a alguien. Aquel macho misterioso.
Con una sonrisa tiró la daga sangrentada a un lado. Luego cambio su expresión mostrando uno más seria corrió a otra dirección internándose más profundo al bosque.
Un lesser menos... y falta otros por despedazar…
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"Nunca mates una mosca sobre la cabeza de un tigre."
Èriu
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #213 en:
Marzo 09, 2010, 18:50:45 »
—Eh, ¿no vas a darme las gracias?
Muireann, no estaba acostumbrada a la perseverancia y gilipollez de los humanos. La primera vez que había llegado a aquél Mundo, ya se había dado cuenta de lo influenciables que eran y al parecer, no había cambiado nada en ellos. Pobrecillo, pensó la muchacha sacando una monedilla que tenía en los pantalones. Cortesía de su Reina, por supuesto. Se despidió del joven motorista tirándosela al suelo, a unos centímetros de su pie. Le sonrió amplia y falsamente antes de girarse. Caminó como si de una princesa se tratase. No estaba acostumbrada a aquellos zapatos que tenía puestos, pero antes de hacer el ridículo delante de alguien, moriría.
Cuando llegó al portal del enorme edificio, con las protestas del joven imbécil a sus espaldas, sacó las llaves de su mochila y abrió lo que se suponía que era la entrada. Era una jodida mierda tener que entrar en los lugares como los humanos. Prefería hacerlo como los de su raza. Invisibles a los ojos de muchos… Toquetear, tirar, molestar sin ser vistos. Oh, sí, eso era gloria y no aquella mierda.
Pero era lo que había decidido. Y no podría quejarse. De momento tendría que esperar un tiempo.
Vio una especie de cabina por la que salían el que debía de ser un matrimonio, besucones. Hizo un mohín con los labios alzando una ceja también, al ver que se le quedaban mirando de arriba abajo como si tuviera dos cabezas. Ella, por su parte, los examinó de pies a cabeza sin cortarse ni un pelo. Debían de tener un gran poder adquisitivo a juzgar por sus ropas. El hombre llevaba unos calzones negros… No, recordaba que su affair lo llamaba traje. Sí, eso. Llevaba un traje negro con lo que recordaba era una corbata, con unos zapatos muy limpios y caros. La mujer, un vestido ajustado y rojo carmesí, a juego con el pañuelo que llevaba el macho en la chaquetilla. Puaj, pensó arrugando la frente. ¿Sus vecinos? Esperaba que no… O sí. Les haría la vida imposible.
—¿Es nueva? –preguntó la mujer, con un retintín finolis.
—Creía que era evidente –respondió Muireann alzando la mochila de viaje.
—Oh, claro. –La mujer rió falsamente haciéndole un gesto con la mano para quitarle importancia. Sus ojos la recorrieron de pies a cabeza. Estaba clasificándola en el status adecuado; muy lejos del suyo—. ¿Cómo te llamas?
—No neces… Mui… Èriu –rectificó a tiempo. Dios, no estaba acostumbrada a usar ese puñetero nombre—. ¿Vivís aquí?
—Sí. Supongo que tú serás la chica del ático. El otro día vino un joven muy desagradable a ver la casa y…
—Sí, soy yo –dijo, alzando la barbilla orgullosa acortando la distancia que los separaba—. Él no es al único desagradable que vas a encontrarte por aquí, viejo –gruñó antes de soltar una carcajada amarga y girarse para comenzar a subir las escaleras.
No se fiaba ni un pelo de aquella caja con cables de la que habían salido esos dos. A saber qué ocurría allí dentro… Tal vez se quedara tan tonta como ellos.
Media hora más tarde llegaba a la cima de la mo… del edificio con gotas de sudor recorriéndole la frente y el cuerpo entero. Había subido más de 50 pisos. Por el amor del cielo, ¿por qué la reina la odiaba tanto? ¿Acaso pretendía hacerla subir todas aquellas escaleras cada día? Ni hablar. Se dejó caer en el descansillo con el bolso y la mochila a cada lado de su cuerpo y apoyó la cabeza en la pared, respirando entrecortadamente. Era odioso ser humano. Sentir como ellos. El hambre, el dolor, el cansancio… En su vida como Fae nunca se cansaba, nunca dormían… No sentían el dolor porque apenas el contacto físico entre ellos era como el de los humanos; menos aún el sufrimiento psíquico.
Maldita Aoibheal. Se odiaban mutuamente. Sí, tenía que ser eso.
Después de unos instantes en los que consiguió recuperar el aliento, gateó unos metros hasta la puerta y se incorporó muy lentamente. Sacó las llaves de la mochila y entró en la enorme casa que le dio la bienvenida. Bueno, lo cierto es que tampoco odiaba tanto a la Reina…
“Guau” pensó mientras un dedo se deslizaba por el pequeño tocador de madera situado a la derecha, en la entrada. Con un enorme espejo sobre él. Gruñó a su propio reflejo al pasar por su lado y continuó hasta lo que parecía ser… ¿Un salón lo llamaban? Tenía sillones de cuero negro, una enorme televisión estaba como incrustada en la pared y entre los cómodos sofás había una mesita baja con un cuenco con flores. “Menuda mamarrachada. Ya tendré tiempo a quitaros de ahí” les dijo, haciendo un mohín. Dejó la mochila en una esquina y pasando la mano por la enorme mesa de madera oscura que constituía el comedor –supuso—, lentamente, como si sus pies se pidieran permiso entre sí para moverse, se acercó a la enorme cristalera.
La separaban cincuenta pisos del suelo. Saltar desde allí como humana sería una muerte segura. Estúpidos e inútiles. No servían para nada. Y ahora ella pertenecía a su grupo. Por el momento, se recordó alejándose del cristal para recorrer toda la casa. Era hermosa y demasiado amplia. Podría perderse por el piso. ¿Para qué necesitaba ella tanto lujo? Nunca lo había requerido y mucho menos lo haría en esos momentos, pero toda ayuda venía bien. Subió las escaleritas de caracol que la llevaban a la mini planta de arriba, donde se encontraba la que sería su habitación, un cuarto de baño y una terrazita desde donde se veía gran parte de la ciudad.
Su habitación… Entró en la misma y la recorrió con la mirada lentamente. No se parecía en nada a la que había tenido la última vez. Bueno, ¿qué iba a esperar de unos Fae malditos? Esos Faol… Hizo el amago de escupir mientras se acercaba al enorme vestidor lleno de ropa.
—Ropa inservible –ladró tirando los vestidos que alguien debía haber colocado allí. ¿Pero quién cojones se pensaba que era ella? ¿Una barbie? Maldijo en todos los idiomas que sabía y lanzó toda la ropa a una esquina formando un pequeño montoncito con ella—. Ya tendré en qué gastarme tu dinero, zorra –bramó saliendo de allí de nuevo hacia la habitación, el olor a brezo le revolvía las mismísimas entrañas. En una mesita había libro con tapa antigua y negra. Frunció el ceño mientras caminaba hacia él, lentamente. ¿Por qué le recorría la espalda ese escalofrío?
Lo cogió con una mano y al ver la inscripción del mismo, lo dejó caer alejándose de él. “Puta Aoibheal” gritó su interior, obligándola a salir de la habitación. Se la había jugado. No iba a dejarla tranquila. Pero ella pronto encontraría una solución a todo aquello. Y no tardaría en llegar. Podría dejar todo lo relacionado con la ducha, el comer y demás necesidades humanas para más tarde. En realidad, ella no lo era y por mucho que su cuerpo se empeñara en hacerla sufrir con esos ínfimos detalles, no conseguirían nada. Muireann era mucho más dura que todo aquello. Había desafiado a la misma muerte en bastantes ocasiones, salvándose por sus propias manos. Ocasiones en las que había estado demasiado cerca de ella; la había tocado con los dedos… Pero como todo, tendría que esperar. Aún tenía muchas cosas que hacer allí.
Llegó al salón y rebuscó en su mochila el teléfono móvil. Si no recordaba mal aquél aparato funcionaba marcando los números deseados, para darle a la tequila verde después.
Lo comprobó.
Después de varios minutos, una voz masculina, misteriosa y ronca sonó al otro lado del interfono. Muireann no contestó. No hacía falta. Esperaba que sus amigos no hubiesen perdido facultades a lo largo de los años.
—Vaya, vaya… ¿Ya te ha vuelto a echar esa zorra a la que llamas reina? No sabe apreciar lo bueno de verdad, eh Muire… ¡Coño, tío! Somos realmente irresistibles.
Las palabras del hombre le arrebataron una estruendosa carcajada. Malditos hijos de puta… No cambiarían aunque el mismísimo mal los engullera vivos.
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Valnelia
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #214 en:
Marzo 09, 2010, 19:12:17 »
A
través de las pantallas, Val observaba impotente como los lessers acababan con la vida de algunos de los licos heridos. Maldiciendo, se pasó la mano por el pelo. Sentía fluir su poder en ellas, hormigueando, pidiendo ser liberado. Se obligó a serenarse; las marcas de sus tatuajes comenzaban a ser levemente visibles sobre su piel.
Sheiztler se situó detrás de ella, contemplando también uno de los monitores, sintió la mano del vampiro sobre su hombro, apretándolo ligeramente. Después, el macho salió del C.O y bajó hasta el gimnasio. Sabía que allí no podía ayudar en nada, y a su hembra no le gustaba que se metiera en los asuntos de las Ejecutoras. Sabía que podía manejarlo sola, lo había hecho durante muchos años.
Val fijó su atenta mirada en un punto concreto cuando vio aparecer tres figura en lo que antes había sido un campo de batalla. Sin necesidad de decir nada a Jecru o Vik, las dos jóvenes ampliaron la imagen, mostrando los rostros poco definidos de Lyss, June y MarieC. Las tres hembras se lanzaron a proteger a los pocos licos que aún seguían con vida.
La Ejecutora se frotó las manos, nerviosa, no porque no confiara en sus hermanas, las creía capaz de mantenerse con vida, pero los lessers, una vez abandonado su escondite y reunidos en el claro, eran muchos más de los que había creído que habría. Y los lobos no parecían servir de mucha ayuda. Las vio pelear con destreza, rezando para que el resto de Ejecutoras llegaran lo antes posible.
Hecho que sucedió unos interminables quince minutos más tarde en los que las tres Ejecutoras habían luchado incansablemente. Algunos de los licos, los menos heridos, se habían colocado a su lado, prestándoles apoyo pese a sus sangrantes heridas, sacando fuerzas de la valentía que estaban dando muestra las hembras.
El grupo liderado por Beriz apareció en el lugar, derrapando el todoterreno sobre el terreno no asfaltado. Antes de que el vehículo se hubiera detenido, tres de ellas ya saltaban de él, corriendo a unirse a sus compañeras. Desde el bosque, el otro grupo de Ejecutoras también comenzó a salir de entre los árboles, uniéndose a la lucha.
No sabía a cuanta velocidad habían circulado, pero debió ser la suficiente para llegar tan rápido. Mentalmente, agradeció la destreza que todas habían demostrado a la hora de conducir cualquier vehículo que se les pusiera a mano.
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Última modificación: Marzo 09, 2010, 19:24:30 por Valnelia
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Valiente es aquel que no toma nota de su miedo, y a pesar de la adversidad... sigue avanzando.
Beth
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #215 en:
Marzo 09, 2010, 19:16:06 »
Hacía varios minutos que había dejado atrás Cadwell y no debía de estar muy lejos. En cuanto encontró el camino secundario que supuestamente se dirigía al epicentro de todo el meollo, lo tomó con urgencia haciendo que la zona trasera del vehículo se balanceara hacia el lado opuesto de la curva, pisando el acelerador de nuevo en cuanto encaró la carretera. Bajó la ventanilla para sacar la cabeza por la ventanilla por si escuchaba algo, pero nada más lejos del motor de su propio coche.
Kilómetros más adelante, por las rodadas en el pavimento y el humo que alguien producía en la carretera, supo que el todo terreno que Val había pedido también a los chicos del taller no iba muy lejos de ella. No había rastro de las motos, pero supuso que iría bosque a través.
El saber que el grupo de Beriz iba delante, la animó. No llegaba tan tarde.
Tragó saliva al sentir a alguien en su mente. ¿Ya se habrían enterado? Las dos primeras reacciones que le vinieron a la cabeza fue la de sus Trillys, después la de Val –que podía imaginarse por dónde iría la cosa—, y tras esas dos, no por ello menos importante que las anteriores, la de Owen. Todos y cada uno de ellos iban a matarla. Bueno, que lo hicieran. No había hecho nada malo. Iba a cuidarse; nada le iba a pasar al bebé, que ya estaba avisado. Podía sentir su adrenalina corriendo por sus venas. Sí. La pequeña iba a ser como ella y su padre.
Emoción. Adrenalina. Ansia. “Tranquilízate” le dijo su voz interior. Sí. Lo primero de todo, antes de entrar en una pelea era la tranquilidad y seguridad en sí misma. El control de tu propio cuerpo, pensó recordando una de las muchas frases que Val les había dicho durante los entrenamientos. Respiró profundamente, frenando el coche.
El todo terreno había parado. No había polvo levantado y ya no se escuchaba el rugir de ningún motor más. Esperaba que Jake no se hubiese tomado demasiado mal el hecho de haberle robado, no, tomado prestado su juguetito. Le dio la vuelta en la misma carretera por si tenía que salir pitando de allí con alguna o ella misma y se bajó cuidadosamente. Cerró la puerta con sumo cuidado y se adentró en el espeso bosque oscuro, avanzando entre la espesura que el mismo ofrecía.
Mientras caminaba sacó las dagas escuchando el fulgor de la batalla varios metros más adelante. Comprobó que todo estaba en su sitio. Claymore, semi-automáticas, shurikens… Todo, todo, donde debía estar.
“Cariño, ahora verás en qué trabaja mami. Cuál es su pasión” susurró interiormente bajando la vista a su barriguita unos segundos antes de encaramarse a un árbol. Desde allí, por culpa de las putas ramas de los demás, no podía ver nada. Pero ya que estaba tan alta… Un par de saltitos y llegaría al lugar exacto desde donde podría ver lo que ocurría y quizás, nadie la vería a ella. Por el momento prefería quedarse lejos de todo el barullo a no ser que viera que la necesitaban de verdad. A pesar de los que algunas pudieran estar pensando, aún le quedaba algo de conciencia en la cabeza y sabía a la perfección que no podía meterse a luchar como hacía varios meses.
Cuando llegó al claro, la sangre se le heló. Definitivamente, eran menos que ellos. Sólo quedaban lesser en el lugar… Y lobos heridos. Todo su cuerpo se tensó al ver el cuerpo casi sin vida de los licos tumbados en el suelo con heridas profundas y sangrantes. Tenía ganas de bajar y arroparlos, ayudarlos; asegurarles que saldrían de aquella. Sus hermanas estaban luchando a cual mejor, recibiendo algunos golpes que otros algunas, sí, pero bien. Sondeó el lugar buscando a Lyss o a June. No las vio. Tampoco a MC. Lo que no le pasó desapercibido fue una casa en… ¿Ruina? ¡No! ¡Joder, se la habían cargado! ¿Una explosión? ¿Cómo no podía haberla escuchado? Joder, joder… ¿Y si Lyss y las otras dos estaban entre los puñeteros escombros?
No, no. No podía ser. Pero ¿y si lo era? Maldición. La loba se removió desde su posición… ir o no ir, he ahí la cuestión. El niño, no. La vida de sus hermanas, sí. Por fin, uno de las katanas de June brilló con el sol y vio a las tres hembras luchando como verdaderas guerreras.
—¡Joder! –masculló aferrándose con fuerza a la rama del árbol con las piernas. Estaba sentada encima de ella con las piernas alrededor, agarrándose con fuerza a ella. Cualquiera que la viera… Vio a Dream a lo lejos, enfrentándose a uno de los bichos malos y malolientes. Vio como recibía un derechazo de sorpresa, que la desequilibró unos instantes. Pero pronto se levantó y continuó la pelea.
La loba suspiró aliviada. Lo que menos necesitaba ahora era ver a D tirada por los suelos por culpa de un cerdo apestoso.
Instintivamente, cuando un nuevo “culito de bebé” se acercó a Dream por la espalda, sacó la daga y con toda la fuerza que poseía la lanzó hacia allá, agarrándose con fuerza al árbol con la otra mano. Tuvo que hundir las uñas en la corteza para no irse abajo, pero no le importó. Las duras horas en la galería de tiro habían hecho su fruto. El bicho se despidió de ellas con una nube de polvo, la cual llamó la atención a su hermanita que vio la daga tendida en el suelo. La cogió con fuerza, apretó los dientes y alzó la pierna asestándole una patada en el estómago al oponente que se lanzaba de nuevo contra ella. Gruñó alzando la vista. La había reconocido.
—Joder, no me toques las pelotas ahora –bramó enzarzándose de nuevo con el lesser en la lucha, gruñendo, gritando maldiciones a cada golpe. Ellos tenían la culpa de que su Trilly estuviera allí, puesto que no podía estarse quietecita en casa cosiendo patuquitos habiendo lesser carnosos para degollar—. ¿¡Dónde cojones estás!? –gritó haciendo que su voz sonara por todo el bosque.
La loba se encogió en el árbol. No podía delatarse.
—¿¡Qué coño haces aquí!? –gritó de nuevo. Al no recibir respuesta, guardó la daga en la funda de las suyas y se lanzó en ayuda de Ista.
Entonces, y sólo entonces, la loba pudo respirar tranquila. Al menos, le había ayudado y no la había visto. De lo contrario, podía darse por muerta…
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An dit a bhfuil do chroi is ann a thabharfas do chosa thú.
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #216 en:
Marzo 09, 2010, 21:00:37 »
“Odio que me metan en esta clase de situaciones”
pensó el Sr. L cuando las Ejecutoras los atacaron. Ni se metió en la pelea, retrocedió detrás de sus asesinos y se refugió en medio de los árboles con los Daimons y los symphaths quienes no se veían muy bien.
—Hagan algo útil y ven si pueden quebrar las mentes de las Ejecutoras, nos vamos de aquí—Ordeno el Restrictor-Jefe.
— ¿Solo así? ¿Las vamos a dejar salirse con la zulla?—pregunto uno de los Daimons.
—No. Nosotros ya ganamos, solo que ellas son demasiado tercas para admitir la derrota—replico L.
Los Comedores de Pecados hicieron lo que se les había pedido y procedieron con rapidez. La Ejecutoras no se esperaban la jugada, no pudieron contrarestarla y fueron fácilmente sometidas.
—Nos vamos, retirada—Ordeno el Sr. L a sus restrictores.
—Las tenemos donde las queríamos yo digo que…—El asesino no pudo terminar la oración porque el Restrictor-Jefe le voló la cabeza con una de sus Desert Eagle.
— ¿Alguien más algún comentario inteligente? ¿No? ¡Muévanse!—ladró L.
Los restrictores no dijeron nada y se fueron rápidamente. Dejando detrás un campo de batalla destruido.
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lyssele
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #217 en:
Marzo 11, 2010, 20:52:01 »
A Lyss el sonido de la detonación le supo a gloria. Todo su cuerpo vibraba preparado para la lucha, y el golpe de la expansión no hizo más que aumentar la sensación. Poco le importaba que June estuviera maldiciendo en varios idiomas y tirándola del pelo. Destellar siempre la dejaba algo desorientada, pero era una experiencia muy interesante. El suelo la recibió algo tembloroso, y Lyss decidió que era hora de que la soltaran.
-Gracias, chicas. Habéis llegado en el mejor momento- por unos segundos observó el semblante de su hermana-. Venga June, no es para tanto.
-¿Qué no es para tanto? ¡Me prometiste que lo probaríamos juntas! Vik ha estado meses trabajando en la mezcla exacta de esos compuestos. ¡Quería probarlo de forma controlada! ¡Volar un maldito rascacielos, o un puente, o un maldito corral lleno de pollos! Joder, Lyss. Parte del edificio ha quedado en pie. No lo has hecho nada bien.
Lyss no sabía si enfadarse o reírse ante la cara de sus hermanas. MarieC la miraba con el ceño fruncido y los brazos en jarras. De vez en cuando asentía con la cabeza. Suspiró, ya habría tiempo para seguir con esa discusión. Y seguro que Vik la pedía un informe por sextuplicado.
Con el rostro apenado miró hacia el lugar de la batalla. Muchos licos habían sido asesinados. Y aún quedaban lessers. Tenían trabajo que hacer. A sus oídos llegaron los esperados murmullos. Aún se oían muy bajitos, pero sabía que aumentarían el volumen según aumentaran las víctimas. Cuanto antes acabaran, mejor. Tenía la certeza de que el resto de sus hermanas no tardarían demasiado en aparecer.
Haciéndolas una señal a June y a MarieC, volvió a agarrar a una de ellas. La lucha las dio la bienvenida. El sonido de la agonía mermaba las fuerzas, pero estaban allí para luchar. Posicionándose y sacando sus armas principales, entraron en combate.
Lyss trataba de no fijarse en los cuerpos caídos en el suelo, ni en el estado de los moribundos. Se enfrentaba a cada grupo de lesser con determinación y fría calma. Centrándose en el combate y en cualquier accidente o circunstancia que le permitiera sacar ventaja. Sus dagas se lo estaban pasando en grande. Sus hermanas habían venido más preparadas, y no dudarían en prestarle algo. Pero quería que el daño que causase fuese lo más cercano y personal que pudiera. Habían tocado a su manada. Habían infligido mucho daño, y no estaba dispuesta a conformarse con liarse a tiros. Quería cortar, rebanar y desgarrar.
Un talcoso se interpuso en un enfrentamiento casi rematado. Se acercó por su lateral derecho cuando creía que no podía verlo, y trató de asestar un golpe definitivo. Lyss lo esquivó con facilidad y se encargó de él. Adelantando el peso de su cuerpo, se puso en guardia y esperó a su nuevo contrincante. La formación más o menos trabajada que formaba con June y MarieC, les garantizaba que ninguna de ellas estuviera lo suficiente descubierta para convertirse en un blanco fácil. Con el fragor de la batalla, los lesser se habían olvidado del armamento con el que habían iniciado todo el altercado. El ansia de exterminar les impedía pensar con claridad. Desde luego, los experimentados ya no estaban entre ellos.
El lesser volvió a la carga, no sin antes hacerle una seña a otro de ellos. Ambos fueron a por la ejecutora, tratando de o llegar a la vez. Esperaban que el hecho de que uno de ellos llegara algo retrasado, dificultara a la loba. Nada es tan sencillo. Haberse visto obligada a sobrevivir en las calles, le había enseñado unas cuantas cosas. Cuando el primer lesser llegó a su altura, Lyss se agachó y aprovechó la fuerza de su ataque para recibirle, elevarle y arrojarle contra el tronco más cercano. Nunca dejarían de verlas como mujercitas, y eso era un error. Su mestizaje servía para algo. Sonriendo, se puso en pie, y recibió al otro. Sus dagas empezaron a cantar. Girando sobre sí misma y fintando se mantenía a la distancia adecuada del lesser. Él atacaba, y Lyss reaccionaba sólo lo necesario. Otra vez más. Un par de intentos más, y el lesser empezaría a verse afectado. Un solo descuido y pasaría al cuerpo celestial de los talcosos. Pero no fue necesario. La punta de una katana saludó a Lyss desde el abdomen del lesser. June seguía enfadada. Lyss la miró. Su hermana se limitó a encogerse de hombros, darse la vuelta y seguir a lo suyo. Ya hablarían después.
La visión que le ofrecía el claro había variado algo. MarieC estaba dando bunas demostraciones de combate, y varios de los licos supervivientes habían decidido adoptarla. Se habían posicionado a sus costados, como si fuera uno de ellos, y utilizaban tácticas de manada. Lyss no era la única mestiza con parte de lobo, por lo que MarieC sabía cómo debía moverse alrededor de estos. El instinto de sus hermanas mientras estaban en combates la habían enseñado lo suficiente.
Desde los costados del claro, le llegaron el sonido de varias de sus hermanas. Todas listas para el combate, todas preparadas para la acción. Mientras más lesser matasen ahora, menos les quedarían para después. Aunque haber atacado a varias jaurías de licos, les había puesto en un pequeño aprieto. Lyss esperaba que el aprieto fuese bastante grande.
El resto de las Ejecutoras no se hicieron de rogar, y pasaron a la acción. Lyss se dispuso a luchar junto a ellas. Sabía que Val estaría mirando desde alguno de los satélites, con la cara desencajada, y las manos echando chispas, en sentido literal. Elevó un brazo y saludó al cielo.
Ayudó en el combate a varias de sus hermanas, otras le ayudaron a ella. Ejecutoras contra lessers. No era la primera vez, ni sería la última. El murmullo en sus oídos empezó a crecer. Un sudor frío se instaló en su espalda. La mente de Lyss recibió una descarga de dolor. Antes de darse cuenta, se agarraba las sienes, mientras se encogía a nivel del suelo. Desconocía si a sus hermanas las sucedía lo mismo.
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Kyerann
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #218 en:
Marzo 11, 2010, 21:04:18 »
Kyerann respiraba con dificultad. El ataque de los Sympahts y la respuesta que había tenido que dar le habían dejado exhausto. Pero el ataque del tipo ese de los ojos blancos, le había quitado más de lo que tenía. Cuando volvió a ser consciente de lo que le rodeaba, lo primero que registró su campo de visión fue sangre espesa y oscura en mayor o menor tonalidad, alimentando la tierra. La furia se hizo dueña de él. Mentalmente sondeó el lugar al que se habían dirigido el resto de los miembros de su manada. Estaban todos vivos, algunos de ellos no demasiado ilesos, pero respiraban y tenían el corazón en su sitio. Egan bullía a fuego lento. Si no se apresuraba y acababa allí, pronto le vería aparecer de nuevo. En ocasiones era demasiado impetuoso.
Cogiendo una bocanada de aire, se dispuso a ponerse en pie. Un nuevo barrido mental le puso sobre aviso. Los Sympaths se habían levantado de nuevo. Endureciéndose y levantando sus maltratados escudos, ahora sí, en su plenitud se dispuso a esperarlo y darle una réplica definitiva. Ya no tenía por quién preocuparse, o tal vez sí.
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Última modificación: Marzo 12, 2010, 00:57:21 por lyssele
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #219 en:
Marzo 12, 2010, 02:01:17 »
Desde el momento exacto en que desperto,
MarieC supo con total certeza que algo iba a pasar, una de sus hermanas nuevamente en peligro, Lyss, con una mueca que pretendio ser de disgusto mas que de aprehension se levanto de la cama sabiendo que no podria conciliar el sueño nuevamente, se habia duchado y bajado a desayunar con sus hermanas, sin mostrar ningun signo de agitación por su parte.
En ocaciones como estas agradecia el haber sido entrenada por Takeshi todos estos años, no solo era la mejor en combate si no tambien podia controlar y ocultar muy bien sus emociones y estaba orgullosa de ello, habia tenido el mejor maestro y era la mejor en lo que hacia.
Dudaba de que alguna de sus hermanas pudiera saber el alcance de sus habilidades y era mejor que no lo supieran, como tampoco sabia cuantas de ellas podrian abstenerse de intervenir sabiendo las cosas con absoluta certeza y mucho antes de suceder, como era su caso y no poder hacer nada, realmente apestaba tener ese don y no poder utilizarlo, como perfecto ejemplo ahora, realmente llegaba a odiar a las Parcas no solo en dias como estos sino todos los dias, no queria volver a cabrearlas una segunda vez.
Con la primera habia sido suficiente, se repetia una y otra vez.
Asi que, después de desayunar se habia ido directamente al campo de tiro, tratando de distraerse lo mas que pudiera y cuando finalmente fueron convocadas al C.O, ella ya habia llegado preparada para la batalla, conocia el procedimiento a seguir y no le sorprendio que Val las asignara a ella y a June para localizar a Lyss, Lo cual no tardaron en hacer, al destellar en la ubicación donde Lyss se encontraba ambas hembras ya sabian que hacer, no necesitaron palabras, June escudaba a Lyss mientras MC desaparecia toda amenaza de la estancia donde se encontraban.
No resulto difícil acabar con el unico lesser que quedaba, acostumbrada a cazar daimons un lesser era un juego de niños, extendio sus sentidos detectando mas amenazas pero no quedaba nadie en la casa, la verdadera batalla estaba fuera, los lesser habian atacado a la manada de lobos, lo que le causo curiosidad fue sentir a mas de una, algo raro, pero que no era de la incumbencia de la ejecutora, tambien sintio la presencia de tres daimons, escudando a cinco Sympaths, escucho la orden de June pero por un momento se quedo congelada, de donde demonios salia tanto humo, se pregunto.
Sal de aquí, ahora
. Esta vez fue una orden mental que le envio June la que la hizo reaccionar, destellaron justo antes de que toda la estancia volara por los aires. Una vez fuera MC solo pudo observar como June sacaba toda su frustración y la volvaba en Lyss, era una cosa buena que al menos ella pudiera desahogarse de esa manera, pero MC preferia sacar toda su frustración despachando unos cuantos lessers que en ese momento dejaban de estar aturdidos por la explosion y centraban su atención en ellas.
Con el cuerpo en tension la ejecutora solo espero la señal de Lyss para desenfundar su katana, estaba de buen humor como para un combate cuerpo a cuerpo.
Con la habilidad de tantos años en el uso de sus armas despacho rapidamente a varios lessers, pero sin dejar de estar atenta al grupo de Sympaths que se mantenian al margen, la ejecutora era consciente de cada movimiento que hacian sabiendo que representaban la mayor amenaza pudiendo dejarlas incapacitadas en un segundo, reforzo cada una de sus barreras mentales, las demas guerreras se habian sumado a la lucha y estaban eliminando rapidamente al enemigo, no le sorprendio la retirada de ellos, como tampoco el ataque final, el cual estaba esperando.
Justo estaba apuñalando al ultimo lesser cuando sintio el ataque y como chocaba contra sus barreras las cuales estuvieron a punto de colapsar cuando recordo que habia otra de sus hermanas, la cual no deberia estar ahí, Beth, esa pequeña loba insensata, cada una de sus hermanas cayo de rodillas sujetandose la cabeza, MC aparto el dolor tanto como pudo y corrio donde sabia estaba escondida la loba, estaba apocos metros cuando la vio caer, el ataque era tal que la habia hecho perder el equilibrio y habia caido sujetándose la cabeza encogida del dolor, sintiendose aturdida con cada paso que daba y usando toda su fuerza de voluntad MarieC MarieC logro cogerla antes de que aterrizara en el suelo, la coloco con cuidado recargada en el tronco del arbol, noto que sangraba por la nariz antes de que colapsara.
Su ultimo pensamiento fue,
Nos volveremos a encontrar, pronto.
E iba dirigido a una unica persona, el lider de los lesser que tanto daño habia hecho ya a sus hermanas, ya era hora de ajustar cuentas.
No supo si le llego el mensaje por que la obscuridad se cernio sobre ella.
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Kyerann
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #220 en:
Marzo 12, 2010, 23:24:39 »
Las Ejecutoras yacían en el suelo, retorciéndose de dolor. Desconocía hasta qué punto estos Sympaths eran hábiles en el dominio de sus facultades. Se había enfrentado un par de veces a su rey, y no era una experiencia que quisiera repetir muy a menudo. Necesitaba acabar con esta situación antes de que tuvieran tiempo de plantearse atacarle. Con la carga de dolor que estaban consiguiendo de las Ejecutoras, podían hacer muchas cosas.
Kyerann sacudió sus hombros, su cuerpo se sentía cansado y dolorido. Hoy, le pesaban todo y cada uno de sus años. Salir de esta, posiblemente, tendría demasiadas consecuencias, y ninguna de ellas controlable. Necesitaba entrar en la misma sintonía, por expresarlo de alguna manera, en la que se movían los Sympaths y las Ejecutoras. Sólo había una forma.
El nudo que los unía seguía allí, tan brillante y rabioso como el primer día. Había ocasiones en las que aún le sorprendía. Uno nunca sabía qué forma iba a tomar el nexo, pero nunca supuso que esta sería la que tomara en Lyss. El dolor la agarrotaba, podía sentirlo ahora. La ira y la impotencia se adosaban. Sentía una vibración extraña en sus oídos, lo sentía cada vez que la loba luchaba y conectaba con ella. Si lo utilizaba con la suficiente habilidad, conseguiría llegar a la fuente y dañarla.
Kyerann inspiró profundamente y se adentró entre las líneas mentales de energía. Si por un momento fuese capaz de olvidarse de lo que estaban causando, los halos plateados y negros le parecerían hermosos. Tuvo que apretar la mandíbula y concentrarse. El dolor que emanaba de las Ejecutoras se agarraba a sus entrañas, amenazando con bloquearle. Añadió una capa más de protección a su mente. Antes de llegar a los Sympaths, algunas se desprenderían como las capas de una cebolla. Pero aún tenía que sortear un obstáculo más.
Empezó a avanzar. La unión que mantenía con la loba, le permitía acoplar la propia agonía que sentía la Ejecutora a sus escudos. Este era el paso delicado. Los Sympaths no eran los únicos que se estaban alimentando del dolor. Para pasar desapercibido el tiempo suficiente, todos sus escudos tenían que vibrar en la misma frecuencia que el dolor de sus víctimas. Así pasaría como una de ellas. Después tendría que adelantar su conciencia poco a poco, esquivando, fintando y escondiéndose de los filos mentales que emitían los Sympaths a modo de orden. Iba a ser más lento de lo que le gustaría, pero apresurarse no era una opción. El dolor de Lyss le partía en dos.
Los pocos minutos que duró su ataque, le parecieron años. Quedaba muy poco para contactar con el nudo del que partían las conciencias Sympaths, tenía que atacar rápido, escindiendo su mente en cinco vías. Si conseguía llegar al unísono a cada uno de ellos y atacar con la suficiente rapidez, lo lograría. Se preparó para el paso definitivo. Sintió agonía al dividir el hilo mental con el que estaba viajando. Visionó el movimiento a modo de estocada. Cruel, rápida. Las mentes de los Sympaths aparecieron ante su conciencia como un desierto basto y yermo, agitado por furiosas corrientes de aire helado. Haciendo el gesto físico desde la distancia, expandió sus manos y agarró los bordes de las cinco mentes a la vez, y como si fueran un mero papel, las arrugó e hizo con ellas cinco bolas.
Los Sympath abrieron los ojos de golpe y emitieron un grito. Sus cinco cuerpos, cayeron sin vida. Los daimon comenzaron a retroceder, el pavor inundaba sus semblantes.
Sin saber cómo, Kyerann se encontró con una rodilla posada en el suelo. Una mano femenina, de dedos largos y gráciles apareció extendida frente a su cara. Se aferró a ella y aprovechó la fuerza que le prestaba. Lyss. La loba le miró con calma, seria, su cara no translucía nada. Tras dirigirle una inclinación de cabeza, se giró y se dirigió hacia sus hermanas. Tras verificar que todas estuvieran lo suficientemente ilesas, dio la orden. Volvían a casa.
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Thais - Lucien
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #221 en:
Marzo 13, 2010, 22:59:57 »
Thais se despertó pasado el mediodía. Se dio una ducha, se vistió con algo cómodo y fue a la cocina a prepararse algo para comer.
Aun no se acostumbraba al silencio. A la soledad, a vivir sin su mamhen. Al pensar en ella una lágrima vagó por su mejilla mientras servía la comida en un palto. Almorzó en la mesa de la cocina, y luego fregó los utensilios que había ensuciado.
Como odiaba este silencio, la soledad. Ella siempre había sido una hembra que amaba el ruido. Las risas, la gente, la música…
Se sentó en el sofá frente al televisor, agarró el mando a distancia y la encendió. Con un bufido de exasperación estuvo cambiando de canales sin encontrar nada interesante que ver.
-¡Mierda! Esto de no poder salir de día es una autentica mierda.- Miró hacia la mesa, y vio allí su teléfono móvil. Se levantó lo agarró y marcó el teléfono de Vanezza, pero le saltaba el buzón de voz, diciendo que el numero al que llamaba estaba apagado o fuera de servicio. Lo intentó de nuevo y al no obtener respuesta marcó el número de la Mansión. Estuvo esperando hasta que escuchó una voz masculina al otro lado. La reconoció al instante. Era Joseph, el doggen que no la quiso dejar entrar en la Mansión la noche que conoció a las Ejecutoras.- José, soy Thais ¿puedes ponerme con Vane?
-Buenas tardes señorita Thais. Ahora le comunicó con la señorita Vanezza. Y es Joseph, no José.
-Joseph, José, qué más da. Los dos empiezan por J.
Thais sonrió al escuchar el suspiro del macho. Pobrecillo, no sabía lo que tendría que aguantarla. No le perdonaría tan fácilmente que no la dejase entrar a casa de su prima, aunque estuviese haciendo su trabajo correctamente. Escuchó el ruido de puertas, y como le decía a su amiga que la llamaban por teléfono.
-¿Thais?-preguntó Vane.
-¡Eres una perra!- le dijo con irritación fingida- Estuve esperándote en el Spice Blood y no aparecistes. Y para colmo tuve que estar toda la noche con la aguafiestas de mi prima. Que n sé porque es así la verdad. Porque con el macho que tiene al lado es para que estuviese sonriendo las veinticuatro horas del día.
-Thais no pude ir porque…
-¿Crees que no da la talla?- la interrumpió- Porque si fuese así entendería, el humor de mi primita. Pero no lo parece la verdad.
-Tal vez es porque no la dejabas hablar.- contestó la mestiza resignada.
-¿Tu crees?, No sé. A ti tampoco te dejo y nunca te enfadas.- Se acomodó en el sillón- ¿Por cierto porque no viniste?
-Por qué me atacaron y estuve a punto de morir.
Al escuchar las palabras de su amiga, se incorporó rápidamente y le preguntó preocupada.
-¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¿Por qué no me lo has dicho antes?
-¡Por qué no dejas de interrumpir!
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Èriu
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #222 en:
Marzo 14, 2010, 14:19:39 »
Ya llevaba dos horas esperando en aquél bar que olía a humano que podría volcar a un mismísimo cerdo. Un whisky escocés encima de la mesa y la cajetilla de tabaco al lado era lo único que Èriu llevaba consigo. Aparte, claro está, del saco horroroso que la reina le había regalado. Cierto que era bastante útil, pero algo pesado. Odiaba tener que cargar con él. Como la misma ropa que llevaba. Los Fae apenas llevaban ropa, lo justo para ocultar a la vista de los demás los encantos personales y ahora, esos pantalones y esa camiseta se le pegaba a la piel, dándole más calor del necesario.
Le iba a costar acostumbrarse de nuevo a todo aquello. La primera vez que había pisado la tierra como humana, había tardado más de dos meses en acomodarse a las prestaciones que le habían ofrecido. No muchas, qué se podía pedir de aquellos con lo que se había topado… Sucios y pobres Faol. Sólo había uno que había merecido la pena… Y ni siquiera.
Negó con la cabeza dando un trago a su copa. ¿Cómo podía haber caído tan bajo? Aún recordaba las horas pasadas junto a él. Lo que había tenido que hacer para alcanzar una meta… La meta que se le había ido de las manos por confiar en el macho.
El repiqueteo de unas botas contra la madera vieja del suelo del local la hicieron sonreír. Ya habían llegado. Los escuchó pedir lo que sería su sustento. ¿Desde cuándo bebían aquellos malnacidos? Lo peor, desde cuando se comportaban como humanos. Borró la sonrisa de sus labios, se irguió en la silla y optó por mostrar una faceta fría y distante. No podían creer que volvía a ser la misma que hacía un tiempo. Era una mujer hecha y derecha que, esta vez, se alzaría con la victoria costara lo que costara. Ya no tenía nada que perder.
Los tres hombres se sentaron en las sillas repartidas alrededor de la mesa mirándola con cara de pocos amigos. Vaya, vaya, así que no se alegraban de verla. Sabían lo que se les venía encima.
—Y yo que creía que me echabais de menos –dijo, como si tal cosa sacando un cigarro de la pitillera. Chasqueó la lengua como si estuviera disgustada mientras encendía lo que sería una pequeña liberación antes de hablar con ellos. Tenía muchas cosas que decirles. Cosas que, quizás, no les gustaran ni un pelo. Pero poco le importaba a ella. Acatarían sus normas fueran cuales fueran—. Bueno, bueno, ¿y dónde está el cuarto en discordia?
—No ha venido –respondió instantáneamente el más joven de todos.
—Creí haberos dicho que os quería a todos aquí.
—No podía venir –añadió otro.
—Me importa una mierda. Cuando digo algo, espero que se cumpla. No quiero que andéis pasándoos la información como si fuese un puto porro. –Alzó una mano para hacer callar al que seguramente iba a defender a su compañero—. Como sabréis no tenemos tiempo para andarnos con tonterías. He venido para algo y lo quiero ya. Cuanto antes, mejor. No voy a perder el tiempo con vosotros. Sabéis qué quiero y para quién. Ellos no esperan.
—Pero…
—No hay peros que valgan, Boromir –lo atajó, dedicándole una mirada hostil, que lo retaba a contradecirla.
Todos y cada uno de los hombres que tenía en frente eran a cual mayor. Grandes, fornidos, hasta apuestos. Pero idiotas como los malditos Fae. No era más que peones para alcanzar su propósito, se recordó dándole una larga calada al cigarro. No le importaba si perecían en el intento o no. Los cuidaría hasta que llegase el momento de dejarlos marchar. Si acababan con ellos, se buscaban a otros. Si demostraban tener algo que sirviera para algo, los mantendría a su lado firmemente.
Miró fijamente al que era el cabecilla del grupo de cuatro.
—Sois pocos.
—Muir…
—Èriu –lo interrumpió manteniendo la pose fría y distante—. Vuelvo a llamarme Èriu. No quiero que se me conozca con otro nombre, ¿entendido? Podéis llamarme jefa, señora… Eso sí hace juego con mi papel. Pero Muireann se ha quedado allá donde nací, ¿estamos? –Los hombres asintieron de mala gana. Seguía sin gustarles que una mujer los mandara y ordenara—. Es lo que hay –añadió—. No querréis enfadar a los de arriba, ¿verdad?
—Cállate ya –masculló Boromir por lo bajo.
—¿Has dicho algo?
—No ha dicho nada –entró el viejo, el más interesado. De alguna manera tendrían que contarle lo que había cambiado—. Hay un grupo de... Mujeres que se dedican a acabar con el mal en la ciudad –dijo de pronto, como si nada.
—Acabad con ellas.
—No es tan… fácil –murmuró otro.
—¿Por qué? ¿Acaso me estáis diciendo que no podéis matar a un par de mujeres que se pongan en vuestro camino? ¿Estamos de broma, Amardam? –preguntó directamente a cabecilla.
—No son un par. Son unas 20, más o menos. A cada cual más preparada para la lucha.
—A mí me han dicho que una echa humo por las manos…
—Sí y rayos por el culo, no te jode –bramó la mujer apagando el cigarro en la mesa tras darle su última calada. El cenicero le pillaba muy lejos—. Me importa una mierda cuantas sean, cómo sean o lo que hagan. Si se meten en nuestro camino sabéis qué tenéis que hacer. Conocéis el paradero del… Tesoro –Sí, llamémoslo así—. Lo quiero cuanto antes en mi poder, ¿me oís?
—Pero Èriu…
—¡He dicho que no quiero peros! –bramó de nuevo estrellando el puño en la mesa. Estaban empezando a cansarla—. ¿Sois hombres o niñas de colegio? ¿Esto sois? ¿Tres hombres que se cagan por la pata? Si es así, podéis olvidaros de mí y de lo que os han prometido. Largaos por donde habéis venido, buscaré a otros.
Hizo el amago de levantarse, pero Amardam la cogió del brazo.
—Lo que dice Robert es verdad. Son temibles, Èriu. Yo las he visto luchar en más de una ocasión contra los lesser y no se andan con juegos. Una de ellas está con él –creyó conveniente añadir.
A Èriu le pareció interesante lo que le estaba contando el hombre, así que volvió a tomar asiento. Sonaba algo más… Creíble. ¿Lesser? ¿Qué cojones era eso? Frunció el ceño y esperó a que su hombre empezara a ladrar por esa boca tan grande que tenía.
No tardó en empezar.
A cada palabra que pronunciaba, la idea de alcanzar su propósito se hacía más interesante. Iba a tener oportunidad de enfrentarse a la persona que más había odiado en esa vida… Después de él. Y a todas sus “hermanas”, como parecía ser que se llamaban entre ellas. Se le hacía la boca agua de sólo pensarlo. Muerte, sangre… Sí, otra vez.
“Gracias, Aoibheal”.
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Chad
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #223 en:
Marzo 15, 2010, 08:17:58 »
Chad se alejaba de la batalla después de saber que el lyco, Kyerann y las otras hembras guerreras se encontraba bien después del ataque que utilizaron los Sympaths.
Qué lástima, ya tenía todo preparado para entrar al estilo super chulo héroe y patearles los talcosos culos. Al menos vencí a uno grande.
-Ouch- protestó debilmente entre jadeos y se ponía una mano en la herida. –Maldita cría loca, no pudo ser más sutil para quitarme la daga.
Mientras continuaba maldiciendo a Mei siguió caminando como humano por el bosque, dejando árboles tras árboles, su cabaña se encontraba bastante lejos del lugar de la batalla. Se había percatado del ataque por la inquietud en las criaturas naturales. Los enemigos hicieron tanto ruido que asustaron las aves, los chillidos eran como las alarmas de bomberos ante cualquier incendio. De inmediato se transformó en león si salió a investigar.
Conoció a Kyerann desde hace más de dos años, antes que entrara a trabajar Spice Blood. En un bar, entre cervezas el lyco le propuso en un lugar tranquilo para vivir, fuera del bullicio o el contacto con humanos. Y como agradecimiento ayudaría su camarada.
Nunca pensé que esas yucas peladas pusieran pie aquí. Me han tomado desprevenido. Esto me pasa por no entrenar como es debido.
Nacido y criado como un guerrero romano por su tío, Gaius Magnus, un despiadado hombre en todo sentido de la palabra, el hombre más poderoso en su tiempo, donde él fuera las personas del pueblo le tenía respeto combinado con miedo. Chad deseó alguna vez llegar a ser como ese hombre, la misma ambición de tener ese control sobre el pueblo, obediencia absoluta y rodeado envidiable riqueza. Durante su infancia le enseñaron que los sentimientos como el amor y otras emociones no estaban permitidos si quería ser un guerrero de verdad. No estaba permitido llorar, en esos casos sería azotado duramente. No se podía confiar en nadie porque terminarían traicionándote después, solo podías confiar en ti mismo.
El viaje por el tiempo fue accidental y hasta ahora nunca supo como regresar, sabiendo el triste y desagradable final que le esperaría, su tío le aseguraría de eso. Desde que se encontraba en esta época, el macho ha sentido que su vida no ha sido más que problemas. Y ahora era perseguido por su antigua patria Litarian Katagaria y por Arcadianos, un crimen que nunca se comprobó pero le dieron por hecho. Nunca toleraron su mestizaje, los cambios, pasando la dolorosa transformación que ha superado por sí mismo.
Muy pronto, con una leve ráfaga de viento acariciándole el rostro, levantó la mirada fija, mientras pasaba volando una enorme águila del firmamento cielo, se alegró de ver una cabaña sobre una alta colina, un nuevo refugio, su hogar.
Observó con mucho cautela su alrededor, olfateo el aire fresco y estornudo cuando aspiró el polen de las flores. Asegurándose que no hubiera algún sospechoso, siguió con paso seguro hacia la casa. Una vez frente la puerta levantó del piso la alfombra donde escondía la llave. El clic de la cerradura se escuchó, entró pisando suavemente el suelo hecho de madera. Cerrando con la misma suavidad la puerta.
Pasando por la sala y la cocina apenas iluminados por la luz del sol, siguió caminando por el pasillo hasta abrir otra puerta. Dentro bajo por las oscuras escaleras, uno por uno, mientras se iba quitando la manchada camisa de su propia sangre.
Sus pasos se detuvieron. Miró hacia la derecha, el gatito naranja con rayas blancas. Bestia. Seguía dormido en la misma posición cuando salió de la casa. Con las patitas arriba igual cuando se mata una cucaracha con el rostro condenadamente sonriente, despreocupado y relajado.
-De verdad eres el bichito más raro que he visto y no me explico cómo puedes comer tanto- susurró mirando el lejano sofá donde la pequeña criatura dormía y emitía débiles ronroneos – ¿Qué clase de gato se puede comer tres salones de 6 kilos?
Dejando las sospechas para luego, siguió su camino hasta el baño, solo tuvo que quitarse los jeans ya que las tennis se echaron a perder durante la transformación y no se molestó en cubrirse los pies nuevamente. Se metió a la ducha y poco a poco los duros musculos protestaron por cada gota caliente sobre él. Se lavó con mucho cuidado los rasguños, la herida más grande y quitando su sangre y el horripilante olor a talco que se iba por el drenaje.
Saliendo en la ducha, se secó como pudo con una toalla envuelta en la cintura, y con cierta pereza se metió a la
cama
. Esperando que el sueño llegara, dejando que el tiempo curara sus heridas físicas y cuando despertara buscaría por internet videos de sexo duro antes de ir al trabajo nocturno.
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Última modificación: Marzo 15, 2010, 08:20:36 por Chad
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Re: Luna Oscura: Segunda Oportunidad
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Respuesta #224 en:
Marzo 15, 2010, 18:20:34 »
Autor:
Beth
Escocia
E
ra un día fresco y soleado. Los grillos cantaban alegres entre las altas hierbas amarillentas; las frondas de los helechos, como delicados encajes, se doraban bajo los fuegos de los primeros rayos de aquella jornada. Todavía no había transcurrido una semana desde el entierro de Eibghlin, la mujer que lo había encandilado y, ya tenía que volver a irse a las montañas, a esconderse como habían hecho durante los últimos seis años. Él y su hijo. Como perros…
Después, habían pasado dos semanas. Los rumores de nuevos ataques, que les llegaban a través de los pastores de ovejas y los residentes por aquellas zonas, se habían incrementado. Sin embargo, no habían encontrado ni uno de los muchos guerreros que estaban esperando. Los cuales se suponía que debían llegar de un momento a otro… Según los “emisarios” de la Reina. Habían confiado en ella después de tanto tiempo. Les había ofrecido su mano y ellos la habían aceptado. Más bien él. Su hijo renegaba aún de ofrecerle su confianza y lo mostraba abiertamente. El paso de los años y de la vida, el pequeño se había convertido en un hombre totalmente desconfiado y frío. No le daba la espalda ni a su mismísima sombra, dormía con una automática bajo la almohada y, no contento con eso, con un ojo abierto.
Tras varios días más sin recibir noticia de los machos esperados, decidieron volver al pueblo recorriendo las montañas, evitando los caminos principales por donde circulaba la gente con sus vehículos. Cual auténticos animales corrían por los bosques sin ningún tipo de miramiento.
Hasta que llegó el fatídico momento.
Según algunos hombres que escucharon la pelea, hubo un corto intercambio de palabras entre el que parecía el cabecilla del grupo y el hombre. Unas palabras que nadie consiguió escuchar con claridad. Después, como si nada hubiese ocurrido allí, los hombres habían seguido su camino. En esos momentos, un disparo hizo eco contra los robustos tallos de los árboles, un único disparo que inmovilizó a todo el mundo. Temerosos, creyendo que estaban contra ellos, los hombres sacaron las armas escondidas –“Nadie con dos dedos de frente iría sin defensa” había dicho uno, excusándose— y se unieron a la refriega…
Que dejó dos muertos del lado de los humildes humanos y otro gravemente herido. Este último, como pudo, lo vieron escabullirse de todo el tumulto de personas, policías y demás, encontrando de nuevo refugio en las montañas.
Salí al exterior de la cabaña; atraído por el gorgoteo de la cascada, di unos pasos hacia el espeso bosque de abedules vestidos con un velo brumoso que se extendía por todo el valle, alzándose ante mí. El agua estaba fría. Me refresqué la cara y el cuello. Después, me senté en la orilla y abandoné mis pies a las caricias de la corriente, dándome unos minutos de paz y tranquilidad. Desde que habíamos llegado no había tenido tiempo a dedicarme unos minutos a mí mismo; a la soledad… Bien tan apreciado con el paso de los años por mí.
Los incesantes graznidos de los cuervos me habían despertado y me llevaban jodiendo desde el amanecer. Busqué con la mirada esos pájaros sacados del mismísimo infierno. Había uno encaramado en la rama más alta del viejo roble que daba su sombra sobre nuestra cabaña; realmente parecía que me estaba mirando. Rebusqué en la hierba hasta encontrar una piedra lo bastante grande como para, si acertaba, acabar matando al maldito pajarraco. Pasó unos centímetros por su lado y ni siquiera se inmutó.
—Cabrón… Qué suerte ten…
No acabé la frase. No pude hacerlo. Un movimiento a los lejos, entre los árboles me hizo tensarme y coger la automática. Me levanté haciendo una mueca preparándome para lo que fuera a salir de entre los arbustos. Enfoqué el matorral en cuestión. Mi pulso no temblaría; aún podía recordar los dolores que acogían mis brazos y espalda por los duros entrenamientos. Estaba preparado… Por un momento, se me pasó por la cabeza la idea de que fuera mi padre que había regresado del pueblo, pero no podía ser.
Después de unos instantes, entorné los ojos y reconocí el sonido de unas pisadas familiares. Con cierta alegría, bajé el arma esperando a ver la cabellera negra de mi padre asomando entre las ramas punzantes del arbusto. No aparecía. No estaba. ¿Qué cojones estaba pasando allí detrás? ¿Por qué no salía?
Se me heló la sangre y la mano se me crispó al escuchar un gemido de dolor. Un terrible presentimiento me oprimió el pecho.
—Padre… —conseguí articular.
Di un paso al frente al ver cómo, lentamente, las ramas se abrían dejando paso a un cuerpo prácticamente sin vida. Sangre manchaba su camisa beige a la altura del pecho; una gran mancha roja. Su melena negra se esparció sobre el suelo, mientras su boca pugnaba por introducir aire en sus pulmones. Mi padre… No. No podía dejarlo solo. Como un niño pequeño, azorado y temeroso, corrí a su ayuda arrodillándome a su lado.
—¡Padre! –rugí con furia, incapaz de creerme lo que veían mis ojos.
No pude hacer mucho más que cogerlo en los brazos y correr a la cabaña, metiéndolo en el interior. Una vez en la cama, me giré para buscar algo con lo que taponar la herida pero una mano ensangrentada me lo impidió reteniéndome al lado de la cama.
—No…
La camisa del hombre estaba escarlata de sangre: su sangre. Su pecho se levantaba con dificultad, con un silbido preocupante. Estaba gravemente herido… Tenía que ayudarlo. No podía pedirle que no lo hiciera, joder. Era su obligación. No podía dejarlo sólo. No estaba preparado todavía.
—Padre –murmuré con una suavidad muy poco común en un hombre, inclinándome sobre él—. Voy a curarte. Déjame ir a por las…
—Mi… hijo… —articuló él con esfuerzo, buscando mi mano.
Nuestros dedos se soldaron unos con otros. Él suspiró, y su boca se torció en un rictus de dolor que me hizo apretar las mandíbulas. Se recuperaría. Habían salido de situaciones peores.
—Nos… me han atacado… Ellos… —susurró con la voz entrecortada—. Han vuelto… tienes que… un disparo… y todo… comen… comenzó… en el… segundo… camino.
—Sh, calla. Voy a por…
—Hace una… hora –me interrumpió apretando mi mano—. Ve… vete…
Tenía tantas preguntas que hacerle. Sabía quién era “Ellos”; sabía qué tenía que hacer. Pero no ahora. No podía huir como un perro otra vez. Se hizo el silencio cargado de reproches, por un lado, y de culpabilidad, por otro. Vi que la camisa tenía una zona hecha trozos, entonces recordé unas palabras que me había dicho hacía mucho tiempo. Había querido protegerlo. Por eso había tardado tanto en llegar. Se dejaba en ello la vida, su vida…
—¡No, padre! –protesté intentando soltarme de su agarre para ir a buscar algo para curarle. Tenía que taponar la herida, coserla… Ayudarlo. Pero el condenado tenía más fuerza que un burro aún en ese estado, tan próximo a la muerte.
Él solía decirme que los hombres no lloraban. Les hacía cobardes, inútiles, débiles… Pero en esos momentos no podía pedirme que me mantuviera sereno. Se le estaba yendo la vida a la única persona que me quedaba en ese puto mundo, a la persona que había dado la cara por mí en numerosas ocasiones: mi padre. El hombre que había querido dar su vida por la mía. Lo miré con los ojos llenos de espesas lágrimas, ni una sin derramar. Una mano se deshizo de la mía y se posó en mi brazo. Su mano temblorosa pasó después a mi mejilla. Luego, cayó pesadamente sobre su pecho.
—No llores… hijo.
—Padre, padre… No me dejes.
—Yo… creo que esta vez… no pu… puedo hacer… nada. Demasiada sangre… perdida. –Respiró, apretando mi mano con un espasmo para controlar el dolor—. Se fuerte…
—Lo seré, padre. ¡Oh, por Dios! No te mueras, padre.
—Dios… así lo ha decidido, hijo. Me has hecho feliz. Yo… Me voy feliz de verte hecho… un hombre. Orgulloso de… ti… sin arrepentimientos… no estés triste.
Una risa burlona me ahogó. Bruscamente, me di cuenta de que su vida se deslizaba entre mis dedos y de que no podía hacer nada. Él esbozó una débil sonrisa e inspiró profundamente con un silbido que no auguraba nada bueno.
—Me reuniré con tu madre… la encontraré, pronto…
—Pronto… —Apreté más la mandíbula cerrando los ojos—. Sí, pronto, padre.
Sus dedos se deslizaron entre mi pelo dorado, como el de mi madre. Después descendieron hasta mi pecho, hasta el lugar donde latía mi corazón con fuerza. Tras unos segundos, en los que esbozó una torcida sonrisa, volvió a tomar posesión de mi cara y me obligó a hundirme en el azul de su mirada.
—Nunca te lo dije… Te pareces tanto a… ella.
—Lo sé, padre.
Apreté los dientes aguantando las lágrimas como podía. No iba a derramar ni una sola como él me había pedido tantas veces. Por él. Los ojos de su padre se trastornaron. Volvió a hacer una mueca, se arqueó ligeramente y después se hundió. El final estaba próximo. No quería verlo sufrir. Pero tampoco quería acabar con su vida…
—Háblame, padre. No me dejes, háblame.
—Tantos años… huyendo, hijo… han llegado a su fin… conmigo… Vuelve… enfréntate a ellos… tú puedes… yo lo sé. Te veré desde allá arriba… al lado de ella… Nuestro apellido continuará contigo. Tu vida no acaba aquí… sigue con lo que teníam… —Se encogió de dolor—. Continúa. Lucha…
Emitió un débil gemido que me hizo apretar más las sábanas entre los dedos. Seguiría por él. Cerró los párpados para dejar pasar el dolor. Después, sonrió.
—Te duele. Cállate y…
—Búscalos… hay más… —continuó, cabezón—. Él debe de estar tan… perdido… tan…
Su voz se hacía cada vez más débil; yo, sin darme cuenta, me aferraba a ella desesperadamente.
—Lo haré –lo tranquilicé, apretando su mano bajo la mía a pesar de que no tenía ni idea de a quién se refería—. Lo encontraré, te lo prometo.
Suspiró y meneó la cabeza, satisfecho.
—Te quiero, hijo… —Asentí tragando saliva. Nunca me había dicho esas dos palabras. Nunca. Ni cuando había muerto su madre. Dios…—. Ahora… abra… abraza a tu padre –me ordenó.
Cerré los ojos y me incliné sobre él. Conteniendo las lágrimas, apoyé la frente en sus labios como me indicaba. Sus labios estaban fríos, gélidos… Con ese beso, recogí su último aliento.
Alcé la cabeza cuando dejé de escuchar el latido de su corazón. Las manos cayeron a los lados de su cuerpo, muertas. Sin vida. Me arrodillé en el suelo cogiéndolas entre las mías cálidas con fuerza. Levanté la cabeza al cielo y rugí con todas mis fuerzas. Fue un rugido de dolor, sentía que mi pecho iba a explotar –como mis ojos— mientras pasos y voces se escuchaban en el exterior de la cabaña, acercándose.
—Te seguirán –dije con la voz rota.
Me levanté y tras taparlo con la sábana de la propia cama, caminé hasta la repisa donde estaban mis armas. Cogí la otra automática, la espalda y los cuchillos. No iban a salir impunes por lo que habían hecho.
Antes de salir a enfrentar lo que, seguramente, sería una dura batalla me giré hacia el cuerpo sin vida de mi padre. Tendría un entierro digno. Allí dónde él más deseaba yacer… En las aguas oscuras del lago de su amado valle. Vengaría su muerte aunque tuviera que seguir sus pasos hacia el otro mundo, aunque fuera lo último que tuviera que hacer.
Le sonreí sintiendo una lágrima caer por mi mejilla que fue rápidamente cortada por mi mano manchada por su sangre.
—Yo también te quiero.
Fue mi despedida…
«
Última modificación: Marzo 15, 2010, 18:44:22 por Valnelia
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