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Cronicas Oscuras
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Beth
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Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Tema: Una subasta, los machos, y sus 24 horas... (Leído 1101 veces)
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DreamgirL
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #15 en:
Octubre 06, 2009, 16:04:05 »
El maldito pitido la sacó de sus hermosos e idílicos sueños. Un mensaje...¿a esas horas de la mañana? Dream se dio la vuelta en la cama mientras estiraba los brazos y...
¡PUM!
Un gruñido de dolor escapó de los labios de Dream cuando esta se encontró "cara a cara" con el suelo. La ejecutora apoyó una mano en el suelo y se intentó levantar, pero las sábanas estaban enredadas en sus piernas.
-¡Maldita sea! Empezamos bien el día...- con movimientos bruscos se deshizo de las sábanas. Una confrontación que le llevó unos cuantos minutos más de los esperados. Una vez en pie, se puso encima de las sábanas tiradas por el suelo y saltó encima de ellas, regocijándose en ello- ¡Y no volváis a despertarme así, malditas!- se echó la melena por el hombro y, con una sonrisa de satisfacción, se dirigió más relajada a por el móvil, el cual estaba justo encima de la mesita del otro lado de la cama. SE tocó la frente mientras caminaba...le dolía terriblemente la cabeza. Eso le pasaba por festejar tan intensamente... Cogió el móvil y leyó el mensaje.
A las 5 en punto te pasaré a buscar. Hoy comienzan tus 24 horas...dedicadas completa y exclusivamente...a mí. Prepárate, leoparda.
-¿HOOOY? ¡Maldito sea!- Dream bajó corriendo las escaleras en pos del despacho de Val. Reprimió el impulso de entrar gritando y lloriqueando en el despacho de su jefa, respiró hondo, picó a la puerta y entró.
-¿Querías algo, Dream?
-Oh, Val...- se sentó en la silla de enfrente- ¿Por qué hoy? Mira...- señaló sus ojeras, su pelo y a ella en general- Además, ese malnacido me las hará pagar muy caras...
-Lo siento, querida, pero el acuerdo fue claro. Nos subastamos, nos arriesgamos a que cualquiera tuviera el derecho de pasar 24 horas con nosotras...- Val la miró perspicaz- Claro que, hay cosas que si no queremos hacer, podemos evitar...
-¿Ah, sí? - Dream simuló no haber entendido la indirecta de Val- Pues dime tú a mí cómo le digo yo a Gabriel que no quiero, por ejemplo...¡fregar los platos que él ensucie! Supuestamente tengo que hacer lo que él diga...
-Sobrevivirás, Dream, de eso estoy segura.
-Pues yo no tanto...- murmuró D, contrita. Al ver que no tenía nada que hacer, se despidió de Val, que le deseó "buena suerte" con una sonrisa divertida y subió a su habitación de nuevo.
CAOS. De repente, no sabía qué hacer. Ni por dónde empezar. ¡Maldita sea! ERan las doce de la mañana...Cuando se había despertado no parecía tan tarde...Tenía que bañarse, echarse cremas y todas esas cosas...peinarse, vestirse...¡OH SEÑOR! ¿Qué se iba a poner? Dream estaba paralizada en medio de su cuarto, mirando a todos lados. ¿Por dónde empezaba? El móvil volvió a sonar y la desparalizó. Leyó el nuevo mensaje:
La hora se acerca...¿ya sabes qué perfume te echarás para mí?
Dream le insultó en todos los idiomas que conocía y no pudo resistirse a mandarle un mensaje con la respuesta: "Estaba intentando decidirme entre olor a establo o a pocilga...Creo que me quedaré con el segundo". Satisfecha, corrió al baño a darse una laaaarga ducha.
Media hora después, empapada, Dream salió del cuarto de baño con el pelo chorreante pero con cara de felicidad. Estaba mucho más relajada. Había apagado el móvil, para que Gabriel no le diese más la tabarra. Se secó el pelo y se untó la cara con una de sus cremitas. Mientras, tatareaba la primera canción que se le pasaba por la cabeza.
A las dos menos cuarto Dream estaba rebuscando en su ropero qué ponerse. El maldito gandul no le había dicho adónde la llevaba, ni siquiera una pista...Al final se decidió por unos vaqueros y una camiseta-vestido violeta que se acortaba o alargaba en función de lo que quisieras llevar. En su bolso metió unas sandalias bajas y preparó unos zapatos de tacón a juego con el vestido para ponerse antes de partir. Una vez satisfecha, fue de nuevo al baño para poner a calentar la plancha para el pelo.
A las cinco menos cuarto estaba dándose los últimos retoques a su maquillaje, el cual no era gran cosa. Sólo había resaltado los ojos, con sombra lila, raya negra y rimmel. Los labios los había dejado con gloss solamente. Se echó un poco de colorete y se miró al espejo. Su larga melena, lisa, le caía por los hombros, al descubierto por la camiseta-vestido de palabra de honor. En su cara no había ni rastro de ojeras ni cansancio. Sonrió. Fue a preparar el bolso y a ponerse los zapatos. Eran las cinco en punto cuando Dream bajaba las escaleras de la Mansión, sin darse mucha prisa. Se despidió de Joseph antes de salir al exterior, donde la esperaba Gabriel en su coche, con el ceño fruncido, cómo no. Nada más sentarse en el coche, arrancó.
-¿Sabes que me has hecho perder cinco minutos PAGADOS de mis veinticuatro horas?
-¿Sí? No me había dado cuenta...- giró la cabeza para ocultar la sonrisa que le venía a la boca.
-No te preocupes. Ya había hablado de esto con Val...Por supuesto que me los puedo cobrar mañana a estas horas- miró su reloj- Veamos, son las cinco y diez de la tarde. TRanquila, mañana a estas horas te dejaré vivita y coleando en la puerta de la Mansión.
Unos murmullos por parte de Dream hicieron esta vez sonreír a Gabriel. Se lo tenía bien merecido, esa leopardilla. De lo que estaba seguro es de que aprovecharía cada segundo de ese día con ella. No se podían desperdiciar oportunidades así.
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Última modificación: Octubre 06, 2009, 16:12:36 por DreamgirL
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DreamgirL
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #16 en:
Octubre 07, 2009, 16:26:34 »
FLASHBACK: Día de la subasta
La Subasta había sido todo un éxito. Se había reído mucho por las caras de algunos posibles compradores cuando escuchaban las cantidades desorbitadas de dinero que los amantes o novios celosos pagaban por sus Ejecutoras. Ella había salido nerviosa cuando le tocó su turno, pero cuando vio que llegaban a los 15000 arqueó las cejas y se sorprendió de lo que algunos pagarían por ella. Entonces oyó una voz ronca desde el fondo, no entendió bien lo que dijo...Hasta que Rehv preguntó si alguien daba más de 20000. Entonces nadie pujó más y Dream entrecerró los ojos para intentar ver a su misterioso comprador. No le había visto. Pronto lo averiguaría...
Dream se dirigió al despacho de Rehv para enterarse de quién era su comprador. Picó y entró sin demasiados miramientos.
-¿Quién, Revh?
-Hola, diosa mía- dijo con picardía recordando la cita de ambos hacía tiempo- ¿Quieres saber quién te ha comprado? Mmmmm- se quedó pensativo- No pude apostar en su momento, pero, si quieres, puedo ofrecer 1000 más por ti, preciosidad...Sólo si repetimos aquella noche...- Dream escuchaba divertida el monólogo de Rehv y escuchó un gruñido a sus espaldas. Gabriel salió de las sombras del despacho y la agarró por la cintura.
-Rehvenge, te aconsejo que no vuelvas a intentar otra noche con DreamgirL. Por tu bien- dijo amenazante.
-Ohhh. Así que con esas vamos...- su mirada era provocadora- Bien, no habrá nada que ella no quiera tener entre nosotros, ¿Te parece?
-Maldito...
-Gabriel, tranquilízate, machote- dijo Dream con el ceño fruncido- ¿Qué coño haces tú aquí? No te avisé de esto.
-No me lo recuerdes, fierecilla. Si no me hubiera enterado por mis propios medios, podría haberte comprado cualquier gilipoyas, como este que tienes enfrente.
-Eh! Sin faltar...- dijo Rehv distraído- Gabriel, ya has pagado así que puedes llevarte tu premio.
-Hasta luego, Rehv- dijo Dream saliendo de la habitación. Una vez fuera, Dream se giró hacia Gabriel que estaba detrás de ella- Mira, Gabriel, ahora mismo estoy un poco liada…- tenía que volver a la Mansión, lo intuía, había problemas- Así que mejor lo dejamos para otro día…y hablamos del por qué de esta tontería tuya.
-¿Tontería?- vio en sus ojos que tenía prisa, así que no quiso ponerse pesado- De acuerdo, ya hablaremos, leoparda. Más pronto de lo que piensas.
-Sí, claro…- por lo bajo murmuró un “Eso te crees tú” y se alejó a paso rápido hacia la salida. Tenía que volver a la Mansión y quitarse ese peso que se le había enganchado en el corazón. En cuanto a Gabriel…de aquí a que cumpliera su acuerdo…a lo mejor se le olvidaba ¿o no?
PRESENTE
-¿Y bien?-preguntó Dream, con los brazos cruzados sobre el pecho.
-¿Y bien, qué?
-Creo que teníamos una conversación pendiente...¿no es así?- giró la cara para recibir el viento que entraba por la ventanilla abierta. Su pelo se alborotó un poco, pero a Dream no le importaba.
-Ah, te refieres al por qué te compré en la...
-Me alquilaste, querrás decir- le interrumpió Dream.
-...subasta- Gabriel hizo caso omiso del comentario de D y siguió hablando- La verdad es que no lo sé...Quizás porque algún desgraciado te podría haber comprado y hacer contigo lo que quisiera...O tal vez por el hecho de que tu padre me mataría si se enterara de que sabía lo que ibas a hacer y no hacía nada para impedirlo...- "Y porque no podía soportar verte en brazos de otro hombre" pensó Gabriel, pero no lo dijo en voz alta.
-Así que fue eso...- D estaba molesta. Muy irritada y decepcionada. Disimuló bien su reacción. Ya había quedado en ridículo delante de Gabriel una vez, hacía bastante tiempo...No se volvería a repetir.
Estuvieron un rato en silencio, Gabriel por miedo a decir más de lo que quería y Dream porque quería decir cosas que no debería, porque delatarían sus sentimientos. ¿Y qué sentimientos? No quería pensar en ello. Menudo día empezaba... Sacudió la cabeza y alejó las preocupaciones, estaba ya harta de comerse la cabeza por nada.
-¿Y bien?- volvió a repetir.
-¿Y bien, QUÉ, Dream?
-¿A dónde me vas llevar, zoquete?
-¿Cómo que...?- Gabriel respiró hondo y no pensó en el insulto- Es una sorpresa, querida, sólo te digo que está a unos quince kilómetros después de atravesar el bosque. Te va a encantar, tranquila.
-Suena bien- D sonrió un poco más contenta. Miró por la ventanilla y observó lo negro que estaba el cielo. Parecía que iba a...
-¡Joder! - Gabriel agarró con fuerza el volante. En cuestión de minutos había empezado a llover casi torrencialmente. Habían disminuido la velocidad por la poca visibilidad en la carretera.
-Menudo día que se ha quedado...Espero que tu plan no fuera una merienda campestre...
-No precisamente- gracias a Dios, Gabriel había reservado una suite en el mejor hotel de la zona. Con piscina, jacuzzi, balneario...Sería perfecto.
Entraron en el bosque y la carretera se estrechó. La lluvia seguía cayendo cada vez con más fuerza, como una tormenta de verano sin fin. Las gotas aporreaban los cristales con tal fuerza que D casi creyó que iban a romper. Un ruido sordo la sacó de sus pensamientos. Estaban parando.
-¿Por qué te paras?
-¡Maldición! ¡Se ha jodido!- Gabriel giró de nuevo la llave pero el coche no arrancaba.
-¿Qué me estás contando? ¿Que estamos aquí, en el medio de la nada, perdidos?
-Cállate, Dream. Ahora mismo, cállate.
-Maldito seas tú y tu estúpido coche...
Gabriel salió del interior del vehículo, poniéndose empapado, abrió el capó y echó un vistazo. Se pasó una mano por el pelo, que ya le goteaba. A decir verdad, no tenía ni la más absoluta idea de lo que le ocurría al maldito coche.
-¡Eh, tú!- Dream había salido del coche, y parecía muy enfadada- Primero, no me dejes con la palabra en la boca...- le dio con el dedo índice en el centro del pecho- Segundo, ¿Cómo se te ocurre salir del coche con este temporal? Y tercero...
-Te informo de que usted también está fuera del coche, señoritinga.
-Oh...Ya me había dado cuenta- las gotas de lluvia le resbalaban por la cara, se le paraban un momento en los carnosos labios y seguían bajando por su esbelto cuello. Maldita sea, estaba preciosa. Gabriel la cogió por la cintura y la acercó a él. Los dos estaban empapados, con las ropas pegadas al cuerpo, con el pelo chorreando... D le rodeó el cuello con los brazos, se puso de puntillas y le besó. Las manos de Gabriel subían y bajaban por su espalda y su trasero. Las de D, le acariciaban la nuca, el pelo, la cara...Sus bocas no parecían querer despegarse. Cuando D se apartó para recuperar la cordura, Gabriel gruñó y la volvió a acercar a él. Esta vez el beso fue más ávido, más frenético. El deseo los consumía. La lluvia seguía cayendo sobre ellos cuando fueron conscientes de nuevo de dónde estaban.
-Esto...- Gabriel se rascó la cabeza- Creo que deberíamos llamar a una grúa- Gabriel miró su móvil- Llama tú, por favor. Yo no tengo cobertura.
-De acuerdo...- D sacó del interior del coche su móvil y frunció el ceño- ¡Maldita sea!- empezó a darle golpes- ¡Se me ha apagado! ¡No me jodas!
-Que no cunda el pánico, D...Ayúdame a apartar el coche de aquí en medio. Hasta ese hueco de allí- señaló un entrante al bosque, en el que cabía el vehículo y no molestaba a los que pasaran por la carretera.
TRas dejar el coche en un sitio seguro, la pregunta volvía a ser la misma. ¿Qué hacían ellos? Dream pensó que nunca le había pasado algo así. Tanta mala suerte seguida...Ni cuando se había internado en el bosque y había empezado a llover a cántaros le había pasado eso. Había tenido la suerte de encontrar...
-¡La cabaña!
-¿Qué cabaña?
-Coge lo que necesites, yo cogeré mi bolso- Dream abrió la puerta del coche y agarró su bolso. Luego, le hizo señas a Gabriel, que la siguió sin comprender qué hacía- No muy lejos de aquí...- la respiración sonaba agitada, la tierra estaba húmeda y resbalaba bastante- ...hay una cabaña de un leñador. Está bastante bien, y él la deja abierta por si alguien la necesita...
-¿Y él está allí?
-No, sólo está los fines de semana.
-Ah.
-Así que podemos decir que hemos tenido suer...¡AAAhhhhhhh!- Dream resbaló y cayó por una pequeña cuesta...justo encima de un charco de barro. La sarta de improperios que salieron de su boca fue digna de grabar.
-¿Estás bien?- Gabriel le tendió la mano y, una vez ella estuvo de pie, asimilando la vergüenza, él se empezó a reír.
-¡Que te den! ¡Gilipoyas!- y así echó a caminar, con sus vaqueros y su camiseta cubiertos de barro, el pelo salpicado de lo mismo y la cara con puntitos marrones de tierra húmeda.
Llegaron unos quince minutos después, tras varios traspies más por parte de D y alguna risa contenida por parte de G. Las fulminantes miradas que le echaba la una al otro servían para que no se hablara en toda la expedición. Cuando por fin entraron en la casita, D gritó con fuerza.
-¿Qué coño te pasa ahora?
-Necesitaba desahogar- dijo tranquila.
-Hummm.
-Oye, G.
-Dime.
-Enciende el fuego, anda.
-Se supone que la que me tienes que complacer eres tú...a mí.
-¡Oh vamos! Estas circunstancias son especiales!
-He pagado por ti...
-Que te jodan, Gabriel- Dream se alejó de él con paso firme y se puso a preparar el fuego. Gabriel la contemplaba divertido. Tenía tanto carácter...y al mismo tiempo tan buen corazón. Era increíble, su leoparda. Un momento ¿su? ¿SU? ¿Él había pensado en eso? La tormenta le estaba haciendo delirar, sin duda. Decidió no tentar más al destino y buscar algo para cenar esa noche. Algo tendría que hacer...Al parecer, allí iban a pasar la mayor parte de sus 24 horas. Sin duda alguien le había gafado...Gabriel echó una mirada de reojo a Dream.
D, por su parte, seguía refunfuñando mientras preparaba el fuego. ¿Quién se creía que era? ¿Su esclava? ERa capaz de pedirle dinero al mismísimo diablo para tirárselo en la cara a G, con tal de que no la mirase como si fuese suya...Dándolo por hecho. D frunció el ceño. Su corazón había dado un brinco cuando se había imaginado que G la quería para él. Entera. Suya. ¿Por qué, maldita sea? Ya se había enamorado de él una vez, y había salido más que escaldada. La hija mestiza de un leopardo y una bruja no era digna del hijo del jefe de la manada. Sin embargo...A veces, él era tan...D sacudió la cabeza y empezó a enumerar sus defectos: arrogante, testarudo, malhumorado...cautivador, seductor, guapo...¡Oh, Dios! ¡Otra vez no!
-¿Dream?
-¡Qué!- al ver la sorpresa de Gabriel por su grito inesperado, se calmó- Lo siento...estaba pensando en otras cosas...
-¿Ah, sí? ¿En qué, si puede saberse?- G se acercó lentamente, rodeándola, como el buen depredador que era. La arrinconó contra la pared y D pudo oler su aroma masculino, poderoso, fuerte.
-Es que no puede saberse, ¿sabes?- su voz la delataba, estaba nerviosa.
-¿Acaso estabas pensando...en mí?- G agachó la cabeza, y empezó a acariciarle el cuello a Dream con la punta de la nariz, con su respiración. Le mordió el lóbulo de la oreja, haciendo que D se estremeciera de placer y la besó en el cuello, justo en el lugar donde a ella más le gustaba. Un gemido ahogado salió sin querer de la gargante de D, que se sujetó con fuerza a la ancha espalda de G, clavándole las uñas- ¿Estabas pensando en esto, D? Porque yo sí. Cada hora, cada minuto, cada segundo. No puedo dejar de pensar en ti, pequeña leoparda- le confesó G, apoyando su frente contra la de ella y cerrando los ojos para respirar hondo.
Eso la desarmó, por completo. Se abrazó a él como siempre había querido hacer. Sin pensar en nada. Sin preguntarse qué es lo que G pensaría de ella, o qué creería que ella sentía por él. Simplemente quería abrazarle, sentirle, ...amarle.
-¿Por qué no te das un baño, amor?- Gabriel la apartó un poco- Yo te calentaré el agua en el fuego. Vete a la otra sala y quítate esta ropa húmeda y sucia. O te me pondrás enferma- le besó el pelo y se alejó a buscar una olla para llenarla de agua. Dream se abrazó a sí misma, sintiendo el frío de su ausencia. Se sentía completamente desprotegida sin su coraza de acero. Se sentía indefensa. Pero, al mismo tiempo, sintió como Gabriel, con sus palabras, y sus actos, la arropaba, la cogía, la sujetaba, para que no se sintiese débil. Ni sola.
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DreamgirL
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #17 en:
Octubre 12, 2009, 01:09:42 »
Dream salió de la bañera tras un ligero percance con Gabriel, que se había querido meter con ella...y D necesitaba pensar, al menos, un poco. Y sola. Pero en esa casa tan pequeña, con dos salas de estar simplemente y una de ellas era el baño, era imposible. Pero al menos tenían algo... Un escalofrío le recorrió la columna al imaginarse bajo la fría lluvia y sin ningún lugar donde atecharse. Salvo el coche. Maldito coche...Fue a buscar su ropa pero no la encontró. Respiró hondo, muy hondo.
-¡Gabriel!
-Ah, ahora me necesitas, ¿eh sosa?
-¿Dónde coño está mi ropa?
-Secando.
-Ya tendría que haber secado...
-La he lavado- Gabriel entró a la salita pequeña. Dream sólo se tapaba con una toalla...que no dejaba mucho a la imaginación. Él sonrió y la miró de arriba abajo.
-¿Qué?- intentó no pensar en la forma en que él la miraba- ¿Y qué me pongo yo ahora?
-¿Hubieras preferido que no la lavara, cochina?
-¡Cómo te atreves a insultarme!- le empujó con fuerza y G la agarró por los antebrazos. Forcejeó un poco contr él, pero no sirvió de nada. Al final, desistió en su intento por hacerle perder el equilibrio.
-¿Qué tal si te quedas...así?- G alzó las cejas y D bajó la mirada...¡la maldita toalla se le había escurrido sin darse cuenta!
-¡Oh, joder!- D enseguida se la colocó, pero el ridículo ya estaba hecho. Fulminó con la mirada a G, levantó la barbilla y se sentó en la mesa, que estaba llena de platos con diversa comida enlatada encima. Entonces se fijó en el atuendo de Gabriel. Llevaba sólo los pantalones puestos, con todo ese hermoso pecho al descubierto, cinta aislante alrededor del cuello, imitando a una pajarita...o algo por el estilo, y un trapo colgado del brazo. Todo un camarero de un restaurante de lujo. Enseguida se le pasó el enfado y sonrió.
-¿Y ahora sonríes? Desde luego, Dream, tienes unos cambios de humor...
-¿Eres mi camarero?
-Y tu chef. Así que vete pensando en cómo vas a agradecérmelo...- levantó las cejas repetidamente, un gesto que hizo gracia a D, pero no lo demostró.
-¿Todo tiene que tener una recompensa, Gabriel?
-¿Ya estamos retorciéndolo todo de nuevo, DreamgirL?
-Tienes razón, comamos- ella se fijó en la comida y abrió los ojos como platos. Luego se lanzó encima de un plato y cogió una sardinilla en aceite con los dedos- ¡Gabriel! Me encantan las sardinillas!- se la comió de un bocado, y Gabriel no pudo apartar la mirada de ese cuello al descubierto, moviéndose lentamente y...- Mmmmm. Deliciosa.
-Sí, deliciosa.
-¿Qué dices, tonto? Tú no las has probado…- D levantó la mirada y se dio cuenta de a lo que se refería G. Se quedó observándole, muy quieta, saboreando la intensidad con la que brillaban sus ojos. Por ella. D miró hacia abajo y le dio las gracias- Gabriel, te agradezco todo…todo esto. Supongo que no deberías haber pagado tanto dinero por…- D abrió los brazos, abarcando la estancia- …por esto- G se levantó suavemente de la silla y se arrodilló junto a ella, que estaba con la cabeza gacha.
-Dream, mírame- la tomó de la barbilla y ella levantó la mirada- Yo pagué…para estar contigo. Y eso lo tengo, ¿verdad? No me importa nada más.
Esas palabras. Esas simples palabras la derritieron. Le sonrió y él le devolvió la sonrisa. Se levantó y puso la radio. Acababa de empezar una de sus canciones favoritas, “Save tonight”. Parecía congeniarles muy bien a ellos dos la canción. Dream se levantó y le ofreció la mano a Gabriel, que se la cogió gustoso. Parecía que él también entendía lo que decía la canción. Una fuerte determinación se plantó en la cabeza de Dream. Aprovecharía esa noche. Al máximo. Sus cuerpos se movían al mismo son, aunque no fuera al de la música. Ellos conocían el ritmo. Se conocían entre ellos. Eran el cielo y la tierra, blanco y negro…sin embargo, cuando ambos estaban de acuerdo en algo se complementaban a la perfección. Dream deslizó su pequeña mano por la espalda de Gabriel. Apoyó la cabeza ligeramente sobre su hombro e inhaló el aroma que de él provenía. Masculino, arrogante, seductor. Pero al mismo tiempo dulce, atento…
Gabriel la acercó más a él, deseando tenerla aún más cerca. Cuando D apoyó la cabeza en su hombro, sonrió. “Save tonight and fight the break of dawn” (Conservemos esta noche y luchemos contra el amanecer). La canción les animaba a seguir. Era una canción triste y sin embargo parecía positiva. G hizo girar a Dream una y otra vez hasta que ella acabó mareada y riendo entre sus brazos. Hasta se animó a cantarle un trozo del estribillo de la canción. Y ella le siguió. La toalla se movía sugerente, casi a punto de caerse…Gabriel pidió perdón por ello pero deseaba que esa toalla se cayese al suelo. Dream adivinó sus pensamientos, le sacó la lengua y se apretó de nuevo la toalla. Cuando la canción terminó, Dream le cogió la cara entre las manos y le dedicó una sonrisa que le iluminó el alma.
-Conservemos esta noche- dijo ella, decidida. Gabriel no necesitó más para cogerla en brazos y llevarla a la pequeña cama que había visto al fondo de la sala. Dream todavía reía y él daba vueltas al ritmo de otra canción, pero al llegar a la cama los dos se pusieron serios y se entregaron el uno al otro. A la pasión. A esa noche.
Dream estaba tumbada de espaldas, con los ojos cerrados y la respiración un poco entrecortada. Se empezó a reír cuando no pudo aguantar más las cosquillas. Gabriel le estaba acariciando la parte interior de las rodillas, ya que sabía que ella no aguantaba allí sin morirse de las cosquillas. Ella le lanzó una patada que G esquivó por poco.
-¡Maldito seas! ¡Sabes que no puedo aguantar!
-¿Ah no?- él sonrió, pícaro- ¡Haberlo dicho antes, mujer! Y no me hubiera entretenido en acariciarte…
-Sabes que no me refería a eso, zoquete.
-Sí, lo sé- Gabriel la cubrió con su cuerpo, apoyando los codos uno a cada lado de la cabeza de D y la besó suavemente. Dream sucumbió a su dulce beso y le rodeó el cuello con los brazos. Llevaban toda la noche jugueteando, disfrutando, aprendiendo cosas nuevas el uno del otro. Aún así, volvía a encenderse cada vez que G la tocaba o acariciaba. Y si la besaba…para qué quería más. D le empujó a un lado y se sentó encima del vientre de G.
-Mmmm. Ahora tengo yo las riendas…Me gusta...- le deslizó las manos por el pecho y jugueteó con sus tetillas. Sonrió divertida- ¿Qué le gustaría que le hiciera, señor Gabriel?- D se agachó a mordisquearle una tetilla, a lamérsela. Luego subió al cuello y se lo mordió suavemente. Volvió a subir hasta deleitarse con el lóbulo de la oreja de G. Luego volvió a bajar…
-Oh…Dios, Dream. Lo que tú quieras.
-Usted ha pagado… Así que no me corresponde a mí decidir…- le rodeó el ombligo con la lengua y siguió bajando por su vientre hasta encontrar lo que buscaba. Volvió a sonreír y agarró el miembro con la mano derecha, que empezó a mover arriba y abajo. Con la izquierda le acarició un poco más abajo. Entonces acercó su boca y comenzó a jugar.
-Dream…oh…Dios…Maldita…seas…ahhh- Gabriel hablaba entrecortadamente, sin dejar de mirar la cabeza de Dream subir y bajar. Cuando se sintió a punto de estallar, se incorporó como pudo y la cogió en volandas- Y…ahora…te sientas tranquilita.
-Como usted mande, señor- Dream le volvió a empujar hacia atrás y se sentó encima de él, introduciendo su largo miembro dentro de sí- Ohhh, Gabriel.
-Dream…
G se volvió a incorporar y la besó con pasión. Los dos se movían a un ritmo frenético, urgente. De nuevo era como si hiciera años que no se probaban el uno al otro, que no estaba el uno dentro de la otra. G llegó al climax justo antes que Dream. Y los dos gritaron al unísono mientras sus cuerpos se tensaban al máximo, para luego relajarse por completo. Dream se tumbó encima de él, que la estaba esperando con el brazo extendido para acariciarle la espalda. Después de un rato de un tranquilo silencio, D incorporó la cabeza para posar un beso en los labios de G.
-¿Por qué, G?
-¿Por qué, qué?- él seguía acariciándole la espalda.
-¿Por qué has venido?
-¿No quieres que esté aquí?- la mano se quedó quieta.
-No me malinterpretes- le miró a los ojos- Hace años, en nuestro primer…encuentro- a D le costaba hablar de ello- No fuiste a buscarme, G. Estaba claro que yo sólo había sido una aventura. Por eso te odié…o lo intenté. Porque para mí había sido mucho más.
-Oh, Dream…- Gabriel le apartó un mechón de pelo y se lo colocó tras la oreja- ¿Sabes? Mi padre quería que me casase…
-Con cualquiera de la manada, menos con una mestiza, ¿no es así?
-Sí- le dolió tener que decirle la verdad, pero prefería no mentirle- Si no hubiera sido así…te hubiera ido a buscar…
-Entonces, vuelvo a repetir mi pregunta, ¿por qué has venido?
-Me enteré…de que soy un mestizo, Dream. Como tú.
-¿Qué?
-Odié a mi padre por mentirme todos estos años. Supuestamente él tuvo una aventura con una bruja…
-Como mi padre y mi madre.
-Sí, la diferencia es que, según mi padre, esa bruja era la más malvada que pudiera existir. Creo que la llamó…Alicia. No quería que la historia volviese a repetirse. Me quería sólo para él. Y tenía miedo que yo cayese bajo “tu embrujo” como él había caído bajo el de ella.
-Oh. Entonces son todo prejuicios contra las brujas.
-Puede ser…
-Entonces has venido…- el dolor volvió al corazón de D- Sólo has venido a buscar a tu madre. ¿No es verdad?
-Parte de la verdad. Mi madre no vive aquí, ¿sabes? También he venido a verte a ti. Me he quedado mucho tiempo aquí, D. Más de lo que esperaba. Porque quise volver a sentirte…a mi lado. Porque me preocupaba por ti. Porque…- no pudo continuar esa frase.
-¿Y ahora?
-Debo seguir buscando a mi madre, Dream- vio la decepción en su mirada- Pero, cuando termine de despejar mis dudas y mis preguntas, si tú quieres…
-No, G. No hagas promesas que luego quizás no cumplas- D se incorporó de la cama. Era extraño, pero había tenido un mal presentimiento. Casi había sentido la maldad de esa tal Alicia en su sangre. Pronto G tendría noticias de ella, lo presentía. Y no iba a salir nada bueno de ello.
-Dream…
-Supongo que no puedo pedirte que no la busques.
-He venido por eso, D- la voz de G se había endurecido.
-De acuerdo, entonces. Pero, por favor, ten cuidado, G.
-Lo tendré- la cogió por la cintura y la acercó más a él- Ahora ven aquí. Donde debes estar. Al menos hasta que amanezca- y D volvió a sucumbir a los encantos de G. Aunque empezaba a sospechar que era algo más que pasión lo que empezaba a sentir por Gabriel. Mucho más.
Ya era bien entrada la mañana. Mientras G dormía, D había decidido que iba a olvidar la pequeña conversación…e iba a reafirmarse en su promesa. Disfrutaría de su tiempo con G. Y el futuro…ya vendría.
Se levantó descalza y de puntillas fue a la cocina. Preparó un café y unas tostadas, encontró algunas galletas y lo puso todo en una bandeja. Se dirigió a la cama y, justo antes de posar su rodilla en el colchón, G emitió un gruñido.
-Mmmm. Qué bien huele.
-Café recién hecho, mi amo- dijo D bromeando.
-Me refería al olor de cierta dama- se incorporó un poco, le cogió la bandeja, la posó en el suelo y la atrajo hacia él- Hueles a una noche de sexo salvaje- la risa de Dream retumbó por toda la habitación.
-Me has pillado, milord- agitó las pestañas- ¿Podrás perdonarme?
-No…Debes oler también a sexo mañanero…
-¡Oh, vamos!- le golpeó con la almohada en el pecho y cogió la bandeja del suelo- Desayuna. Ya. O si no, no tendrás fuerzas para todo eso que quieres hacer…
-Tienes razón. Eso es importante- se puso a comer como si estuviera muerto de hambre. Claro, la noche anterior casi no había comido…y lo había gastado bien, pensó D.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #18 en:
Octubre 19, 2009, 23:14:56 »
La mañana continuaba su curso...Un curso demasiado rápido, para el gusto de Gabriel. Si fuera por él, se quedaría días y días encerrado en esa pequeña cabaña con su Dream. Despues de esas 24 horas, se temía que la vería menos, mucho menos de lo que le gustaría. Mientras miraba por la ventana y observaba el maravilloso cielo azul que había, escuchó un ruido y se volvió hacia la puerta del cuarto pequeño. Dream salía con sus vaqueros y una camisa de leñador que seguro le había robado al guardabosques. Gabriel sonrió y empezó a caminar hacia ella.
-Ah noo!- Dream se escapó y abrió corriendo la puerta para salir de la cabaña- Estoy harta de que me tengas en la cama de continuo. ¡Secuestrador!- salió corriendo y Gabriel la siguió de cerca. El sol brillaba en lo alto del cielo y Dream levantó la cabeza y cerró los ojos un momento para recibir los inesperados rayos de sol, pero entonces pisó un charco de barro que no había secado del día anterior y se cayó de bruces encima. El grito de frustración fue tan alto que a Gabriel le pareció raro que alguna de las ejecutoras no se materializara allí. Gabriel comenzó a reírse por lo bajo y fue a echarle una mano para ayudarla, pero él también piso un barrizal y se cayó de culo justo a su lado. Entonces fue el turno de Dream para reírse. Los dos estaban perdidos de barro y con la cara sucia también. Se miraron un momento y comenzaron a reírse. Había cosas que sólo les pasaban a ellos dos.
Las pocas hora que les quedaban juntos las pasaron alternando las risas, los besos y toqueteos robados, y las riñas. Todo ello con la ropa llena de barro, pues no podían lavarla ya. Comieron las sobras que quedaron de la noche anterior y le dejaron una nota al guardabosques explicándoselo todo y prometiendo rellenar el armario de la despensa en cuanto pudiesen. Mientras Gabriel recogía, Dream se sentó en el porche a tomar el sol, mirando al bosque, pensativa. Gabriel se marcharía. Grandes decisiones y grandes penas estaban por llegar. Nunca nada había sido tan certero para ella como eso. Y ni siquiera se imaginaba que ella podía llegar a intuir el futuro. Un futuro que parecía se avecinaba negro. Giró la cabeza cuando Gabriel salió a buscarla y, al verle, abrió los brazos para que la abrazara. Gabriel la cogió en brazos y la besó lentamente. Un beso que esperaba recordar siempre.
-Gracias...por estas 24 horas- dijo Dream en un susurro, en su cuello.
-Ey, leoparda. Gracias a ti- le apartó un mechón de la cara cuando se sentó con ella encima en la silla que había quedado vacía- Cada minuto que paso contigo es un regalo. Y no podría haber planeado un mejor día contigo. Tú lo haces especial- esas palabras, tan acarameladoras, cautivaron a Dream, acostumbrada a las pullas y las riñas. Sonrió y hundió la cabeza en su cuello de nuevo mientras G le acariciaba el pelo suavemente. No podía pedir nada mejor.
5:10 p.m
-Ya hemos llegado- dijo Gabriel sonriente.
-Pues sí...- dijo Dream apagada.
-Justo a la hora prevista. Soy buenísimo para aprovechar hasta el último segundo- la cogió por la barbilla y le robó un beso- ¿Lo ves?
-Ajá- D sonrió, más animada.
-No pareces muy contenta por llegar a casa...¿Acaso te has enamorado de mí en 24 horas, leoparda?- dijo bromeando.
-Más te gustaría- "Sólo he estado enamorada toda la vida de ti, cabrón" pensó D. Pero sonrió disimulando y le sacó la lengua, que G no tardó en atrapar con la suya propia.
-No me eches mucho de menos, fiera- le acarició el pelo y la volvió a besar, reticente a dejarla marchar.
-Tranquilo- D saió del coche y puso cara de indiferencia- Sigue habiendo machos en la reserva...Y hay uno al que tengo un cariño especial...
-Dream...
-Ciao, Gabriel. Espero que encuentres lo que buscas.
-Nos veremos, tranquila.
-Si necesitas ayuda...- D estaba en las escaleras, deseando entrar en su habitación y desahogarse...al mismo tiempo que lanzarse a sus brazos y no dejarle marchar.
-Vendré a por ti- la promesa estaba en sus ojos.
-Eso espero- susurró D.
-Hasta pronto, leoparda- arrancó el motor y se alejó por el camino mientras D le seguía con la mirada.
-Hasta pronto- D se dio media vuelta y miró La Mansión. Suspiró. Estaba "en casa". El caso es que no se había acordado mucho de ella mientras estuvo en cierta cabaña en el bosque...
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #19 en:
Noviembre 19, 2009, 18:55:03 »
Cerró la puerta de su habitación y con paso lento se dirigió a su cama. Estaba cansada, demasiado. Su entrenamiento con Lyss la había dejado exhausta. Savy suspiró mientras se tiraba sobre el acolchado. Le dolía todo el cuerpo. Debía hacer una nota mental de nunca entrenar con Lyss los días que tenía que salir luego. Sonrió. Por fin podía pasar las veinticuatro horas con Dev.
Miró el reloj digital de su mesita de luz. Eran las seis y cuarto de la tarde. Exactamente en cuarenta y cinco minutos Devlin la pasaría a buscar. Se sentó en el borde del colchón y memorizó si tenía todo listo. Su pequeño bolso estaba preparado y lo demás ya estaba en el lugar donde quedarían; solo debía darse una ducha y vestirse.
Se puso de pie y mientras caminaba hacia el baño se fue quitando su ropa sudorosa. En ese instante su móvil sonó. Con pereza se volteó hacia el escritorio y miró el celular. La pantalla titilaba con la llamada de Dev. Savy sonrió.
-Hola-saludó contenta.
-¿Ocupada?-preguntó con voz casi ronca.
-Si llamabas hace diez minutos si-contestó caminando hacia el baño-. Estaba en entrenamiento con Lyss-comentó haciendo una mueca.
-¿Adolorida?-Devlin soltó una corta risa.
-Bastante-la pequeña cárpato sonrió divertida.
Dev ya conocía sobre los entrenamientos que tenía con la loba. ¿La razón? Savy siempre le llamaba para quejarse de cuanto le dolía su cuerpo y él le ofrecía un masaje, el cual, lastimosamente, nunca lo había podido tener.
-¿Qué tal un masaje?-inquirió él con malicia.
-Hoy te tomo la palabra-Savy entró al cuarto de baño.
-Perfecto, estaré allí en media hora-dijo Dev-. ¿Estarás lista?
-Más que lista-sonrió-. ¿Tú estás elegante para mí?
-Mh…-Savannah quiso reír con fuerza. Ya podía imaginarse la mueca de disgusto de Devlin-. Creo que no te desagradará mi vestimenta.
-De acuerdo-abrió el grifo de la ducha-. No hagas esperar a una chica, ¿eh?
-Ten por seguro que seré más que puntual-contestó el macho.
Savy rió y luego de despedirse de él la llamada finalizó. Apresuradamente se metió en e baño, el cual ya estaba cubierto por el vapor del agua caliente. Sin duda alguna la ducha la relajó bastante, su cuerpo cansado se lo agradecía pero también le pedía dormir y ella aún no podía. Quince minutos después estaba vistiéndose para bajar a esperar a Devlin.
Acomodó el desastre de su habitación y luego guardó un par de cosas más en el pequeño bolso. Si, solo estaría un día con él pero eso no quería decir que no fuera a necesitar cambio de ropa. Sav sonrió con picardía. Aunque si las veinticuatro horas que iba a tener con Dev llegaban a ser como ella se imaginaba… La ropa era lo menos que necesitaría.
Se terminó de peinar, se maquilló y se dio un vistazo en el espejo. Sonrió. Su
vestimenta
le quedaba perfecta. Apagó las luces del cuarto y luego cerró la puerta tras de sí. El pasillo estaba muy silencioso; Sav supuso que todas estarían preparándose para la cena. Estaba terminando de bajar las escaleras cuando se cruzó con Vik y Jec que salían del Centro de Operaciones.
-Sav, ¿vas a salir?-preguntó Jecrufe.
-Si-sintió sus mejillas arder-. Tengo que pasar veinticuatro horas con el macho que me compró en la subasta.
-Oh…-Vik sonrió con picardía-. Si no recuerdo mal, ese macho fue Devlin.
-Así es, fue él-la pequeña se mordió el labio inferior nerviosa.
-Ya puedo imaginar en que lugar pasarán todas esas horas…-comentó entre risas Vik. Savy supo que su cara era del color de un tomate.
-Ya déjala-dijo Jecru dando un codazo a Vik.
-Esta bien…-la ejecutora rió-. Que te diviertas, peque-agregó para luego seguir subiendo la escalera.
-Adiós, Vik-se despidió la cárpato.
En ese instante el timbre sonó. Las hembras observaron como Joseph abría la puerta y Devlin aparecía en el umbral de la entrada. Sav sintió nervios, emoción y alegría. Todo al mismo tiempo. Jecru sonrió y le dio unas palmaditas en el hombro antes de desaparecer tras ella.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #20 en:
Noviembre 19, 2009, 18:57:00 »
Había llegado cinco minutos antes. El cielo estaba prácticamente oscuro ya que el sol se ocultaba a lo lejos. Apretó la mandíbula. ¿Por qué demonios tenía nervios? No era la primera vez que estarían juntos. Bueno, había algo distinto. Pasarían exactamente un día entero. Muchas cosas podían suceder en ese tiempo. Suspiró. Lo mejor era no preocuparse. Tocó el timbre de la mansión y en menos de diez segundos Joseph abría la puerta.
-Buenas tardes-saludó el doggen con una sonrisa.
-Hola…-Dev inclinó la cabeza.
-¿Viene a ver a la señorita Valnelia?-preguntó Joseph dejando pasar al macho.
-No, en realidad vengo a buscar a Savannah-explicó el vampiro mestizo arreglando su camisa. El hombre frente suyo sonrió.
-Bien, iré a llamarla enseguida-el doggen volteó pero al instante se detuvo-. Creo que no hará falta, allí viene ella-dijo para después despedirse del macho con una leve reverencia.
-Hasta luego-se despidió Devlin sin apartar la mirada de Sav. Enseguida estuvo junto a la pequeña-. ¿Un bolso?-inquirió alzando una ceja.
-Si, llevo ropa para cambiarme-Savy se encogió de hombros.
-¿Y qué se supone que le pasará a la que llevas puesta?-preguntó Dev besando la frente de la hembra.
-No sé-sonrió con picardía-. Dímelo tú, estoy segura que ya sabes lo que le sucederá-agregó riendo.
-Tengo una leve idea-comentó él tomando el bolso de la pequeña-. ¿A dónde es que iremos?-preguntó mientras ambos caminaban a la entrada.
-¿Conoces perfectamente todo el terreno que cubre la mansión?-interrogó Sav al cerrar la puerta principal.
-Algo sí… ¿Por?-Dev la miró con suspicacia-. Pequeña, ¿qué tienes pensado?
Savannah rió divertida y adelantó por unos pasos a Devlin.
-Una vez, Val me comentó que había una pequeña casita de campo dentro de los perímetros de la mansión y dijo que nadie la usaba casi nunca-se encogió de hombros-. Me pareció perfecta. No tenemos que ir lejos y tendremos mucha intimidad.
-¿Al menos tienes la llave?-preguntó Dev cuando traspasaban la verja.
-Claro, ayer fui a limpiar un poco y llenar la heladera-explicó-. Pasaremos un día increíble…-agregó. Después tomó la mano libre del macho y entrelazó los dedos.
-¿Val te dio la llave?-preguntó curiosamente.
-No…-ella lo miró de reojo-. Estaba bajo la maceta del porche-dijo riendo.
Dev sonrió. Definitivamente, Savannah era el calor que siempre había anhelado para derretir su congelado corazón y hacer que éste volviera a latir con fervor. Había pasado muchos años en soledad y teniendo desconfianza por todos los que lo rodeaban. En pocas palabras, Devlin se sentía a salvo tras aquella pared que había creado entre el mundo y él. No obstante, apenas la pequeña había entrado en su vida todo se había vuelto diferente. Comenzó a comprender que no todo era como él pensaba; que no todas las personas podían ser egoístas y traicioneras.
-Dev, ¿me has escuchado?-la suave voz de Savy lo hizo regresar de sus pensamientos.
-Si…-respondió dudando y la pequeña hizo una mueca de disgusto-. De acuerdo, estaba divagando en otras cosas, lo siento-se disculpó-. ¿Qué me decías?
-Que allí está la casa-dijo apuntando con el dedo hacia el frente.
Devlin dirigió su mirada hacia donde le indicaba la pequeña. La casita de campo a simple vista parecía ser lo bastante grande para ellos. “Espacio suficiente”. Pensó Dev con una sonrisa arrogante.
-¿Verdad que es perfecta?-inquirió Savannah sonriente-. Algún día me gustaría tener una casita así y vivir tranquila con mi familia…-comentó esto último en un susurro.
Devlin la miró en silencio. Estaba seguro que la voz de la pequeña había sonado algo quebrada. Sabía que lo que más anhelaba ella era formar una familia. Ahora, lo que el macho no estaba seguro era si Sav lo quería a él como parte de ella.
-Bueno, pero estoy segura que para eso falta-Savy suspiró-. Dev, ¿tú algún día…?-se quedó callada y bajó la mirada.
-¿Qué sucede?-preguntó Devlin.
-Es que…-ella lo miró con una sonrisa triste-. Me preguntaba si tú habías pensado algunas vez en formar una familia…
Él se quedó callado. Suspiró y tirando el bolso al suelo abrazó a la pequeña.
-Sinceramente, no-respondió ocultando su rostro en el cuello femenino-. Sin embargo, en el momento que apareciste ante mí… Debo confesar que esa idea me ha dado vueltas en la mente-tomó el rostro de Sav con las manos y juntó sus labios.
El beso fue delicado, suave y lleno de deseo. Dev colocó una mano en el cuello de la hembra y la otra en la estrecha cintura, después mordió el labio inferior de ella e ingresó su lengua. Ambos cuerpos se fundieron en la oscuridad y parecían ser solo una gran sombra ente los árboles del bosque. El ambiente se cargó de una estática pasión.
La joven ejecutora se sujetó firmemente de los musculosos brazos del vampiro y se dejó llevar por la leve lujuria del momento. Entonces, ambos tuvieron que detenerse para tomar aire. Sav apoyó la frente en el pecho de él y sonrió. Eso era estar en el paraíso.
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Respuesta #21 en:
Noviembre 19, 2009, 18:57:39 »
Savy tomó un sorbo de su 7up y luego se comió una galleta de chocolate ¿Cuánto llevaban así? ¿Dos, tres, cuatro horas? No sabía ni le importaba. Entrecerró los ojos y miró al macho frente suyo. Sonrió. Dev estaba más serio de lo habitual y eso ya era mucho.
-Vamos, Dev…-susurró-. Date prisa-inclinó la cabeza hacia un lado y trató de espiar lo que el vampiro tenía en las manos.
-No me apresures-Devlin hizo una mueca-. Esto no es tan sencillo.
-El problema es que no quieres perder-la pequeña rió divertida.
-Pues no-refutó el macho-. Bien…-despacio estiró una mano hacia Savannah-. Elijo esta-agregó mientras tomaba un naipe de la baraja que sostenía la hembra.
-¡Gane!-exclamó ella saltando-. ¡He ganado!
Devlin bufó por lo bajo al ver el naipe que había escogido. El Joker. Por su lado, Savy reía alegremente festejando su victoria. Desde que habían llegado a la casita de campo Sav había insistido a que jugaran a las cartas y Dev no tuvo otra opción que aceptar. Todas las partidas las había ganado la ejecutora, él solo quería la revancha.
-De acuerdo…-Devlin se cruzó de brazos-. Es mi turno de elegir que hacemos-sonrió con malicia.
Savy lo miró y su corazón se aceleró. ¿A qué se refería?
-¿Si?-murmuró-. ¿Y qué es lo que quieres hacer?-preguntó sentándose en el sofá nuevamente.
Devlin no contestó, simplemente se puso de pie y saltó la mesita ratona quedando parado frente a la joven. Savy tragó saliva con fuerza. ¿Él pensaba en eso? ¡Claro que sí! Ella también lo había pensado, pero ni en sus más locos sueños sería quien comenzara. Se dijo a sí misma que no debía tener nervios. Es decir, no sería la primera vez que ellos estarían juntos.
-Lo que quiero es esto…-murmuró al mismo tiempo que la tomaba en brazos.
-¡¿Dev?!-Savy se agarró de los amplios hombros de él-. ¿A dónde vamos?
El macho no contestó y caminó en silencio. Savannah tenía los nervios que le estallaban. ¿En qué pensaba Devlin? ¿Dónde… Dónde quería hacerlo? Sav cerró los ojos y tragó saliva. Su corazón acelerado parecía que se le iba a salir.
-Bien, aquí estamos-la voz del macho la hizo alzar la mirada.
-¿Ah?-la pequeña pestañeó-. ¿La cocina?
-Si, la cocina-repitió Dev dejándola de pie.
-¿No es… Algo incómodo?-preguntó con las mejillas encendidas.
-¿Incómodo?-el vampiro mestizo sonrió y entrecerró los ojos-. Creo que cocinar en una “cocina” no es incómodo, digo…-se encogió de hombros.
-¿Cocinar?-Savy volteó y se encontró con que Dev ya desaparecía tras el umbral-. ¿Quieres que cocine?
-¡Si, tengo hambre!-gritó él desde lo lejos-. Me daré un baño y quizás… Después podamos jugar a lo que tenías pensado-agregó con diversión.
Savannah sintió sus mejillas arder increíblemente. Bufó y sin darse cuenta ya estaba cocinando. Ella y sus malditas fantasías. En ningún momento Devlin le había dado a entender, realmente, que pretendía desear lo mismo que ella. Savy se mordió el labio inferior. ¿Era normal que anhelara tanto estar con el hombre que amaba? Todas esas sensaciones eran tan nuevas que no sabía como actuar. Sin embargo, de lo que no tenía dudas era de que amaba a Dev y que él sentía lo mismo que ella.
Dejó que la carne se asara y terminó de colocar la ensalada en un recipiente cuando una idea cruzó por su mente. Sonrió. Ella también podía tomar la iniciativa, ¿cierto?
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Respuesta #22 en:
Noviembre 19, 2009, 18:58:38 »
Ingresó a una de las tres habitaciones y pasó directo al cuarto de baño. Tenía que tomar una ducha y relajarse. El fuego que recorría su cuerpo le estaba quemando como los infiernos y le pedía a gritos que tomara a Savannah cuanto antes. Pero no. Dev quería que ella fuera quien lo buscara, quien lo deseara con la misma forma que él la deseaba a ella.
Abrió el grifo de la ducha y mientras el agua corría para calentarse, se deshizo de su ropa. Cuando el vapor cubrió el baño Devlin se metió bajo el agua. Dejó que sus músculos se relajaran y que su excitación se calmara. Gruñó. Calmarse iba a costarle. Su cuerpo le exigía estar dentro de su pequeña.
Apoyó ambas manos sobre los azulejos celestes y agachó la cabeza. Tenía que tranquilizarse. Justo en ese instante escuchó como la puerta del baño era abierta. Se giró y pudo ver tras la puerta de cristal la figura de Savannah. Ella se estaba desvistiendo. Dev dejó escapar un ronco gemido. Apenas unos segundos después la pequeña abría la puerta y se metía bajo el agua con él.
-Estás jugando con fuego-murmuró el macho al mismo tiempo que tomaba entre sus manos el rostro de Savy-. ¿Estás dispuesta a quemarte?-preguntó tras un fugaz beso.
-Ya estoy quemándome-susurró Sav pasando sus brazos tras el cuello de Dev.
No necesitó escuchar más. Tenerla totalmente desnuda, empapada y pegada a su cuerpo fue lo que hizo perder cualquier control. La levantó en brazos y la aprisionó contra la pared. Sav tembló ante el frío contacto de los azulejos pero luego el calor de Devlin la cubrió. Seguidamente, el macho hizo que ella rodeara su cintura con las piernas y ambos gimieron cuando sus sexos rozaron.
-Dev…-Savy escondió el rostro en el cuello masculino-. Soy pesada…-dijo y él sonrió.
-Pequeña-con una mano le rodeó la cintura a ella y con la otra se apoyó en la pared-. En este momento solo quiero hacerte el amor-besó su cuello-. Deslízate hasta que quede dentro de ti…-susurró en su oído.
-¿Qué?-la joven cárpato lo miró-. Dev, yo…
-Hazlo-gruñó él besándola con fervor-. Después deja que yo haga el resto…-se pegó más a ella y Sav gimió al sentir la erección del vampiro rozar su intimidad.
Devlin esperó a que la ejecutora se moviera. Pocos segundos después ella descendía despacio pegada a su cuerpo. Savy intensificó el agarre en el abrazo que tenía sobre el cuello de Dev y movió lentamente sus piernas. Gimió cuando el miembro duro del vampiro ingresó en su interior.
-Dios…-Devlin gruñó roncamente-. Eres adicción pura…
Las embestidas comenzaron. Primero lentas, porque necesitaba saborear cada sensación de placer, y después con más rapidez. Sav subía y bajaba entre el cuerpo masculino y la pared; mientras el agua caía sobre ambos. Dev gimió. Quería sentirla por completo, hacerla una con él. El empuje sobre ella se intensificó. Ahora era más duro, largo y tan delicioso que Savannah pensó que perdería la inconciencia.
La pequeña quiso gritar por el éxtasis que la cubría pero, y no supo porque, solo atinó a morder el hombro de Devlin. El macho gruñó y embistió con más fuerza, tanto que el agua chapoteaba a causa del golpe de la espalda de Sav contra los azulejos. La pequeña lamió y besó la herida mientras su cuerpo se estremecía por la llegada al clímax. Y Devlin no tardó mucho en seguirla. Dio la última embestida y sintió como todo su ser se liberaba.
Ambos continuaron abrazados bajo el agua. Savannah seguía abrazada a su cuello con el rostro escondido en el hombro de él y sus piernas rodeando la cintura masculina. Por su lado, Dev la mantenía pegada a su cuerpo. No quería soltarla, no quería perder el calor y fragancia de su piel. Sonrió.
-Tahlly…-susurró-. Me has mordido…
La suave risa de Savy cubrió el ambiente. Despacio, y solo un poco, se alejó de él para mirarlo. Se mordió el labio inferior avergonzada.
-Es que…-corrió la mirada-. No quise gritar-dijo tan bajito que Devlin rió-. No es gracioso-hizo una mueva.
-Solo sé que quiero que vuelvas hacerlo la próxima vez-dijo mientras apoyaba su frente con la de ella. Sav solo pudo reír de felicidad.
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Respuesta #23 en:
Noviembre 21, 2009, 05:27:45 »
Devlin cerró el grifo de la ducha con ella aún abrazada a él para luego quedar envueltos simplemente en el vapor. El macho intentó dejar a Sav sobre la alfombra pero la pequeña negó con la cabeza y se abrazó más a él.
-¿Qué sucede?-preguntó Devlin algo preocupado.
-Mis piernas…-murmuró Savy-. Están dormidas…-rió.
Dev escupió unas palabrotas y después dijo algo de lo muy idiota que había sido. Savannah sonrió apenada y dejó que él la cubriera con una gran toalla. Posteriormente salió del baño y caminó hacia la cama matrimonial de la habitación. Sav hizo puchero cuando él la sentó sobre las mantas para secarle cada parte de su cuerpo. Pero sonrió al sentir las manos de su compañero recorriéndola y acariciándola. Estaba tan sumida en las caricias de Dev que no se dio cuenta de cuando él le colocó una camisa suya, la cual le quedaba enorme y por debajo de las rodillas, para después vestirse a sí mismo con unos simples pantalones negros.
-Dime que no dejaste la comida en el fuego-dijo de pronto Devlin arrodillado frente a ella. Sav entrecerró los ojos.
-No soy tan descuidada-se cruzó de brazos-. Tu comida está lista para que la comas.
-Entonces, ponte cómoda mientras regreso-Dev besó su frente y salió del cuarto.
Savy sonrió. ¿Sería así vivir junto a él? Oh, Dios… Podría acostumbrase sin problemas y con mucho gusto. Se recostó contra las almohadas y aspiró el aroma que desprendía la camisa de Dev. Era muy feliz, demasiado. Sobre todo desde aquel día en que él la había llamado “Nalla”.
-Su amada…-susurró y soltó una risa tonta.
Suspiró. No quería pasar solo veinticuatro horas con él, quería pasar cada día de la semana a su lado. Deseaba permanecer junto a Dev para siempre. ¿Era mucho pedir? Si, en ese momento si. Ella era una Ejecutora, tenía un deber para con sus hermanas. Además, tenía un propio objetivo que cumplir. Aún no podía pensar solo en su felicidad. Por otro lado, Devlin era un macho de la Reserva. Y, aunque a ella no le agradara, él estaba allí para satisfacer a cualquiera de las Ejecutoras. Sin embargo, ella sabía que él era…
-Solo mío-susurró.
Savy sonrió y se recostó entre los almohadones de la inmensa cama. En ese instante Dev ingresaba a la habitación con una bandeja llena de comida. Más de la que ella había preparado. Rió por lo bajo. El apetito de ese vampiro era enorme.
-¿Con mucha hambre?-preguntó divertida cuando Devlin se sentó en el borde de la cama.
-Pues…-él sonrió-. Me quedé con hombre de otra cosa…
-¡Dev!-las mejillas de Savy se tornaron de color carmesí.
-¿Qué?-el macho colocó la bandeja sobre las piernas de la pequeña-. Solo digo la verdad.
-Si, pero no seas tan directo-pidió corriendo la mirada.
-Lo tendré en cuenta para la próxima-le dijo Dev pasándole un vaso de jugo.
-¿Habrá próxima?-preguntó la joven ejecutora algo apenada.
-Por supuesto-Devlin se acercó, haciendo que su rostro quedara a solo centímetros del de ella-. Y planeo que sean varias.
Savy sonrió y seguidamente pasó los brazos por el cuello de Dev.
-Te tomo la palabra compañero.
Y tras aquellas palabras se fundieron en un ardiente y sofocante beso. Devlin empujó la bandeja a un lado y profundizó el beso. El calor se iba formando alrededor de ambos cubriéndolos de deseo. Las manos del macho comenzaron a recorrer la pequeña figura de la joven cárpato. Su cintura, su cadera, sus piernas. Cada parte era tocada por sus manos. Esa piel era suave como seda, delicada como un cristal. Dev besó el cuello de Savy y luego sonrió.
-Es malo jugar con la comida, pero no importa-dijo mirándola con diversión.
-¿Eh? ¿De qué hablas, Dev?-le preguntó incrédula.
-De esto…
Y antes de que Savannah pudiera reaccionar Devlin derramaba un poco de vino sobre su garganta. El líquido carmesí se deslizó entre sus pechos y siguió hasta su estómago.
-¡¡Dev!!-la Ejecutora soltó un grito.
-Solo déjame saborearte-susurró él.
Sav ahogó un gemido cuando la lengua del macho comenzó a recorrer el miso trayecto que las gotas de vino. Deslizándose lentamente sobre su piel.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #24 en:
Noviembre 21, 2009, 05:32:23 »
Dev acarició los argos cabellos de Sav mientras ella dormía. ¿Sería así sus días futuros con esa pequeña hembra a su lado? Solo sentía tranquilidad y enormes deseos de tenerla junto a él eternamente. Miró como los rayos del sol intentaban, sin mucho éxito, ingresar a través de las largas cortinas. ¿Qué hora sería? ¿Medio día? Seguramente. Suspiró. Las horas al lado de ella pasaban rápido.
El macho sonrió al recordar las cosas hechas hasta ese momento. Habían hablado, reído y hasta llorado, bueno, en ese último caso solo Sav había llorado. ¿Quién hubiera pensado que las películas de terror le daban miedo a tal punto de llorar? Es decir, ella vivía en un mundo muy parecido a las películas de terror después de todo, ¿verdad? Eso si, sus gritos podían dejar sordo a más de un enemigo.
La oyó murmurar su nombre entre sueños. ¿Savannah soñaba con él? Sintió un cálido sentimiento llenarle el pecho y un nudo se formó en su garganta. Nunca habría pensado que ella pudiera soñar con él y sonreír de esa manera tan feliz.
-Idiota…-se dijo a sí mismo.
¡Ella siempre sonreía! Sav siempre le regalaba una tierna sonrisa cada vez que estaban juntos, no importaba la situación. Y eso era algo que él atesoraba por encima de todo. Besó su frente y justo en ese instante la melodía del móvil de Sav comenzó a sonar. Dev hizo una mueca de disgusto y estiró el brazo sobre la dormida hembra para alcanzar el celular que encontraba sobre la mesita de noche.
-¿Qué sucede?-murmuró Savy aún bastante dormida.
-Vuelve a dormir…-susurró Devlin tomando el móvil.
El vampiro alzó una ceja al ver el nombre que la pantalla titilaba. Colin. ¿Qué demonios quería él con Savannah? Lanzó un bufido y aceptó la llamada sin decir nada.
-¡Pequeña! ¿Dónde estas?-la voz de Colin se dejó escuchar segundos después. Dev quiso gruñirle-. No te olvides lo de esta noche.
Lo estrangularía. ¿A qué se refería con eso de “esta noche”? Estaba por gritarle unas cuantas cosas cuando del otro lado se escucharon ruidos extraños y unas que otras protestas. Dev alzó una ceja y esperó en silencio.
-¡Dame el teléfono!-¿Esa era la voz de Eros?-. ¡Colin!
-¡No! La pequeña hablará solo conmigo.
-¿Por qué? ¡Saldrá con los dos hoy de todas formas!
-Tú vienes de colado a la cita.
¿Se estaban peleando por Savannah? ¡¿Qué saldrían en una cita?! Dev apretó la mandíbula y miró a la hembra dormida a su lado. ¿Por qué Sav saldría con ellos dos? ¡Y al mismo tiempo! ¿Qué rayos pasaba? Abrió la boca para gritarles a los dos machos que se peleaban al otro lado de la línea cuando la discusión lo calló.
-El colado eres tú, Colin-protestó Eros-. A mi me tocaba hoy a la noche.
-¡Mentira! Tú saliste con ella la última vez.
-¿Qué les pasa a ustedes dos?-Esa era la voz de Irha-. ¿Por qué discuten ahora?
-La pequeña saldrá conmigo-repuso Colin.
-No, esta noche se viene conmigo.
-Oigan, muchachos…-Irha rió-. La preciosa Sav tiene una cita conmigo.
-¡Tú cállate!-gritaron Eros y Colin al mismo tiempo.
Dev sintió sus colmillos crecer… ¿O era su imaginación? ¿”Preciosa Sav”? ¡¿Irha también?! ¡Demonios! Iba a matar a alguien. Devlin lanzó un ronco gruñido. ¡¿Los muy idiotas discutían sin saber que la llamada seguía?! Probablemente.
-¿Dev?-la voz de Savannah lo hizo girar. Ella lo miraba extrañada-. ¿Una llamada?-preguntó.
-Si…-articuló bien bajito el vampiro.
-¿Quién es?-interrogó pestañeando al ver la expresión del rostro del macho.
Devlin suspiró y apretó el altavoz.
-Bien, jugaremos piedra, papel o tijera-propuso Colin.
-De acuerdo. Quien gane primero sale esta noche con ella-dijo Eros.
-Ya les dije que Savannah tiene una cita conmigo esta noche-rió divertido Irha.
-¡Cierra la boca!
-Gritones…-murmuró el macho.
El rostro de Savy se volvió rojo intenso. ¿La estaban apostando? Dev alzó una ceja y le señaló el móvil con la cabeza. La joven Ejecutora se mordió el labio inferior. Él quería una explicación. Pero… ¡Ella no tenía ninguna! ¡Ni siquiera entendía lo que estaba sucediendo!
-¡Quiero la revancha!-gritó Eros.
-¡Gané! ¡Esta noche saldré con la pequeña!-el festejo de Colin se escuchó de manera alta y clara.
-¿De qué estas hablando?
Los ojos de la pequeña se abrieron a más no poder. Esa era la voz de Jecrufe. Oh, Dios… Allí se armaría bronca y una bien grande. Dev sonrió de forma maligna. Perfecto, alguien mataría a esos tres en su lugar. Pretender salir con su mujer. ¡Ja! Ingenuos. Eso nunca, ni en el más remoto futuro, sucedería.
-¡¿Qué están haciendo?!-gritó Jec.
-Amor, déjame explicarte…-pidió Colin.
-Yo mejor me voy-dijo Eros.
-¡Tú te quedas donde estas!-sentenció la Ejecutora-. Colin quiero una explicación ahora.
-Antes que nada, juro que no tengo nada que ver con esto-comentó Irha entre risas.
-¡Cierra la boca!
El grito de Eros y Colin fue tan fuerte que Dev tuvo que apartar el celular unos cuantos centímetros de él.
-¿Con quién estabas hablando?-inquirió Jec.
-Con… Nadie…-Colin se escuchaba nervioso.
-Dame ese teléfono-exigió Jecrufe y luego solo se escucharon ruidos extraños.
Sav y Devlin se miraron mientras el griterío y los ruidos del otro lado de la línea parecían interminables.
-¡¡Colin!!
La pequeña cárpato dio un saltito en la cama al escuchar de pronto el grito de Jecrufe. El primo de Val estaba en serios problemas. A su vez Devlin se recostó en las almohadas y sonrió disfrutando del espectáculo que se daba por el alta voz del móvil. Susurros inteligibles se escuchaban. ¿Qué estaría pasando? ¿Jec los habría matado ya? Savy rogó porque no fuera así.
-Colin, dilo ahora.
-Amor, no me hagas decir esto…
-Será mejor que lo hagas-murmuró Eros-. Pega fuerte, mi cabeza ya duele.
-¿Qué te quejas? A mi me golpeo en otro lado…-acotó Irha-. ¡Y eso que dije que no tenía nada que ver!
-¡Cierren la boca!-exclamó Jec-. Colin, sigo esperando…
-Preciosa…
-Ahora.
Savy quiso reír pero se contuvo.
-¡Auch! ¡No pellizques, amor!-se quejó el vampiro del otro lado de la línea.
-Dilo ya o no hay encuentros nocturnos por un mes-amenazó Jecrufe.
-¡De acuerdo! Devlin si estas escuchando…-silencio-. ¿Tengo qué? Sabes que va a matarme…-susurró.
-Hazlo-respondió impaciente la Ejecutora.
-Bien… Solo no me mates, ¿de acuerdo, hombre?-pidió Colin a Dev, porque sabía que lo escuchaba-. Era una broma, queríamos picarte.
-Y fuimos picados nosotros a golpes-comentó Eros.
-¿No puedes callarte?-le preguntó Irha.
Tras aquello, unas cuantas palabrotas se escucharon acompañadas de golpes y ruidos sonoros. La pareja esperaba que la guerra se calmara pero entonces, de pronto, la llamada finalizó. Sav miró a Dev, y él a ella. No pasaron ni dos segundos cuando la suave y divertida risa de Savy inundó la habitación y cubrió el corazón de Devlin.
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Última modificación: Noviembre 21, 2009, 05:40:27 por Savannah
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #25 en:
Noviembre 23, 2009, 02:45:58 »
La pequeña cárpato lo miró de reojo. Dev había estado callado desde hacía un buen rato. ¿El motivo? No tenía ni idea. Llevaban sentados en el
saloncito
, frente a la chimenea, por más de dos horas y en ningún momento él le había hablado. ¿Seguiría enojado por la broma de Colin? No, eso no podía ser. Él había dicho que la rabia ya se le había ido. Suspiró. Entonces, ¿qué rayos era lo que le pasaba?
-Pequeña-la voz gruesa del vampiro la sobresaltó.
-¿Si? ¿Qué sucede?-inquirió algo preocupada.
-Tengo que hacerte una pregunta-el macho frunció el ceño y se puso de pie.
El cuerpo de Sav tembló. ¿Qué iba a preguntarle? ¡Oh, Dios! Los nervios la estaban matando y solo hacía una milésima de segundo que Dev había hablado. Su mente comenzó a formular cientos de hipótesis y todas la ponían más nerviosa de lo que ya estaba.
-¿Qué pregunta?-la hembra agachó la mirada.
-No hagas eso…-susurró Dev agachándose frente ella-. No apartes la mirada de mí. Lo que quiero preguntarte no es nada grave-explicó con media sonrisa.
-Entonces dime ya porque estoy de los nervios-dijo exasperada.
-Bien…-suspiró-. Si yo llegara a hacer algo malo, ¿tú aún estarías junto a mí?-preguntó rápidamente casi quedándose sin aire.
Savy lo miró en silencio por unos instantes. ¿A qué venía esa pregunta? Acaso, ¿pretendía decirle, de forma indirecta, que él haría algo malo? No, eso no era posible. Ella estaba segura que Devlin jamás le haría daño a alguien inocente. Porque a pesar de su frialdad y seriedad para con otros, Sav sabía como era él en su interior. Dev en realidad era alguien con profundas cicatrices de dolor.
-¿A qué te refieres con “algo malo”?-inquirió por fin.
-Digamos a…-el macho corrió la mirada-. Lastimar a otro.
-¡¿Qué?!-Savy se puso de pie-. Dev, yo se que tú jamás lastimarías a alguien-se frotó las manos con nerviosismo-. No entiendo a que quieres llegar con esto.
El vampiro la miró fijamente. Esa pequeña, que estaba frente suyo, le tenía una confianza y fe que ni el mismo se tenía. ¿Es que Sav no comprendía el peligro que él acarreaba por su sangre Symphath? Sus músculos se tensionaron. El solo pensar en que ella pudiera salir lastimada por su culpa lo ponía colérico consigo mismo.
-Entiéndeme-pidió abatido.
-Si eso quieres, lo haré-Savy sonrió dulcemente-. Pero aún no logro comprender porque me haces una pregunta como esa.
-Pequeña…-Devlin la abrazó-. Te olvidas de mi sangre y eso no debe ser así.
Y fue entonces cuando Savannah lo entendió. Dev tenía miedo, como siempre, de causarle daño a ella o a otros por la sangre que llevaba en sus venas.
-Mira que eres tonto-rió suavemente-. Te lo dije una vez…
-¿Qué cosa?-preguntó él enterrando el rostro en el cuello femenino.
-Que yo siempre estaré a tu lado, pase lo que pase-Sav se aferró a Devlin con fuerza-. Nunca me alejaré de ti…-soltó un sollozo-. Yo te ayudaré cuando te vuelvas loco-agregó riendo mientras el llanto surgía.
Dev la levantó en el aire y Savy enroscó las piernas en la cintura de él. La amaba. ¿Cómo no hacerlo? Esa joven hembra lo aceptaba tal cual era. Sin reproches, ni miedos, ni nada parecido. Savannah estaba a su lado siempre y conocía al verdadero Devlin. Al macho que era tiempo atrás antes de las marcas de sufrimiento. Al vampiro que solo ella podía hacer aparecer. ¿La razón? Sav era como una cura para sus heridas aún abiertas.
-Tahlly…-susurró.
-¿Mh?
-Aún quedan un par de horas.
Savy lo observó entrecerrando los ojos.
-Así es, ¿qué es lo que desea hacer, mi compañero?
-Volver a la habitación-declaró mientras salía del saloncito.
-Adicto al sexo-murmuró divertida Sav.
-No, solo adicto a ti.
La risa de Savannah fue como una dulce melodía para Dev. Jamás, nunca, se cansaría de oírla reír. Su risa era como una luz en medio de un mar de sombras.
-¡Oh!-exclamó la Ejecutora de pronto.
-¿Qué sucede?-inquirió el vampiro abriendo la puerta del dormitorio.
-Ya van dos veces que me llamas “Tahlly”. ¿Qué significa?
Devlin recostó a Sav sobre las sábanas color champagne y luego se colocó sobre ella.
-Significa “querida”…-la besó delicadamente-. Querida…-repitió-. Quiero hacerte el amor-agregó.
Savy se cruzó de brazos e hizo puchero cuando llegaron a las rejas de la Mansión. ¡No quería volver! Definitivamente deseaba quedarse con Devlin más tiempo. Bueno, no solo “más tiempo”, sino para siempre. Deseaba permanecer a su lado desde ese día hasta los futuros, por el resto de su vida. Dev sonrió y la tomó de la mano.
-Vamos…-le dijo llevándola con él-. Te acompaño a la puerta, ¿de acuerdo?
Savy no lo miró ni no pronunció palabra alguna, solo suspiró. ¡Odiaba verla tan triste! Y para colmo había estado así desde que habían salido de la casita de campo para regresar a la Mansión. Y es que las 24 horas habían llegado a su fin.
-Pequeña, no te pongas así-Devlin se colocó frente a ella y tomó su rostro con las manos.
-Lo siento pero no puedo evitarlo.
-Nos seguiremos viendo como siempre. Lo sabes.
Sav asintió con un nudo en la garganta.
-Si…-susurró.
¡Argh! ¡No podía verla así! Dev alzó la mirada al oscuro cielo y aspiró hondo. Solo tenía que pensar que todo era para verla feliz y con su sonrisa radiante.
-Llámame cada día, ¿de acuerdo?
Sonrió mentalmente. Como lo había supuesto. Tras aquellas simples palabras ella parecía más feliz que nunca. Su sonrisa era única. Lo que tenía que hacer… Ahora él debía pensar de qué podía hablar con ella en cada uno de los días por venir. Oh, si… Simplemente se había condenado a largas charlas de ropa, música y libros. Pero, ¿realmente importaba? No, por ella eso era pan comido.
-Te quiero…-murmuró Sav a punto de ingresar a la Mansión.
-Cuídate-le dijo él.
-Tú también, Dev.
Y ella desapareció tras la puerta principal de aquella morada llena de hembras. No había dado ni dos pasos cuando un bullicio proveniente del interior de la casona lo detuvo.
-¡Savy, volviste!
-¡¿Cómo te fue?!
-¿Se la pasaron metidos en la cama?
-¡¡Beth!!
-¿Qué? Apuesto lo que quieras que no salieron de allí.
-Menudo chasco, pequeña. Yo que tú le hubiera partido la boca antes de que se fuera ya que él no lo hizo.
-No le des esos consejos, Dream.
-Como si fuera que tú eres una santa, Hec.
Devlin suspiró. Ahora comprendía de donde aprendía todas esas iniciativas alocadas su pequeña. Bueno, al menos sabía que solo las ponía en práctica con él.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #26 en:
Febrero 28, 2010, 19:56:42 »
L
os días habían ido pasando y las Ejecutoras fueron cumpliendo con las citas convenidas. Y esa noche era la de ella. Una risa nerviosa acudió a su garganta.
Había llamado a Sheiztler para informarle que podían tener la suya en cuanto a él le fuera posible, y el macho aceptó para esa misma noche. Aunque eso ya lo había supuesto ella y anticipándose, le había pedido a Lyss que ajustara los cuadrantes de las patrullas dándole la noche libre.
Sabía que el macho le iba a hacer pagar con creces aquella maldita subasta y le recordaría más de una vez las consecuencias que tuvo. Algo por lo que discutieron antes de que ésta diera comienzo, desafiándolo por meterse donde no le llamaban. Claro que el vampiro tuvo razón y ahora tenía que morderse la lengua, y encima, agradecerle que fuera él quien pujara por ella…
Suspiró y colgó el teléfono. Se recostó en el respaldo alto de su sillón y comenzó a pensar en qué sucedería esa noche. El vampiro no había soltado prenda; no sabía ni qué ponerse, ni a donde iban a ir… no sabía nada.
Y estaba nerviosa. ¡Joder, a su edad! Ni que fuera una joven virginal en su primera cita con el hombre de sus sueños. Pero lo cierto era que en todos los años que conocía al macho, y esos abarcaban toda su vida, jamás habían tenido una cita con él. Lo que se entendía comúnmente como cita.
Apagó el portátil y amontonó los papeles que estaba revisando a un lado. Ya los miraría en otro momento que gozara de más concentración. Y ahora… ¿qué hacer? ¿Golpear el saco de boxeo? Sería una buena idea, pero… ¿y si por casualidades de la vida se rompía una mano? ¿O una pierna? Se jodía la cita, y por más nerviosa que estuviera, deseaba ese encuentro romántico con el macho.
Se habían reconciliado durante los días que habían pasado, y lo habían celebrado por todo lo alto… varias noches y en privado. Pero eso no eran citas… Sonrió recordando esos encuentros y se levantó, fue hasta su habitación, entró al vestidor y abrió el cajón de la ropa de baño. Sacó un bañador negro y animada, se lo colocó. Sí, eso haría; un rato trabajándose unos largos en la piscina de la zona de relax escuchando la melodiosa sintonía que acostumbraba a sonar por los altavoces, luego se tumbaría en una de las cómodas hamacas y se relajaría con la fragancia a canela que inundaba toda la estancia gracias a la multitud de velas repartidas a doquier. O al menos, lo intentaría.
Después de la habitual copiosa comida, decidió que se tomaría la tarde libre, se daría una larga sauna y le preguntaría a la loba si la acompañaba como en otras ocasiones, así podrían cotillear durante un rato.
A la sauna no sólo acudió Lyss —con una amplia sonrisa divertida—, si no que llegó acompañada de Savannah. Val le hizo un gesto interrogante y la loba se encogió de hombros, sonriendo aún más. Tras indicarle a la joven que entrara en una de las duchas para refrescarse antes de acceder a la sauna, ambas Ejecutoras veteranas se colaron en las contiguas. Las tres salieron envueltas en albornoces blancos, idénticos a los que habían colgados de las perchas de pared, pero al llegar ante la puerta de madera, Lyss y Val se deshicieron de las prendas y accedieron desnudas al interior.
La joven carpato se quedó en la puerta, con expresión de sorpresa y la boca abierta. Sus mejillas estaban de un tono carmesí como nunca antes. La loba comenzó a reír y Val, al no ver entrar a Savy, se asomó y la vio parada ante la puerta. Le cerró la boca, ampliamente abierta debido a la sorpresa, empujando suavemente su mandíbula con un dedo.
—Vamos, Savy, ¿te nos vas a asustar a estas alturas?
—Ehhh, yo… ¿tengo que entrar así? —La carpato hizo un gesto hacia la desnudez de su jefa.
—¿Qué llevas debajo? —curioseó Val.
—El bañador…
—Nah, déjatelo si quieres —contestó la vampira mientras entraba de nuevo, añadiendo seguidamente—: pero es mas cómodo sin. —Le lanzó una mirada a la rubia y después le preguntó—: ¿Te diviertes mucho? —le preguntó a la loba, que ya se había tumbado sobre uno de los asientos de madera.
—No me des la brasa, Val… —alegó Lyss, con un ademán indiferente de su mano.
Val se estaba recostando en otro banco cuando entró Savannah, y sin rastro del bañador. Esbozó una tímida sonrisa y se sentó, con las piernas flexionadas y pegadas al torso, y los brazos apoyados sobre las rodillas.
Tras un inicial silencio, las tres hembras comenzaron a reír, rompiéndolo, y a hablar entre ellas, contestando a las preguntas de la Ejecutora más joven. Pasaron una tarde divertida, hablando de diversos temas, y el tiempo se les pasó sin darse cuenta.
Un par de horas más tarde, Val subía a su habitación. El rato pasado con sus hermanas había conseguido relajarla, o eso creía hasta que entró en su dormitorio. Pensó en darse un baño lleno de sales aromáticas para conseguir relajarse algo más.
¿Quién le iba a decir a ella que estaría nerviosa por una puta cita con Sheiztler? Coño, si hasta se conocían íntimamente, muy íntimamente si tenía que describirlo de alguna forma… Sonrió ante el recuerdo de noches pasadas, pero los apartó de un plumazo. No era el momento para que su mente tomara esos derroteros. Un encuentro intimo no era lo que la ponía nerviosa, si no el salir con el macho a cenar, pasear juntos, conversar sobre ellos, reír, besarse… Lo que hacían las parejas normales.
Dos horas más tarde bajaba las escaleras a la planta baja. Le había pedido al macho que entrara como la gente normal; por la puerta; y dejara atrás esos trucos de aparecerse de pronto aquí o allí. Y ahí estaba, apoyado contra una de las paredes, contemplándola descender, con los brazos cruzados sobre su amplio pecho y las piernas a la altura de los tobillos.
Estaba imponente, como siempre. El pelo oscuro estaba revuelto, sus ojos azules brillaban sin apartar la mirada de ella. El jersey de cuello alto y negro marcaba los músculos tensados bajo la prenda, los pantalones negros ajustados a las caderas, las botas…
«Pero ¿qué coño lleva puesto?»
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Respuesta #27 en:
Marzo 02, 2010, 03:17:36 »
¿
Q
ué hacía el vampiro con las dagas cruzadas sobre su pecho?
Se detuvo en mitad de la escalinata sin terminar de bajar el último escalón. La sonrisa divertida se había borrado de su rostro, en cambio, la de Shey llegaba de oreja a oreja.
—¿Has estado entrenando? —le preguntó, mirándolo desde arriba.
—No —contestó él con tranquilidad, sin que su sonrisa divertida abandonara sus labios.
—¿Y…?
—Y creo que tendrás que cambiarte, eso que llevas no te va a resultar cómodo para nuestra cita. Y no sabes cómo lo lamento…
—¡Já! —Bajó los escalones que faltaban y encaró al macho—. Si crees que voy a cambiarme, vas listo —contestó, hundiendo un dedo en su ancho y duro torso—. He tardado una hora… ¡una…!, en escoger este vestido…
—Vestido que te sienta demasiado bien —le echó una mirada de arriba abajo—, pero para otra ocasión más… conveniente. Sube y cámbiate… —Ante el gesto de la hembra, añadió—: ¿Recuerdas? Yo dicto las normas de esta cita y tú las cumples.
La hembra se tragó las palabras que estaba a punto de gritarle, apretó los puños y se dio la vuelta. Comenzó a alejarse y añadió, gruñendo desde las escaleras:
—Capullo…
«¡Maldito imbécil!», despotricaba mientras subía los escalones que le quedaban. Entró en su dormitorio y dio un portazo.
«Será cabrón»
Comenzó a tironear de su vestido, intentando sacarlo por la cabeza, pero el puñetero parecía haberse confabulado en su contra, pegándose a su cuerpo como una segunda piel.
«Te lo mereces, por gilipollas. Una cita romántica… una cita romántica… ¡Já! ¿En qué coño estabas pensando?»
Su mente era un torbellino mientras deambulaba arriba y abajo por su habitación. Dio un último tirón y el vestido salió por la cabeza, destrozando el medio recogido que se había estado haciendo durante la última media hora.
Lanzó los zapatos dando un puntapié y entró al vestidor en dos grandes zancadas, cogió un pantalón y un jersey, ambos negros, y se los colocó, furiosa. Se calzó una de sus botas para patrullar y recogió su pelo en una cola alta, después fue a su despacho y sacó sus dagas. Con una sonrisa maliciosa, se ajustó las otras dos más pequeñas en los dispositivos de los antebrazos, las cubrió con el jersey y salió de la habitación.
Sheiztler la esperaba abajo, con la misma sonrisa y la misma pose de minutos antes. La hembra terminó de bajar las escaleras y le dedicó una sola mirada, abrió la puerta y salió, dejándola abierta tras ella.
—Con ese atuendo estás igualmente sexy —susurró el macho junto a su oído.
—Vete a la mierda —le indicó la hembra, alejándose de él. Bajó los escalones de piedra que conducían hasta el suelo asfaltado y donde les esperaba un Escalade negro—. ¿A dónde coño se supone que vamos?
—Te enteraras a su debido momento. —Shey extendió la mano y las llaves del vehículo tintinearon.
—¿Tengo que conducir yo? —preguntó la hembra, con las manos en jarras y con las llaves ante su cara, sin hacer ademan de cogerlas.
—Por supuesto, recuerda las nor…
—Qué te jodan. —Arrebató las llaves de entre los dedos del macho y subió al vehículo, arrancándolo. Encendió el equipo de música mientras Sheiztler se sentaba al otro lado. The Haunting, de Kamelot, comenzó a llenar el pequeño habitáculo del Escalade. Sheiztler hizo un gesto de desagrado ante el sonido alto del equipo y extendió una mano para cambiar de canción—. Ni se te ocurra, Shey. Ni se te ocurra —repitió remarcando cada palabra. Aceleró con un chirrido de neumáticos y atravesaron las verjas altas, dejando atrás la Mansión.
—Es idónea para describir esta noche —comentó con diversión el vampiro tras unos segundos en silencio, recibiendo por ello una mirada fulminante de la hembra.
—Derecha o izquierda —le preguntó cuando llegaron al cruce, antes de tomar la vía principal.
—Izquierda.
Val se dedicó a conducir siguiendo las indicaciones del macho, tarareando de vez en cuando algunas de las canciones que sonaban muy altas por los altavoces, para disgusto del vampiro, que en un par de ocasiones intentó bajar, recibiendo por ello un gruñido nada femenino.
Después de casi treinta minutos, Sheiztler le señaló un desvío. La Ejecutora dio un volantazo para tomarlo, sonriendo cuando Shey se golpeó la cabeza contra el cristal.
—Lo siento, querido… —ironizó, fingiendo un inocente tono de voz.
—Permíteme que lo dude —declaró él, con el ceño fruncido.
Tras unos minutos de conducción por una ruta agreste, el vampiro le pidió que detuviera el vehículo. Val frenó en seco y bajó del coche, guardándose las llaves, y poniendo distancia entre los dos, observando alrededor.
Un espeso bosque los envolvía, extendiéndose más allá de hasta donde su vista alcanzaba. Árboles centenarios de robustas ramas se cernían sobre ellos, ocultando la luna llena con sus copas altas y dejando traspasar un mínimo de luz.
—Y bien, ¿qué coño hacemos aquí?
—Este es el plan, pequeña. Nos vamos de cacería.
—Genial, el plan prefecto para una cita. ¿Y qué vamos a cazar? ¿Venados? ¿Osos? ¿Ardillas?...
—No, cielo. Yo te cazaré a ti —Sheiztler comenzó a acortar la distancia que los separaba—, y tú intentaras cazarme a mí.
—Perfecto… ¿Cuándo empezamos?
—¿Estás impaciente?
—Por supuesto, me muero de ganas… es todo lo que una hembra desea para su primera cita; una jodida cacería donde se supone que ella es la presa.
—¿A qué viene ese malhumor? —preguntó el vampiro a escasos centímetros de ella—. ¿Pensabas que íbamos a tener una cita romántica?
—No me subestimes, Shey. Tengo el romanticismo donde mismo tengo la sutileza, y me siento cada día sobre ella. Te puedes hacer una buena idea de donde se encuentra…
—Eso fue lo que pensé.
—¿Podemos empezar ya? —inquirió la Ejecutora, exasperada.
Sheiztler asió su cola y enredó el largo cabello de ella en su puño, tirando suavemente hacia atrás y alzando la cabeza de la hembra. Atrapó su boca en el mismo movimiento, devorando sus labios, saboreando cada hueco con urgencia. Su mano subió por la esbelta cintura de ella, y aferró uno de sus senos por encima del jersey. Val gimió contra la firme boca masculina y Shey sonrió, apartándose bruscamente.
—Ahora sí podemos empezar —contestó, satisfecho por la expresión aturdida de la hembra—. Tienes diez minutos, aprovéchalos.
—No te lo voy a poner nada fácil —indicó ella, recuperándose rápidamente de la momentánea confusión.
—Eso espero, Nely. No me defraudes.
Val comenzó a correr, perdiéndose en la oscuridad que el bosque le ofrecía. Sheizlter la observó durante unos segundos, hasta que perdió de vista la figura de la hembra, después, también él corrió hacia el bosque, con una dirección diferente a la de ella.
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Respuesta #28 en:
Marzo 08, 2010, 03:58:36 »
L
a hembra corrió por el bosque, sorteando o saltando ramas que sobresalían del escabroso terreno poblado de una salvaje vegetación. Sentía el frío de la noche golpear contra su rostro, y resultaba delicioso.
Echaba de menos entrenar en un espacio libre, la sensación de libertad que la inundaba al dejarse llevar por el entorno. Sortear los posibles contratiempos de un medio no conocido, donde cualquier imprevisto podía dar al traste con tus planes. La adrenalina corría veloz por su sangre, avivando sus sentidos, manteniéndolos alerta. Todo su cuerpo se mantenía vigilante en perfecta sintonía con ellos, preparado para cualquier eventualidad.
Podía escuchar perfectamente el sonido bajo de los animales escapando a su paso, buscando la seguridad de un refugio ante un peligroso depredador. Por encima de ella, un búho ululó rompiendo el silencio de la noche, y a su izquierda, pudo escuchar el crujido que producían las pisadas de un animal de tamaño medio sobre las hojas secas que orillaban bajo los árboles, agazapado ante una posible presa.
Saltó con destreza por encima de un enorme tronco caído que obstaculizaba su camino y esquivó con facilidad una rama que a punto estuvo de golpear su cara. Corría poniendo distancia entre su arrogante cazador y ella. ¡Já! Los trucos de antaño no le iban a resultar a Shey como entonces. Habían pasado muchos años en los que ella había sido una alumna disciplinada y constante de sus muchas lecciones, metódica y perfeccionista. Siempre exigiéndose más a sí misma.
Se detuvo de pronto, jadeante tras la vertiginosa carrera que había desentumecido sus músculos y tomó un aliento profundo. Se permitió sonreír durante un segundo mientras miraba hacia arriba, después saltó con impulso y se encaramó a uno de los árboles centenarios que formaban parte de ese denso y oscuro bosque. Escaló con rapidez, aprovechando las ramas para que su ascenso fuera más fácil, y cuando alcanzó una altura considerable, oteó el horizonte.
La oscuridad no era problema para ella, podía ver y sentir todo lo que la rodeaba en un radio bastante amplio, pero Sheiztler ocultaba su presencia tan eficazmente como lo estaba haciendo ella.
Previendo que el vampiro no habría corrido en dirección contraria a la suya por pura pérdida de tiempo, le quedaban dos opciones: derecha o izquierda. Decidió deslizarse en zigzag al no saber por cuál de las dos podría haberse decantado. Ella no tenía prisa, pero conociendo al macho, recorrería la mayor distancia posible en diagonal para alcanzarla. Comenzó a saltar de rama en rama, avanzando de nuevo hacia un posible punto de encuentro o intermedio.
Dejó fluir sus sentidos, expandiéndolos alrededor intentado captar el aura de Sheiztler, aunque él seguía manteniéndose escondido, sabía que en algún momento la dejaría encontrarlo, presentándose a sí mismo como cebo. Siguió zigzagueando, aproximándose despacio pero sin pausa, sin bajar la guardia. Si quería una buena cacería, lo iba a complacer, pero por el simple placer de disfrutarla también ella.
La distancia cada vez se acortaba más. En algún momento, sería inevitable el encuentro. Se detuvo, agazapada entre las frondosas ramas, escudriñando el terreno boscoso que yacía debajo, silencioso y tranquilo. Comenzaba a captar la presencia del vampiro a unos cientos de metros a su derecha, y era consciente de que podía percibirlo porque el vampiro lo estaba permitiendo. Cómo él mismo estaba haciendo, le permitió vislumbrar apenas su posición, y con una sonrisa, se dispuso a esperar.
El motivo de esa carrera poniendo distancia entre ambos no era más que una excusa para retrasar el encuentro, infundiendo un poco de excitación al momento previo.
Val lo vio acercarse, con sus dagas árabes en mano, aferrando sus gastadas empuñaduras, rastreando en la oscuridad. Sabía que el macho no conocía su ubicación exacta, no lo había dejado captarla por completo, aunque podía sentirla cerca.
«Lo siento, macho, juego sucio, tú me enseñaste.»
Cuando lo tuvo justo donde quería, se dejó caer desde arriba, desenfundando sus dagas durante la alta caída. Cayó detrás del macho —al que no sorprendió en absoluto—, con una pierna flexionada sobre el suelo y la otra acuclillada, con ambas dagas aferradas a su espalda.
Entonces hizo algo que el macho no esperaba. En vez de alzarse y atacarlo mientras él se giraba con rapidez para encararla, extendió una pierna y viró sobre sí misma intentando patearle los tobillos, obligándolo a saltar unos metros hacia atrás para evitar ser derribado.
Ella se puso en pie lentamente, sacudiéndose el polvo que había levantado ligeramente al impactar contra el suelo sus pesadas botas de estilo militar. Sonrió e inclinó la cabeza a modo de saludo, después se lanzó a por él.
Sheiztler detuvo el rápido ataque con sus gumías. Los metales entrechocaron, arrancando brillantes destellos de las afiladas hojas. En seguida, la hembra se giró e hincó el codo en sus costillas, para volverse a encararlo y lanzar un ataque contra su pecho con ambas dagas cruzadas. El vampiro volvió a bloquearlo con las suyas y lanzó una patada que Val esquivó saltando hacia atrás.
—¿Nada de trucos? —preguntó la Ejecutora.
—Sin trucos, pequeña —contestó con una sonrisa ladeada.
Con rapidez, la mestiza se volvió a lanzar a por él, dirigiendo uno de sus puños, cerrado sobre la empuñadura de su arma, hacia la cara del macho, sin darle tiempo a añadir nada más.
Lo que más admiraba de ella era su espíritu incansable, su tenaz perseverancia que la obligaba siempre a continuar. Daba igual los golpes que recibiera, las heridas que sufriera… siempre se levantaba y volvía. La tenacidad y la constancia eran la clave de su vida.
Las armas volvieron a chocar con un sonido metálico, enzarzadas en una pelea sin tregua. Giros y patadas se sucedían continuamente, seguidos de puñetazos y golpes esquivos o certeros. Ambos se atacaban y se retaban constantemente, hasta que alguno consiguiera vencer la defensa del otro.
Sheiztler fintó a la izquierda y esquivó el último golpe de la hembra, deteniendo su siguiente ataque. Las dagas volvieron a entrecruzarse, los cuerpos quedaron a escasos centímetros el uno del otro, casi rozándose, la respiración acelerada por el ejercicio subía y bajaba sus torsos, haciéndolos tocarse.
Val alzó un poco la cabeza para mirarlo directamente a los ojos por encima de las afiladas armas, desafiándolo a seguir. Sheiztler sonrió. En ese momento, no había nada más excitante que esa pelea con su hembra, ser testigo directo de sus sensuales movimientos aun siendo una dura pelea. Bajó la mirada hasta sus tentadores labios entreabiertos. El deseo de devorarlos crecía con cada aliento que ella tomaba.
—¿Cuándo cambiarás esas antiguallas? —preguntó Val, rompiendo el instante abstraído del macho.
—Son mis tesoros —contestó él, con orgullo.
—Son tan arcaicas… como tú. —La Ejecutora empujó con fuerza al vampiro, alejándolo de ella y adoptando de nuevo una posición de ataque.
—Fueron un preciado regalo —respondió Shey, rememorando cierto momento del pasado.
—Lo sé.
Comenzaron a moverse en círculos uno frente al otro, girando y evaluando quien sería el primero en atacar. La hembra aferraba sus dagas ante ella, protegiendo sus antebrazos con las filosas hojas. Sheiztler empuñaba las suyas en una pose muy parecida.
Sheiztler la observaba detenidamente, cada gesto, cada movimiento…, la forma distraída de retirarse los mechones que se habían escapado de su cola y se deslizaban por su cara. El pantalón cargo negro que se había puesto marcaba perfectamente sus caderas, el jersey de cuello alto y ajustado a sus curvas no hacía más que incitarlo a recorrerlas con sus manos, muy lentamente… No, la ropa que llevaba no restaba ni un ápice de su sensual y atractiva belleza. La dura tensión en su entrepierna lo evidenciaba indiscutiblemente.
Ambos sonrieron a la vez y se lanzaron buscándose de nuevo.
Los siguientes minutos los pasaron golpeándose y esquivándose, con movimientos tan rápidos que serían imperceptibles para el ojo humano. El macho consiguió traspasar la férrea barrera de la Ejecutora y pateó uno de sus brazos, haciéndola soltar la daga a causa del intenso dolor que subió por su codo. Sheiztler siguió atacando, sin darle un respiro y haciéndola recular, alejándola de su arma e impidiéndole recuperarla.
Val logró esquivar otra patada dirigida esta vez a su estomago, pero la intención del vampiro era la de obligarla a desproteger su cara, encajando un fuerte golpe en su delicada mandíbula mientras le arrancaba la otra daga de la mano. Aparentemente desarmada, la hembra sólo podía defenderse con las manos, y el vampiro consiguió hacerla retroceder hasta arrinconarla contra el enorme tronco de un árbol.
La mestiza jadeaba, intentando recuperar el aliento. Una de las gumías del vampiro descansaba contra su garganta, la otra reposaba apoyada contra la corteza del árbol, por encima de su cabeza.
—Te cacé —indicó Shey, con una amplia sonrisa.
—¿Estás seguro? —preguntó Val con una sonrisa tan amplia como la de él. Accionó los dispositivos de sus antebrazos y tras el apenas audible sonido de un «click», dos pequeñas dagas cayeron en sus manos, y antes de que el vampiro llegara a reaccionar ante el chasquido, tenía una pinchando suavemente su cuello y la otra amenazando una zona muy delicada de su anatomía masculina.
—Una pelea no acaba hasta que el otro no está sometido… ¿no era eso lo que siempre decías? —le preguntó, con un matiz de burla en su voz.
—Nely, cielo, mis pelotas no corren ningún peligro. Tú lo sabes… y yo también. Les tienes más aprecio que yo —contestó, totalmente seguro de sus palabras.
Sheiztler bajó su arma mientras retiraba la otra del esbelto cuello femenino que lo tentaba como ninguna otra cosa podría hacerlo en ese momento, con su vena palpitando acelerada bajo el jersey. Dejó caer las gumías descuidadamente sobre la tierra y se apoyó contra la hembra, dejándola sentir contra su cadera la palpitante excitación de su entrepierna. Miró sus intensos ojos azules, brillantes aún por la exaltación de la pelea. Sus mejillas lucían sonrosadas por el esfuerzo, no sabía cuanto tiempo habían estado peleando, pero había sido el suficiente como para que la noche hubiera avanzado.
Aunque aún quedaban horas para el amanecer… y mucho que disfrutar.
Val se humedeció los labios inconscientemente —todavía conseguía ponerla nerviosa con su cercanía— dejando asomar levemente la punta rosada de su lengua, dándole al vampiro el pistoletazo de salida. El macho descendió sobre su boca como un ave de presa se lanzaría hacia su futura comida.
Atrapó el labio inferior y lo lamió, para después mordisquearlo con suavidad. Val gimió contra su boca cuando lo sintió adentrarse en su interior y dejó caer sus dagas, permitiéndose llevar por el deseo. Aferró la espalda amplia del macho, pegándose a él, rozándose sensualmente contra su cuerpo.
Sheiztler la bloqueó contra el árbol mientras devoraba su boca, perdiéndose en su húmedo y cálido interior, deleitándose con su dulce sabor. Asió sus caderas, refregando su entrepierna contra ellas, dejándola sentir cuánto la deseaba en ese momento. La hembra se arqueó contra el duro cuerpo masculino cuando el vampiro abrazó su cintura, deslizando sus manos bajo el fino tejido del jersey y recorriendo suavemente la curva de su espalda.
El macho abandonó su boca para dedicarse a su cuello. Recorrió lentamente la línea de su mandíbula, dejando un rastro húmedo que quemaba sobre la piel de la mestiza. Soltó una maldición cuando se topó con el cuello alto de la prenda.
—En estos momentos, no sabes cómo odio esta cosa —protestó, tironeando del cuello del jersey con sus colmillos.
—Ni se te ocurra romperlo —le indicó la hembra, sacándole el jersey de los pantalones para meter las manos por debajo y acariciar su espalda, delineando después cada uno de los marcados músculos que la formaban.
Sheiztler sólo gruñó y descendió hasta arrodillarse ante ella. Deslizó sus manos grandes por la estrecha cintura, ascendiendo despacio por sus costillas y arrastrando el jersey hacia arriba durante la caricia. Alcanzó el montículo de sus pechos y los cubrió, masajeándolos suavemente hasta endurecerlos. Los contempló con deseo durante unos segundos, luego descendió su cabeza hasta meterse uno en la boca. Lo lamió y lo mordisqueó hasta escuchar gemir a la hembra, después pasó al otro, aplicándole el mismo tratamiento exquisito.
Val aferraba algunos mechones de su pelo, obligándolo a permanecer ahí. El aliento cálido del vampiro unido al placentero juego de su lengua, derretía su interior. El calor corría por su cuerpo como lava ardiente, concentrándose en un único punto que latía con pulso propio. Sheiztler olió su deseo, su especiada fragancia personal mezclada con el aroma de la excitación inundó su nariz… Un cóctel explosivo que conseguiría hacerle perder el control.
Se alzó lentamente, mirándola fijamente a los ojos. Val se mordía el labio inferior con uno de sus pequeños y seductores colmillos. Su mirada extasiada lo tenía cautivado, perdido en el intenso azul de sus pupilas. Aferró la cinturilla del pantalón y desabrochó el botón, bajando lentamente la cremallera sin apartar la mirada de sus ojos. Metió la mano y la deslizó despacio, jugando con el encaje de su ropa interior. Llegó hasta su centro y lo rozó, comprobando con satisfacción que estaba preparada para él.
Apoyada contra el árbol, la hembra se sujetaba con las manos a la corteza, segura de que sus piernas no la sostendría durante más tiempo; las sentía temblar bajo su peso. Movió las caderas, buscando el contacto con la mano del vampiro, que comenzaba a tortúrala con sus ardientes caricias. El macho metió dos dedos por el lateral del encaje, humedeciéndolos con los jugos de ella.
—¡Joder! —masculló, tirando del pantalón de ella para deslizarlo por sus caderas. Val comenzó a bajar la cremallera del de él, rozando deliberadamente el bulto que cubría la prenda—. ¿Te has propuesto acabar conmigo? —jadeó en su oído.
Los pantalones de ambos desaparecieron por voluntad del vampiro. Asió sus nalgas y la alzó, manteniéndola sujeta contra el tronco del árbol. La embistió con dureza, entrando en ella con dolorosa urgencia. Sus movimientos eran bruscos, nada suaves como las veces anteriores en las que habían estado juntos, pero a su hembra parecía no importarle. Arrancó un ronco gemido nada femenino de la mestiza, que se aferró a su cuello y lo acompañó en las embestidas, acomodándose a su ritmo frenético.
El ardor quemaba sus entrañas, inmersos en la pasión que los consumía, haciéndolos olvidarse de donde estaban y de todo lo que los rodeaba. El calor los abrasó, llevándolos al climax entre placenteros gruñidos masculinos y gemidos femeninos.
Sheiztler cayó sobre la hembra, a la que aún mantenía alzada y apoyada contra el árbol. Ambos jadeaban, con la respiración acelerada, intentando calmar el ritmo de sus corazones. Poco a poco, Shey fue liberándola de su peso mientras la soltaba para que volviera a sostenerse sobre sus piernas. Val se tambaleó cuando el macho dejó de sujetarla. El vampiro la cogió de nuevo, aferrándola por la cintura. Sonrió divertido por la debilidad momentánea de ella, que lo empujó, molesta por su sonrisa de «yo soy el culpable de tu estado y me siento muy satisfecho de ello». Se alejó de él, completamente recuperada, y buscó con la vista alrededor.
—¿Dónde coño están mis pantalones? —le exigió saber.
Shey soltó una carcajada, divertido por el nuevo malhumor de la hembra. La miró intensamente antes de entregárselos, haciéndolo aparecer en sus manos. Val se los arrancó de entre los dedos y se los colocó con rapidez. Él había hecho aparecer los suyos sobre su cuerpo.
«Qué considerado para sí mismo».
Sheiztler se agachó y cogió las armas que estaban a sus pies, entre la hierba alta. La Ejecutora se alejó y recuperó las suyas, que estaban a unos metros de ellos. El vampiro se acercó, con una sonrisa que nada ni nadie iba a conseguir borrar de su atractiva boca. Cuando estuvo junto a ella, le entregó las dos dagas pequeñas y la asió por la cintura, desmaterializándose de allí y apareciendo junto al Escalade.
—Tienes las llaves, ¿no? —Val asintió con la cabeza—. Genial… conduce —le indicó, mientras se dirigía hacia la puerta del copiloto.
—Maldito cabrón —murmuró la hembra, dando un portazo con su puerta y arrancando el vehículo—. ¿A dónde, mi señor? —preguntó con ironía.
—A la Mansión, querida —contestó con un tono complacido.
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Última modificación: Marzo 08, 2010, 04:02:52 por Valnelia
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Valiente es aquel que no toma nota de su miedo, y a pesar de la adversidad... sigue avanzando.
Valnelia
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #29 en:
Marzo 16, 2010, 03:51:41 »
E
l recorrido de vuelta lo hicieron sin hablarse, tan solo Ghost Opera, de Kamelot, rompía el silencio instalado en el interior del habitáculo. Val conducía concentrada, mirando al frente y tarareando algunas de las canciones. Se había soltado el pelo, que caía como una cascada por sus hombros hacia delante, enmarcando su rostro. Se retiró un mechón y lo colocó distraída detrás de la oreja. Sheiztler contempló cada uno de sus movimientos, desde el gesto abstraído de retirarse el cabello hasta el que hizo al humedecer sus labios rosados. Apartó la mirada, centrando también su atención en la carretera. La presión de sus pantalones pedía a gritos que buscara otra distracción que no fuera ella.
Esa hembra lo hacía sentir como nunca antes se había sentido en sus dos siglos como vampiro adulto. Y la forma brusca de tomarla en el bosque no había conseguido saciar su hambre de ella. Llevaba demasiados años hambriento; de su contacto, de sus caricias, de sus besos... de su cuerpo. Cada movimiento, gesto, mirada de la hembra… hacía que ardiera de deseo por ella. Se movió incomodo en el asiento, intentando liberar un poco esa manifiesta incomodidad. En momentos como ese agradecía que sus pantalones de corte militar fueran lo suficientemente amplios como para no hacerla evidente.
Sonrió cuando vio aparecer la carretera que conducía hasta las proximidades de la Mansión. Val parecía no darse cuenta de los estragos que causaba en su cuerpo sólo con su cercanía. El aroma que desprendía saturaba sus fosas nasales y lo incitaba a fantasear con las miles de cosas que podría hacer con ella... que haría en las próximas horas. La Ejecutora tamborileaba con sus dedos sobre el volante al ritmo de la música, ignorándolo a él y a su evidente incomodidad.
Atravesaron las verjas, que se abrieron cuando la hembra se detuvo ante la cámara de seguridad, conduciendo después hacia el garaje y frenando en seco de nuevo, pero esta vez, Shey estaba preparado. Val apagó el motor y se bajó. Comenzó a andar hacia el acceso a la casa sin importarle lo más mínimo lo que hiciera Sheiztler. Entonces escuchó la voz del macho tras ella, llamándola.
—Nely… ¿a dónde vas?
—Y a ti qué coño te importa… Hemos acabado, ¿no? —Se giró con las manos en las caderas.
—No, querida, ni siquiera hemos empezado…
El vampiro se movió con tal rapidez, que antes de darse cuenta, Val se encontraba abrazada por la cintura y materializándose en el apartamento del macho. Cuando la soltó, se tambaleó por segunda vez esa noche, lo miró a los ojos con furia y le señaló con un dedo.
—No vuelvas a hacerlo sin avisarme, ¿lo entendiste?
Sheiztler sonrió de forma burlona, consiguiendo que la Ejecutora se cabreara todavía más. ¡Dios, como le gustaba verla así! Durante muchos años, había sido su mayor pasatiempo. Le encantaba exasperarla hasta que la joven acababa gritándole a todo pulmón. Y vaya si tenía buenos pulmones.
Aún se le sonrojaban las mejillas y le brillaban los ojos cuando estaba cabreada, como le pasaba antaño, y cerraba los puños a sus costados para no golpearlo. Cuando era pequeña, pateaba el suelo con sus pequeños pies, era adorable verla fruncir el ceño mientras cruzaba sus bracitos a la altura del pecho.
Sonrió fijando la vista en esa zona de su cuerpo que había cambiado notablemente con el paso de los años. Se pasó la lengua por el labio inferior mientras la repasaba de arriba abajo con una ardiente mirada. La hembra chasqueó los dedos ante su rostro, llamando su atención.
—No quiero saber en qué estás pensando —murmuró mirando alrededor. Cómo no, su dormitorio—. ¿Puedo darme una ducha, mi amo? —preguntó con sorna, mirándolo de nuevo y haciéndole una exagerada reverencia. Sheiztler amplió su sonrisa y le indicó el baño con la cabeza, la mestiza se giró y se dirigió hacia allí, advirtiendo a cada paso—: Sola, quiero darme una ducha sola…
El macho la observó entrar, siguiendo el sensual contoneo de sus caderas, después se dio la vuelta suspirando y saliendo de la habitación. Fue hasta la cocina, donde su doggen había dejado preparada la cena, aún caliente en el horno y servida en una fuente dorada. La sacó y se dirigió al salón. Le agradeció mentalmente a Nanna su dedicación preparando tan suculento plato, el aroma que desprendía era exquisito.
Nanna llevaba años con él, aunque no vivía en el mismo apartamento, sí lo hacía en el mismo edificio, unas cuantas plantas más abajo. Adrien la puso a su servicio cuando la mujer se fue haciendo demasiado mayor para llevar una casa tan grande, liberándola así de sus responsabilidades y dejándola sentirse útil sirviendo al joven amo. Con los años, había conseguido que dejara de llamarlo «amo» para ser sólo «señor».
Observó la mesa, decorada con un fino mantel negro, platos dorados y negros, y copas de talle alto finamente talladas. En el centro de la mesa había dos velas esperando ser encendidas, y una hermosa rosa roja atravesaba uno de los platos negros. Dejó la fuente sobre la mesa y acarició los tersos pétalos de terciopelo de la flor, la olió durante unos segundos y después la dejó de nuevo en el mismo lugar.
«¡Ay, Nanna!», pensó con una grata sonrisa en los labios. Había seguido al pie de la letra cada una de sus instrucciones. La doggen estaba feliz al saber que la hembra a la que invitaba a su apartamento era la joven señorita Valnelia, aunque no llegó a conocer mucho a la pequeña que tan solo tenía tres años cuando ella dejó la Mansión. Al principio se sintió con pesar, pero poco a poco se fue acostumbrando a sus nuevos quehaceres, y su antiguo señor iba mucho por el apartamento del nuevo amo, con lo que se sentía feliz de seguir sirviéndolo de alguna forma.
En todo el tiempo que llevaba con él, jamás había subido una hembra allí, pero cuando comenzó a notar que ahora lo estaba haciendo, estuvo unos días mirándolo con el ceño fruncido, desconcertada por la nueva circunstancia. Una vez aclarado el asunto de la identidad de la afortunada, Nanna se paseaba desde ese día con una amplia sonrisa en su rostro ajado por los años.
Sheiztler asintió satisfecho y volvió al dormitorio, donde todavía se escuchaba correr el agua de la ducha. Con una sonrisa lobuna que dejó al descubierto sus colmillos, se dirigió hacia allí, pasándose una mano ansiosa por el pelo.
Apoyó la espalda contra los oscuros azulejos cruzado de brazos y la contempló a través de la mampara de cristal, cubierta tan solo por las pequeñas gotitas salpicadas por el baño. Val permanecía bajo la presión del chorro con la cabeza alzada, su pelo largo descansaba húmedo sobre su hombro derecho. El agua caliente descendía por su rostro sereno, miles de gotitas se deslizaban por su cuerpo envuelto en vapor.
Contempló el lento recorrido de una en especial, que descendía delineando la curva de su espalda, perdiéndose un poco más abajo, entre sus nalgas redondeadas. Suspiró. Contemplarla era toda una delicia para la vista, y disfrutaba haciéndolo cuando la hembra se encontraba dormida sobre su enorme cama, envuelta en un abrazo junto a él. Entonces recorría su cuerpo con la mirada, memorizando cada curva, cada músculo tensado, cada marca sobre su piel… marcas que no habían conseguido restarle un ápice de belleza, al contrario, lo hacía sentirse orgulloso de ella y de lo que era, para lo que había entrenado tanto y tan duro durante muchos años. Desde siempre había imaginado que lo hacía porque llegado el momento, quería luchar al lado de él y de su padre. Qué éste se sintiera orgulloso de ella, que tuviera al guerrero que siempre quiso tener y del que se vio negado… Pero las circunstancias impidieron que Adrien llegara a comprobarlo con sus propios ojos.
Dio un paso hacia delante, y después otro, y otro más mientras se deshacía de su ropa. Un preciado truco mental que agradecía a la sangre carpata que corría por sus venas, raza a la que pertenecía su abuela materna, y a sus valiosas enseñanzas cuando todavía era un crío. Sonrió y deslizó un dedo por la espalda de la hembra, realizando el mismo recorrido que antes efectuó la gota, pero en sentido inverso. Val se giró sobresaltada porque no lo había sentido detrás, o eso intentó.
—No te muevas —susurró Shey junto a su oído, sujetándola por las caderas.
Deslizó los dedos lentamente por su espalda, siguiendo el contorno de su columna, ascendiendo perezosamente hasta su cuello y recorriendo con ambas manos la línea de sus torneados hombros, descendiendo despacio por las costillas hasta llegar de nuevo a sus caderas. Aferró la esbelta cintura con una mano mientras que con la otra seguía realizando suaves caricias por la figura femenina.
La piel de la hembra ardía ansiando más allí por donde Shey rozaba con las yemas de sus dedos. Un ronco gemido exigente ascendió por la garganta de la mestiza, que apoyó la cabeza descansando sobre el hombro del vampiro. Sheiztler bajó la suya hasta posar los labios sobre su mandíbula, lamiendo su cuello desde el mentón hasta el hueco que formaba la unión de las clavículas. Una mano seguía aferrando la estrecha cintura, manteniéndola pegada a él, haciéndola partícipe de toda su erguida masculinidad. La otra seguía recorriendo su cuerpo en un lento y placentero tormento.
Alcanzó un pecho, moldeándolo con la palma, atrapando el pezón entre sus dedos y torturándolo con la deliciosa caricia. Val jadeó de nuevo y ladeó la cabeza, aún reposada sobre el musculoso hombro, exponiendo su cuello. El vampiro fijó la mirada en su vena palpitante y tentadora, invitándolo. Lamió y succionó allí donde pulsaba, rozó suavemente la piel con sus colmillos extendidos, y cuando su hembra gimió de nuevo, la atravesó despacio, con suavidad… a la vez que entraba en su cálido interior, acogiéndolo y aprisionándolo con avidez.
El ritmo de las embestidas iba acompasado a la rítmica succión, lenta y suave. Sentía como ella se estremecía entre sus brazos, aferrada por la cintura en un fuerte abrazo. Los jadeos acelerados se mezclaban con los gemidos de placer, arrastrados ambos por la vorágine de deseo.
El calor recorría el cuerpo de la mestiza, abrasando su interior, arrasando con su cordura. Movía sus caderas ajustándose a los movimientos impuestos por el vampiro, exigiéndole más. Sheiztler accedió a su silenciosa petición, profundizando sus estocadas, aumentando el ritmo de sus caderas. La intensa oleada de placer los alcanzó y los colmó por completo, sacudiendo con fuerza sus sentidos. El fuego los envolvió, derritiéndolo todo a su paso, dejándolos exhaustos, satisfechos y enlazados en el punto de unión.
Val se estremecía, sostenida por los brazos del macho, que lamía la pequeña herida producida por sus colmillos, cerrándola. Jamás pensó que la sangre de ella pudiera mantenerlo de esa forma. La mezcla mestiza que corría por sus venas era poderosa, capaz de alimentarlo durante días, aunque a él le gustaba tomar «pequeños» sorbos de vez en cuando.
Cerró el grifo del agua caliente que aun caía sobre ellos y poco a poco fue saliendo de su acogedor interior, deslizándose lentamente, disfrutando de la sensación que le causaba los últimos estremecimientos de ella. Val gimió en protesta ante su retirada y Shey no rompió el abrazo de su cintura. Estiró el brazo y cogió una toalla grande con la que envolvió el cuerpo de la hembra, que la asió contra ella arrancándosela de la mano al vampiro, tomando conciencia de lo sucedido.
¿Pero ella no estaba cabreada con el capullo de Shey por haberle fastidiado lo que iba a ser una perfecta cita romántica? En realidad, ¡su primera cita romántica que había dejado de serlo antes de empezar!
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