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Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Tema: Una subasta, los machos, y sus 24 horas... (Leído 1182 veces)
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Valnelia
Ejecutora-jefa
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En la Mansion / Afueras de Caldwell
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Febrero 14, 2008, 01:47:05
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Hoy a las
13:04:33
Soy todo lo que ves. Tu mayor deseo... tu Shellan.
Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
«
Respuesta #30 en:
Marzo 17, 2010, 03:45:57 »
S
heiztler la contempló divertido ante el nuevo arrebato de la hembra. Sus ojos brillaban enfurecidos. Su pecho subía y bajaba debido a la respiración acelerada, aunque no tenía claro si era por el reciente cabreo o por los momentos que acaban de compartir.
—Te dije que quería ducharme «sola» —le recordó, remarcando la última palabra y aferrando con fuerza la toalla contra su cuerpo.
—No me gusta desperdiciar el agua, Nely —respondió el vampiro, liando otra toalla alrededor de sus caderas—. Y no me negarás que también has disfrutado… —finalizó, asiéndola por la barbilla.
—Cabrón, arrogante, prepotente, engreído... —Val dio un paso atrás y se giró, dándole la espalda.
—Cada vez amplias mas tu repertorio… —Sheiztler soltó una carcajada.
La mestiza salió de la ducha, cabreada, sobre todo consigo misma. Otra vez había vuelto a caer. Maldito HDP, y maldito su propio cuerpo que la traicionaba a la más leve caricia del macho. Y el muy bastardo sabía cómo conseguir llevarla a donde quería. Salió malhumorada otra vez y se adentró en el dormitorio, mirando alrededor. ¡Joder, su ropa estaba en el baño! Se giró para ir hacia allí y chocó contra el amplio torso del vampiro. Dio un paso atrás y lo fulminó con la mirada.
—¿Qué coño se supone que me voy a poner ahora? —le espetó, recordando que su vestimenta estaba sucia después de la cacería de hacía un rato.
—Yo te prefiero desnuda, pero… creo que no estás de humor para complacerme. —Pasó a su lado y fue hasta el vestidor, sacó un pequeño paquete y lo lanzó sobre la cama. Val se acercó y lo abrió, sacando un bonito
camisón de encaje rojo transparente
. Alzó la prenda ante ella y lo miró, echando chispas por los ojos.
—¿Y crees que para esto sí? —preguntó, con el camisón todavía alzado.
—No, supongo que no. Lo dejaremos para otra ocasión en la que estés de mejor humor y en la que pueda disfrutar arrancándotelo. —Hizo un gesto como si la fuera a morder y se giró de nuevo hacia el vestidor obviando la mirada iracunda de su hembra, sacó una
camisa
y se la lanzó.
—Gracias —contestó la mestiza, cogiéndola en el aire—, y… no me gusta el rojo. —Se giró para darle la espalda y, dejando caer la toalla a sus pies exhibiendo su cuerpo desnudo sin ningún pudor, se la colocó. El aroma del macho impregnado en la prenda llegó hasta ella, se recreó en esa especiada fragancia suya que tanto la excitaba. Después la cerró hasta el nacimiento de sus senos mientras esbozaba una pícara sonrisa que borró al encararse de nuevo al vampiro—. Y ahora, ¿qué se supone que vamos a hacer? ¿Contarnos batallitas mientras pasan las horas?
Sheiztler sonrió recorriéndola de arriba abajo con la vista y se acercó a ella, que no se movió ni un ápice de su posición, reprimiendo un comentario sobre su sugerente y seductor aspecto. En cambio, enlazó su cintura y la guió al salón, con la hembra removiéndose, intentando soltarse, en el cerco de su abrazo.
La instancia se hallaba tenuemente iluminada por la luz de algunas velas encendidas a voluntad del vampiro, y cuando el olor que flotaba en el aire llegó hasta la mestiza, su estomago rugió hambriento. Shey la condujo hasta la mesa, la que estaba ante la rosa, y retiró una silla para ella mientras encendía mentalmente las dos velas que allí había. La hembra recorrió la cuidada decoración con la mirada sorprendida, y cuando llegó a la flor, sus ojos se humedecieron levemente, emocionada. Evitó mirar al vampiro y se sentó. No quería que viera que ese simple gesto había llegado a tocarle el corazón, rompiendo su dura coraza irritada, echando abajo las defensas de su malhumor. Rozó la rosa con los dedos y la llevó hasta la nariz, inhalando su fresca fragancia. Se le erizó el vello de la nuca cuando sintió el aliento del macho allí, susurrando muy cerca de su oído.
—¿Creíste que no te regalaría una flor? —Besó su cuello y se acomodó en otra silla, a su lado. Levantó la tapa de la fuente y el aroma del asado se hizo más intenso—. Déjame que te sirva…, déjame alimentarte.
El sensual tono de su voz la hipnotizó, el ardor de su mirada fija en ella la tenía seducida. ¿Estaba realizando algún otro truco de los suyos? Val buscó en su mente cualquier rastro de lo que Shey pudiera estar induciéndole, pero no encontró nada. El vampiro dejó un buen pedazo de carne sobre su plato, cortó un trozo y lo llevó hasta su boca.
¿Qué coño estaba haciendo? ¿Le iba a dar de comer cómo cuando era una cría? Ante la actitud reacia de la hembra, Sheiztler comenzó una escueta explicación de sus costumbres.
—Para un vampiro, darle de comer a su hembra, alimentarla de su propia mano, es todo un honor, una forma de demostrarle respeto. Proporcionarle alimento, calor, bienestar, seguridad… es su mayor deseo. Merecías conocer nuestras tradiciones, y no sabes cuánto lamento no haber podido encargarme de ello. ¿Me dejarás alimentarte ahora? —preguntó, llevando de nuevo el tenedor hasta su boca.
Val la abrió lo suficiente para que él introdujera el cubierto, abrumada por el significado de sus palabras. Lo cierto era que conocía poco o nada de las dos razas a las que pertenecía. Y se sentía incomoda por su ignorancia. Pero ¿quién podría haberle explicado algunas de esas cosas? A su madre no la había conocido, y su padre… Suponía que el guerrero no estaba preparado en aquel momento para hablarle sobre las relaciones entre machos y hembras; vinculaciones, emparejamientos, etc. Y seguro que jamás pensó desaparecer tan pronto de su vida, dejándola sola.
Sheiztler introdujo otro trozo, sacándola de sus pensamientos, y uno a uno, fue cortando y llevándolos hasta su boca, vaciando el plato. Val aferró su mano con el último trocito, envolviendo también el tenedor, que retiró de la mano del vampiro y se dispuso a hacer lo mismo que él había estado haciendo.
Cortó una porción del asado y la colocó en el plato del guerrero, fue cortando cada trozo y llevándolo a los labios del macho, que la miraba fijamente, casi con reverencia, y atrapaba cada trocito de carne con sensual provocación, intentando ponerla nerviosa.
Sheiztler se ocupaba de la bebida, preocupándose de que las copas nunca estuvieran vacías, siempre repuestas por el vino que tanto le gustaba a la Ejecutora.
Terminaron de cenar, y el vampiro atrajo de la silla de ella, acercándola más a él. Llenó las copas de nuevo, acabando así con la tercera botella. Estuvieron hablando y riendo durante un rato, disfrutando y seduciéndose mutuamente; el vino había causado su conocido efecto relajante. Val se levantó para retirar los platos vacios que Shey había colocado a un lado, pero el vampiro se levantó con ella y se colocó detrás.
—¿Qué haces? —le preguntó, demasiado cerca para la tranquilidad de la hembra.
—Recoger esto… —contestó, mientras el macho la giraba aferrada por las caderas.
—Déjalo, todavía no hemos terminado —susurró muy cerca de su cuello.
—¿Falta el postre? —inquirió, entusiasmada por la perspectiva de alguna porción de tarta o helado.
—El postre eres tú, pequeña. —Sheiztler la alzó y la sentó sobre la mesa, recostándola y acomodándose entre sus piernas—. Eres tan apetecible y sabrosa como cualquier pastel —murmuró, mordisqueando su cuello, que fue abandonado para atacar sus seductores labios que permanentemente lo tentaban.
—¡Shey… —gritó complacida contra su boca, empujándolo suavemente.
—Ummm, sí, lo sé, la mesa es un poco dura, pero eso puede ser solucionado fácilmente.
La asió por la cintura y se materializaron en el dormitorio. La recostó sobre la cama y se inclinó sobre ella. Lamió el lóbulo de su oreja, descendiendo por su cuello hasta llegar a donde antes la había mordido, rozó con su lengua allí donde deberían estar las pequeñas incisiones de sus colmillos y descendió por el escote abierto de la camisa hasta donde le permitió el obstáculo del primer botón. Lo desabrochó despacio, besando, mordisqueando y recreándose en cada centímetro de piel que dejaba al descubierto, después abrió otro y otro más hasta dejar abierta la camisa por completo, exponiendo la suave y bronceada piel de su cuerpo para él.
Se alzó un poco para contemplarla. La mirada azul de la hembra ardía con una ansiosa súplica, sus labios rojos e hinchados por los continuos besos estaban humedecidos, sus senos subían y bajaban impulsados por la respiración acelerada. Descendió la cabeza y atrapó uno entre sus labios, succionando con suavidad. Val gimió al sentir de nuevo la boca del macho sobre sus pezones sensibilizados y arqueó la espalda. Deslizó sus manos por el amplio torso del vampiro hasta llegar al borde de la toalla, tiró de ella hasta sacársela de encima, después la dejó caer al suelo, quedando ahí olvidada.
Tenía la imperiosa necesidad de sentir su piel sin nada que les obstaculizara el total contacto. Necesitaba sentirlo encima, cubriéndola con su poderoso cuerpo. No podía describir la sensación que le causaba tener al vampiro sobre ella, entre sus piernas, en su interior. Se sentía completa, llena, satisfecha, saciada…, pero sobre todo, protegida.
Alcanzó las nalgas del vampiro y las acarició con las uñas, marcándole la piel. Sheiztler jugaba en ese momento con su boca, mordisqueando sus labios. Ahogó un jadeo contra el cuello femenino y alzó la cabeza. Aferró sus manos y las llevó por encima de su cabeza, reteniéndolas allí con una de las suyas, grande y fuerte en comparación con la de ella, y sujetándola con cuidado por las muñecas, se dedicó a recorrer con la otra mano libre todo su cuerpo con exquisita reverencia. Como si fuera su bien más preciado y codiciado.
Cuando toda la piel de la mestiza ardía de excitación, pidiendo más desesperadamente, se colocó entre sus piernas como un macho complaciente. Entrelazó los dedos y la miró fijamente a los ojos, rogándole con el azul de su mirada que no la apartara. Entró lentamente en ella disfrutando de cada segundo en su interior, y se quedó inmóvil dentro de esa profunda cavidad que lo acogía y envolvía por completo, fascinado por la apacible sensación.
Val lo empujó con sus caderas, instándolo a moverse, excitándolo. Siguió moviéndose, sintiéndolo crecer aún mas en su interior, hasta que el vampiro tomó el control de nuevo. Mirándose a los ojos, perdido uno en el brillo velado por el deseo del otro, comenzaron una danza suave, lenta y deliciosa, con movimientos tiernos y pausados, destinados a provocar el mayor placer y durante el máximo tiempo posible.
Los pezones de la hembra, demasiado sensibles por las placenteras atenciones recibidas, rozaban el amplio pecho del vampiro, arrancando roncos gemidos de su garganta que excitaban todavía mas al macho, impulsándolo a intensificar sus firmes estocadas, llenándola plenamente. La hembra bajó sus barreras y abrió su mente, dejándolo entrar, dejándolo sentir el cúmulo de sensaciones que estaba sintiendo. Sheiztler se adentró en ella ávido de conocimiento, deslizándose sinuosamente en sus recuerdos, deteniéndose de golpe en la época en la que era su monitor.
Las miradas furtivas de la joven cuando entrenaban le fueron reveladas, sus inexpertas reacciones ante el leve contacto con su cuerpo musculoso, la atracción que ya sentía hacia el vampiro. Rugió complacido; en aquel entonces no se había dado cuenta que la joven tenía esos sentimientos hacia él, que sólo la veía como la hermana pequeña a la que molestar. Sentimientos que cambiaron la tarde que la encontró desnuda en su habitación tras haberse revolcado con su primer macho. Los celos lo embargaron, y darse cuenta de esa molesta sensación lo paralizó, sin poder apartar la mirada de ella, abstraído en su cuerpo. Ese fue el comienzo de un lento anhelo que muy pocas hembras consiguieron calmar a lo largo de los años.
Apartó sus atormentados recuerdos repletos de insatisfecho deseo y los reemplazó por vívidas imágenes de ellos dos retozando y realizando las miles de fantasías eróticas con ella que lo habían mantenido vivo durante su prologando retiro.
Val jadeó ante las nítidas escenas que el macho proyectaba en su mente, ahogó un jadeo contra el hombro del vampiro y arqueó más sus caderas, buscando la máxima unión. El orgasmo los golpeó con fuerza, recorriendo sus cuerpos como fuego liquido, dejando de ser dos para formar un sólo ser que respiraba y se estremecía a la vez.
Sheiztler cayó exhausto sobre la hembra, sintiendo aún los últimos espasmos de la culminación. Su respiración entrecortada acariciaba el hombro de la mestiza, donde descansaba apoyada su cabeza.
Al cabo de unos minutos, deslizó su cuerpo hasta quedar sobre la cama, liberándola de su peso y la pegó a su cuerpo abrazándola por la cintura. Val se movió con rapidez liberándose del abrazo y se colocó a horcajadas sobre el vampiro con una pícara sonrisa.
—¿Qué haces, leelan? —preguntó, acariciando cariñosamente el muslo de la vampira.
—¿Hemos terminado? —preguntó ella, inclinándose y susurrándolo al oído.
—Ajá… por el momento, diría que sí —contestó Shey, con los ojos cerrados, sin dejar de acariciar arriba y abajo su pierna.
—No, querido, ni siquiera hemos empezado… —Mordió suavemente el lóbulo de su oreja y añadió—: ¿Lo recuerdas?
—Ahora mismo no recuerdo nada, te lo aseguro.
—¿Crees que soy del tipo de hembra sumisa que acata cada una de tus ordenes? —le preguntó, moviéndose de forma sensual. Sheiztler aferró las femeninas caderas, deteniendo el movimiento.
—Dame unas horas de descanso y repetiremos todo lo que quieras… —murmuró con tono embaucador, intentando acostarla a su lado. Val lo empujó por los hombros, bloqueándolo contra la cama.
—No, cielo, esto se acaba cuándo tú digas… —susurró junto a su odio con deje erótico en su voz.
—No seas mala, Nely, estoy cansado… —jadeó, cuando sintió las manos de la hembra recorriendo su pecho perezosamente hacia su entrepierna.
—No soy mala… soy perversa, pero eso es lo que más te gusta.
La hembra se deslizó sinuosamente por el cuerpo del vampiro, mordisqueándole el cuello, deteniéndose unos instantes en sus musculosos pectorales para saborearlos, y descendiendo lentamente por sus marcados abdominales, delineando el contorno con la punta de la lengua.
—Déjalo… por favor —gimió—. Hasta los vampiros necesitamos descansar… —Sheiztler asió en un puño el pelo largo que enmarcaba el rostro de la mestiza. Val lo miró con un brillo travieso en sus ojos desde su posición y sonrió antes de contestar.
—Lo siento, querido. Ahora…, yo marco las pautas. —Lamió descendiendo por su cintura hasta el marcado oblicuo—. ¿De verdad creías que lo hacías tú? —Succionó la vena expuesta que allí latía—. Siento decirte que sólo te he dejado suponerlo porque también yo disfrutaba con ello… Pero esto acaba cuando yo lo decida, mi amor… —Extendió sus pequeños colmillos y atravesó suavemente la piel, rasgando para llegar a su deliciosa vena.
Sheiztler alzó la cabeza, sorprendido, después la dejó caer pesadamente sobre la cama, suspirando y dejándose llevar por las sacudidas que le causaban esos pequeños, pero seductores colmillos, que le robaban parte de su preciado liquido vital, hecho que además lo colmaba de dicha. Val deslizó una mano por su entrepierna, jugueteando con su miembro semi erecto, que poco a poco fue creciendo en su mano. Dejó de beber complacida y lamió la pequeña herida, cerrándola. Después recorrió lentamente el grueso tronco de su pene hasta la punta, y al llegar arriba, lo miró sonriendo.
—Estaba segura que podrías conseguirlo.
—Rectifico… eres muy perversa —gimió el vampiro.
—Pero tú me adoras.
La hembra se colocó a horcajadas de nuevo y se deslizó despacio por el miembro enhiesto, realizando lentos movimientos. Sheiztler la aferró por las caderas para tumbarla sobre la cama, pero la mestiza se resistió y siguió montándolo despacio, marcando un ritmo pausado, torturándolo… hasta conseguir que el vampiro perdiera el control. Con un rápido movimiento, el macho se giró y colocó sobre ella, erguido entre sus piernas y tomando de nuevo las riendas de la situación. Colocó una mano a cada lado de la cabeza de ella y descendió hasta casi rozar sus labios, mirándola fijamente.
—Sabes que me tienes en tus manos —susurró, sin dejar de moverse en su interior—, sabes qué hacer para conseguir lo que quieres de mi, sabes que podrías matarme de placer… Sabes que soy tuyo… y tú eres mía… para siempre.
—Para siempre —repitió la mestiza en un susurro bajo, dejándose llevar por el éxtasis que comenzaba a llenarla, perdiendo la capacidad de pensar, decir, actuar…, seducida por las palabras del vampiro.
B
ien entrada la mañana, los cuerpos yacían bajo una sabana, que apenas los cubría, sobre la enorme cama revuelta. La pierna de la mestiza reposaba tranquila entre las del macho, acostada de lado, descansando su cabeza sobre el amplio pecho masculino. Sheiztler acariciaba su espalda con una tierna caricia. El cadencia acompasada de su respiración le indicaba que la hembra ya había sucumbido al sueño. Sonrió, satisfecho por la suave y dulce fragancia femenina que impregnaba su piel.
Hacía muchos años que no sentía esa tranquilidad, que no se sentía completamente relajado, y por supuesto, jamás había dormido durante las horas del día junto a una hembra con la que hubiera pasado la noche. Lo suyo habían sido encuentros esporádicos con unas u otras, pero siempre volvía a su casa o a la Mansión para descansar. Dormir plácidamente junto a su hembra, despertarse y sentir la candente figura femenina a su lado, enroscada a su cuerpo, era completamente nuevo para él. Y le encantaba esa nueva sensación.
Rodeó su cintura con el brazo que antes acariciaba su espalda y la pegó más a él, casi de forma posesiva. La hembra suspiró levemente y acomodó mejor la cabeza sobre su torso. El cálido aliento cosquilleó sobre su piel y su cabello se derramó sobre las sábanas como una oscura cascada. Sonrió y cerró los ojos, adentrándose también en su merecido descanso.
U
n insistente pitido retumbó en la silenciosa habitación.
—¿Qué coño es eso? —preguntó Sheiztler, sobresaltado y asiendo una de sus armas de debajo de la cama.
—Es la alarma —contestó Val, desperezándose—. ¿Nos hemos dormido hasta tan tarde? —preguntó, sentándose en la cama.
—¿Alarma? ¿Qué alarma? —Sheiztler se recostó de nuevo. La hembra le sonrió y besó sus labios.
—Lo siento, querido, tus 24 horas han terminado —contestó la Ejecutora, levantándose. El vampiro aferró su muñeca.
—Apaga eso y vuelve aquí —le indicó, con una amplia sonrisa.
—Ya no estoy a tus ordenes, Shey —le contestó Val con una encantadora risita. El macho tiró de ella y la tumbó sobre la cama, colocándose encima y bloqueándola con su cuerpo.
—Creo que no es necesario que la apagues —sonrió el vampiro cuando la alarma se silenció sola.
—Ummm —gimió la hembra cuando Sheiztler atrapó sus labios—, tengo patrulla esta noche, Shey —susurró contra su boca, intentando liberarse de su peso.
—Eso no es un problema, pequeña, puedes tomar de mi sangre antes de irte y recuperarte. —El macho deslizó las manos por el cuerpo desnudo de la mestiza, atrapando un pezón entre sus dedos mientras lamía sus labios jugosos. Val se arqueó y se aferró a la espalda del vampiro, acariciando los músculos tensados—. ¡Joder! ¿Otra vez? —La alarma comenzó a sonar de nuevo, más insistente que antes—. ¿De quién fue la brillante idea?
—Mia —suspiró Val, apoyándose sobre un codo y mirando alrededor.
¿Dónde coño estaba su móvil? No recordaba haberlo sacado, por lo que debía estar aún entre su ropa hecha un abandonado montón en el baño. ¡Jooooderr! ¿Y tenía que levantarse? Sheiztler no hizo ningún movimiento para quitarse de encima, al contrario, empujó con sus caderas, rozando su entrepierna con la de ella mientras le lanzaba una mirada cargada de deseo. Val sonrió y visualizó sus pantalones, el teléfono, y después su mano, apareciendo al instante sobre ésta, pero la alarma dejó de sonar en ese mismo momento. Lo dejó caer sobre la cama, distraída por las atenciones que el vampiro ya prestaba a su cuerpo.
Minutos más tarde, el móvil comenzaba a sonar con el tono de una llamada entrante, inundando de nuevo la habitación con su molesto pitido.
—¡Joooodeerrrrr! ¿No se puede echar un polvo tranquilo? —gritó exasperado el vampiro. Val cogió el aparato y lo miró. C.O parpadeaba en la pantalla.
—¿Sí? —contestó.
—Val, no has pulsado la deten… —comenzó a decir Vik.
—Ahora no, Vik…
—Ha sonado dos veces y… —continuó diciendo la joven, obviando las palabras de su jefa.
—Vik, coño, ahora no…
—¿Qué te pasa? —preguntó la joven Ejecutora. Preocupada, pulsó el botón del manos libre del centro de operaciones.
—Nada… sólo es… ummm… un mal momento… —jadeó. Sheiztler deslizaba una mano por su entrepierna, con una sonrisa divertida en sus labios.
—¿Pero estás bien? —preguntó de nuevo Vik.
—¿Qué pasa? —escuchó preguntar Jecru, que se colocó detrás de su hermana.
—Sí…, umm… después os llamo… —contestó Val a la primera pregunta.
—¡Joder, Val! ¡No me puedes hacer esto otra vez! —escuchó gritar a Kira por el intercomunicador—. ¿Me oyes? Tú eres la que tienes que darme ejemplo…
La Ejecutora jefa cortó la llamada y soltó el móvil, que cayó al suelo con un golpe seco. Aferró a Sheiztler por las caderas y se concentró en el vampiro, que lentamente se abría paso hacia su interior, cálido y húmedo desde hacía rato, olvidando por completo la alarma, la llamada, sus hermanas...
D
os horas más tarde, se materializaba en su habitación. Corrió hasta el vestidor mientras se deshacía de la ropa limpia prestada por el vampiro y sacó uno de sus atuendos de patrulla. Se lo colocó con rapidez y salió al dormitorio recogiéndose el pelo en una cola alta. Su cabello aun estaba húmedo tras la ducha con el vampiro antes de abandonar el apartamento alimentada en todos los sentidos. De la armería de su despacho sacó unas serie de armas para esa noche y se ajustó sus dagas, que había dejado sobre la cama. Después bajó corriendo las escaleras hasta el C.O.
Lyss se encontraba apoyada en la pared de la entrada, con los brazos y las piernas cruzadas. Le lanzó una mirada divertida.
—No te has presentado para la cena —le dijo, deteniéndola antes de entrar al centro.
—Lo sé…
—¿Demasiado ocupada cómo para perdértela? —preguntó la loba, abandonando despacio su posición y encarándola. Val no le contestó, sólo le dedicó una amplia sonrisa irónica—. Kira te espera para la patrulla —la informó, entrando a continuación al C.O.
—¡No me jodas, Lyss! —La Ejecutora jefa la siguió al interior—. ¡Serás cabrona! —exclamó, mirando el cuadrante.
—Por fin llegas, jefa. —Kira se levantó de donde había estado sentada esperando y comenzó a caminar a paso rápido hacia ella—. Ya me veía echándome una partida en la Wii y tomándome la noche libre.
—Mucha suerte, Val —se despidió la rubia con una carcajada, y haciéndole un gesto a su compañera de patrulla, salió de la sala. Jecru y Vik la miraron con el ceño fruncido y una pregunta no formulada en sus ojos. Val la ignoró.
—¿Qué coño estabas haciendo? —la increpó Kira—. No me digas… ¡Dios, me llevó años olvidar aquella escena en la Reserva! ¡No voy a poder mirarte a la cara sin verte en mi mente retozando con tu macho! Eres… eres… ¡Eres una mala madre! —Val se giró y salió del centro de operaciones, dirigiéndose hacia las escaleras que conducían al sótanos. Detrás, Kira seguía despotricando—: Esas cosas no se las enseñan a las hijas, o hermanas pequeñas, o lo que coño seamos para ti… ¡Me vas a tener que dar un plus para que las borre de mi retorcida imaginación! Ya me conoces, y sabes que tengo una mente muy frágil… ¡Dios, no voy a poder dormir! ¿Sabes? Creo que un modelito exclusivo que he visto en una tienda d…
Val la ignoró y subió a su moto, la arrancó y dejó a Kira detrás, pero la muy puñetera conectó el intercomunicador de los cascos y siguió quejándose y quejándose.
—¿Te tiemblan las piernas, jefa? Seguro que sí… Me parece notar que caminas un poco raro… Diferente, diría yo… ¡Pues te jodes…!
¡Joder! Lyss se había vengado adjudicándosela de compañera esa noche por haber soportado antes esa misma charla protesta de la joven. Si desconectaba el intercomunicador, estaba segura que Kira se colocaría a su lado, comenzaría a hacerle insistentes señas y no se detendría hasta que lo volviera a encender. La Ejecutora jefa desconectó su mente de la parrafada de la joven y se concentró en la carretera.
Destino: Centro de Caldwell.
Próximo destino: Apartamento de Sheiztler.
Rezó para que las siguientes horas pasaran con rapidez, deseaba encontrarse de nuevo en los brazos del vampiro, y para qué negarlo, también en su cama. Pero sobre todo rezaba para que Kira encontrara otro blanco con el que divertirse y la dejara en paz. Sabía de lo que la joven era capaz de incordiar, tenía años de práctica. Por algo era el Grano en el Culo de las Ejecutoras. Título que ostentaba con orgullo.
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