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Cronicas Oscuras
La Mansión
Las Historias
(Moderadora:
Beth
)
Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Tema: Una subasta, los machos, y sus 24 horas... (Leído 1100 veces)
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Valnelia
Ejecutora-jefa
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En la Mansion / Afueras de Caldwell
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Febrero 14, 2008, 01:47:05
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Soy todo lo que ves. Tu mayor deseo... tu Shellan.
Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
«
en:
Agosto 22, 2009, 11:18:16 »
T
al y como le había prometido a Rehv, lo llamó cuando tuvo organizado los cuadrantes de las patrullas. Aunque cumplieran con lo pactado en la subasta, debían seguir con sus obligaciones.
—¿Diga? –contestó la voz soñolienta del macho al otro lado de la línea.
—¿Sigues durmiendo? –preguntó Val con sarcasmo.
—Tú qué crees…
—Qué estás perdiendo dinero, cielo…
—¿Sólo me llamas para preocuparte por mi cuenta bancaria o quieres algo más? –preguntó Rehv algo molesto.
—Umm… para algo más, y en cuanto acabemos de hablar, te puedes poner manos a la obra.
—Deja de dar rodeos, Ejecutora.
—Puedes comenzar a llamar a los machos y avisarlos que las citas darán comienzo.
—¿Quién va a ser la primera? ¿Tú?
—No, no tengo ni idea, y Sheiztler puede esperar –contestó con una sonrisa. De momento, el macho estaba bien servido y no necesitaba de una cita para verla.
—¿Cómo se realizaran los encuentros? ¿De uno en uno?
—No, al menos dos por noche, quiero que el tema acabe lo antes posible.
—De acuerdo. ¿Puedo volver a mi descanso?
—Por supuesto, Revh –contestó con una sonrisa cuando lo oyó suspirar.
—En unas horas comienzo a avisar a los machos. ¿Serán tus Ejecutoras las que acuerden las citas?
—Sí, será lo mejor, y seguro que ya tienen sus números.
—Bien, pues… adiós. Y deja la costumbre de llamarme a esta hora. Me harás muy feliz.
Val contestó con una risa y después colgó. Durante la comida comunicaría a sus hermanas que comenzarían los turnos de las 24 horas con los machos que pujaron por ellas en la subasta. Tras mirar la hora, apagó su portátil y salió del despacho sonriendo. Más de una, y de dos, estaría contenta de escuchar la feliz noticia.
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Valiente es aquel que no toma nota de su miedo, y a pesar de la adversidad... sigue avanzando.
Jecrufe
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La Mansión
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Octubre 27, 2008, 09:43:05
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No hay nada de Paz en mi Destino
Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
«
Respuesta #1 en:
Agosto 22, 2009, 11:47:49 »
Esta noche le tocaba a ella. Tendría que pasar 24 horas con Xhex….
No sabía si reír o llorar.
Bajaba al Centro de Operaciones cuando Joseph la llamó.
-Señorita Jecrufe.- se acercó y le entrego una nota.- ha llegado esto para usted.
-Gracias Joseph.
Cogió la nota y la leyó. Cuando vio donde la había citado Xhex para las 24 horas se sorprendió.
Horas después de recibir el mensaje Jecrufe estaba en la entrada del parque de atracciones esperando a Xhex. Después de lo que le ocurrió a Poli, todas estaban un poco nerviosas. Suerte que a la mayoría le habían comprado sus machos...
Notó que alguien le tapaban los ojos
-¿Me esperabas?- le susurraron al oído.
Se giró y vio a Colin.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó en un tono bastante brusco.
-Pues que voy a hacer. Pasar 24 horas con mi chica.- la tomó de la mano y comenzó a arrastrarla dentro del parque de atracciones.
-Te recuerdo que tu no me compraste.- le dijo parándose en seco y cruzándose de brazos.
-Ya se que no te compre, pero tengo todos los derechos sobre ti.- la volvió a tomar de la mano.
-Déjate de bromas.- se dio la vuelta para volver donde estaba.
- ¿A dónde vas?.- la tomó del brazo.
-A esperar a Xhex.- le respondió mientras intentaba soltar el agarre del macho.
-Ya te he dicho que Xhex no vendrá. La 24 horas las pasaras conmigo.- la soltó para sacarse del bolsillo un papel y se lo entregó.- Léelo. Ya sabía que no me creerías, así que le dije que lo pusiera todo por escrito.
Jecrufe comenzó a leer. Estaba boquiabierta. El papel era un documento donde Xhex le cedía a Colin sus 24 horas con ella, firmado por ambos y por Revh. Pero ¿que coño se creían que ella era?, ¿una bicicleta que se podía ir prestando y cediendo de uno a otro?. Se puso furiosa.
-Vamos Jecru.- la volvió a tomar de la mano- solo tenemos unas pocas horas hasta que amanezca. Y no sabes lo que me costó que nos abrieran el parque de atracciones para nosotros solos toda la noche.
-¿Qué?.- ella se dejó arrastrar hasta dentro donde estaba un macho para pemitirles la entrada.
-¿A dónde vamos?- pregunto intentando mantenerle el paso al macho.
-Aquí.- se detuvo frente la
Montaña Rusa
.
La hembra miro la atracción, y luego lo miró a él.
-¿No pretenderás que me suba ahí verdad?
-Pues claro que si.- cuando vio que ella comenzó a retroceder, la cogió y se la echó al hombro, para poder subir a la atracción.
La hembra comenzó a forcejea.
-Quédate quieta si no quieres que utilices mis poderes para inmovilizarte.- ella obedeció al instante.- eso esta mejor.
Cuando estuvieron listos para que comenzara a funcionar, Colin hizo una señal al macho que estaba en la cabina de funcionamiento.
-No soy ninguna niña pequeña, para que me traigas a un parque de atracciones a divertirme.
-No, no eres una niña pequeña. – la recorrió con una mirada llena de deseo.- Pero si necesitas divertirte.
En ese momento se empezaron a mover. Subidas, bajadas, curvas… Llevaban pocos segundos haciendo el recorrido cuando la hembra comenzó a reír y a gritar. El la miraba atentamente disfrutando del sonido de su risa. No la veía reír así desde que era una niña.
Cuando se detuvieron, ella lo miro sonriendo.
-Quiero repetir.
El asintió e hizo la señal, para que volvieran a moverse…
Durante horas, estuvieron correteando por el parque de atracciones como niños. La Montaña Rusa, Caída libre, Montaña Rusa de agua, Coches de choque, Tiovivos….
Cuando faltaba una hora para el amanecer, bajaron de la Montaña Rusa por última vez.
-Bueno pequeña, ya es hora de que nos vayamos.
La tomó de la mano y la condujo hasta la salida del parque. Allí los esperaba el mismo macho que los recibió al llegar con un algodón de azúcar.
-Espero que se hayan divertido.- dijo mientras que le daba el dulce a ella.
-Desde luego. Gracias.- le dijo ella con la misma sonrisa infantil que tenía durante horas.
Cuando estuvieron solos en la entrada del parque, la hembra le dijo en un susuro.
-Gracias Colin. Hacía años que no desfrutaba tanto. – le beso en los labios.
-No me de las gracias aun no hemos terminados.
Estaban en la calle y en un abrir y cerrar de ojos estaban en el apartamento de él. Cuando ella se dio cuenta se puso nerviosa.
-¿Qué hacemos aquí?
-Pues continuar con nuestras 24 horas.- le dio un bocado al algodón de azúcar que ella llevaba en la mano.- Termínatelo mientras me pongo cómodo.
Ella se comió lo que le quedaba, y fue hasta el salón. En la mesa que había frente al sofá, había unas bandejas con canapés variados y una hielera con una botella de vino blanco. En el suelo habían dos pufs, se sentó en uno de ellos. El apareció en ese momento y a ella se le hizo la boca agua. ¿Ponerse cómodo? El maldito salió desnudo. Bueno casi desnudo, llevaba una pequeña toalla alrededor de su cintura.
-¿Qué… qué paso con tu ropa?.- balbuceo
-Me la quité.- el se sentó a su vera, sirvió el vino en dos copas y tomo un canapé.- Para lo que haremos después de picar algo, necesito estar así.
-No pienso ser tu esclava sexual.- dijo ella mientras se llevaba un canapé a la boca y tomaba un sorbo de vino.
-¿Pero que estas pensando?- el comenzó a reír cuando vio que ella se ruborizaba.- Siempre estas pensando en lo mismo.
-¿Yo? Tu eres el que siempre estas ideando estrategias para llevarme a la cama.-le respondió indignada.
-Si, y espero encontrar alguna que funcione.
Terminaron de cenar, y él se levanto del puf para tumbarse boca abajo en el sofá.
-Bueno ahora señorita. Quiero que me des un masaje. En el baño tengo aceite aromático.
Ella se levanto, y fue al cuarto de baño a coger una botellita de aceite que ponía SHUNGA.
¿Shunga? ¿Qué leches es eso? Abrió el tarro y lo olió, olía a chocolate. Volvió al salón. El estaba allí tumbado y relajado. Ella se estremeció al verlo.
-Quítate los zapatos y ponte a horcajadas sobre mí.
Ella lo obedeció, y cuando estaba sobre él se echo un poco de aceite en las manos, y comenzó a extenderlo por su espalda. Era perfecta, ancha, con músculos y nada de grasa. Empezó a acariciarle los hombros, y fue descendiendo. Dios le estaba entrando en calor…
-Mmm.- gimió el macho.- sigue así….
Joder, joder, se estaba excitando. ¿Por qué no se quedaba calladito? Aspiró el aroma del aceite….
-¿Por cierto que es aceite de Shunga?.- preguntó para alejar sus pensamientos.
-Mmm. Es un aceite afrodisiaco.
-¿Qué? - Ella se levantó de golpe. A continuación el se puso boca arriba y se le abrió la toalla, ella se dio cuenta y se giró.- Quieres taparte…
Al verla el comenzó a reír.
-Por dios Jecru, parece que nunca hayas visto a un macho desnudo.-se levantó y la tomó de la mano para llevarla a su habitación.-Bueno ya que no quieres darme un masaje, pues nos daremos un baño en el jacuzzi.
-No traigo bañador.-dijo rápidamente.
-Para lo que tengo pensado no lo necesitas.-le respondió mordiendole el lóbulo de la oreja. Cuando ella se apartó rápidamente, continúo.- pero tranquila, sabia que te pondrías así. Acompáñame.
Ella lo siguió hasta el dormitorio y vio encima de la cama un minúsculo
bikini brasileño
. Lo cogió y lo miro alzando una ceja.
-¿Dónde esta el resto de tela que le falta?.- el comenzó a reír a carcajadas.
-Venga deja de hacerte la inocente, recuerda que te he visto bañarte con menos tela en la piscina de la Mansión.-se fue hacia la puerta.- Te esperó allí. No tardes.
Cuando él la dejó sola, ella se desnudó y se puso el bikini. En menos de cinco minutos, ya estaba fuera del
jacuzzi
, mientras que el vampiro la esperaba dentro con una mirada de deseo. Vio que al borde del jacuzzi había un cuenco con fresas y dos copas de champán.
-Entra.-le ordenó el macho con voz firme.
Cuando ella lo obedeció, él tomo las dos copas, le dio una a ella y brindó.
-Por nosotros.
Dio un sorbo y esperó a que ella hiciese lo mismo. Entonces cogió una de las fresas, la mordió y la acercó a los labios de ella. Cuando ella dio un pequeño mordisco el macho se endureció. Sin poder estar durante más tiempo sin sentirla, se acercó a ella, le quitó la copa y junto con la de él las dejó al borde del jacuzzi.
-¿Qué... qué haces?- tartamudeo ella nerviosa.
-Lo que estoy deseando hacer desde que te vi anoche.
Y sin ninguna explicación más, la besó.
Su boca se adueñó de la de ella, ansiosa y posesiva, demostrando lo que deseaba de ella. Deslizó la lengua en el interior de su boca, y Jecru sintió que el calor le inundaba su cuerpo. Le temblaban las piernas, el corazón le latía a gran velocidad. Se descubrió apretándose contra él, estrechándose cada vez con más fuerza contra su sólido cuerpo. Comenzó a darle mordiscos y sin ser consciente de lo que hacía, sus dientes hicieron una herida en el labio del macho. Cuando ella noto la sangre intentó alejarse, pero Colin sin permitírselo se apoderó de nuevo de su boca. Pudo sentir el corte en los labios de Colin, el sabor de su sangre.
Colin deslizó las manos por su espalda y le aferró las nalgas. La alzó y la puso a horcajadas sobre él, hasta que el sexo de la hembra quedó pegado al suyo erecto. Lo sintió duro como el hierro, palpitante, más grande de lo que imaginaba, tenso contra la tela del bañador. Dentro de ella se encendió un fuego, que de un momento a otro la consumiría.
Él le besó el cuello y cubrió uno de sus senos con la mano. Masajeó con suavidad el pezón hasta que se puso duro. Apartó la tela del bikini para tomar el pezón entre sus labios, pero cuando descendía con la cabeza, sonó un molestó pitido. Ella se puso de pie, y mientras que el agua caía por su cuerpo Colin le preguntó.
-¿Qué coño es ese sonido?- La tomó de la mano intentando que ella entrase otra vez en el agua. Pero ella se soltó y salió del jacuzzi.
-Es la alarma que indica que tus 24 horas ya finalizaron.- tomo una toalla y se envolvió en ella.
-¿Qué? ¿Una alarma? ¿Por qué leches has puesto una alarma?.- preguntó mientras sentía su miembro palpitar.
-Muy fácil, para controlar el tiempo de la Ejecutoras con sus compradores, he instalado una alarma en el móvil de cada una. Tu prima estaba de acuerdo, como comprenderás, después de lo sucedido con Poli, no va a permitir que pasemos ni un minuto más del acordado con ningún extraño.
-Pero yo no soy un extraño.- ella se encogió de hombros.
-Las reglas son las reglas. Ya han pasado tus 24 horas.- dicho eso ella se acercó a la puerta para marcharse.
-Jec, no puedes dejarme así.- dijo furioso notando el dolor de su miembro al no encontrar liberación.
-Lo siento. Tu tiempo se ha acabado.
Y con esas últimas palabras fue al dormitorio se vistió y se fue del apartamento. Dejando al macho con una gran erección.
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Lady Mayfair
Mim
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La fuerza constante dentro de mi corazón eres tu.
Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #2 en:
Agosto 24, 2009, 09:36:29 »
Mim se levantó temprano.Aún estaba el sol fuera,pero esta noche empezaban las 24 horas que pasaría con Dastan y tenía que prepararse.Sin correr las pesadas cortinas del balcón,se bajó de la cama.Fue al la estantería y encendió el equipo de música,sonó la radio.Rebuscó entre los cd´s que tenía haber cual de ellos ponía.
-Haber.Este lo escuché ayer.Rus-dijo mirando al lobo-¿Que te apetece escuchar hoy?.
El lobo se sentó sobre sus cuartos traseros y la miró .
-Bien,este nos gusta a los dos,será el elegido.
Colocó el disco en la pletina y le dio al play.La música empezó a sonar,era la música de Tarántula de Mónica Naranjo.Mientras sonaba fue directa al baño y abrió el grifo de la bañera.Un baño con sales le relajaría los músculos y la dejaría como nueva.Se quitó la mini camiseta que usaba para dormir y la braguita,se miró al espejo y se observó detenidamente.
Tenía más musculatura en los brazos y muslos de los que tenía antes,gracias al ejercicio,su piel se había tornado más pálida desde que los rayos del sol no se posaban sobre ella,tendría que preguntarle a Val si tomar unos uva le podrían perjudicar,se veía demasiado pálida.
El baño estaba lleno y Mim introdujo un pie para ver la temperatura.Justo como le gustaba.Se metió por completo y se sentó,un suspiro de placer escapó de sus labios cuando el agua caliente le llegó al pecho.Se deslizó lentamente hacia abajo y se sumergió en la bañera para mojarse el pelo.
Siento que te estás preparando para mi,picola.Escuchó en su cabeza.
Volvió a sacar la cabeza del agua.
Dastan,sal de mi cabeza,las 24 horas no han empezado aún.
Estoy deseoso de que lleguen,me muero de ganas.Y presiento dentro de ti la excitación por lo que esta por llegar.
Sientes mi inquietud,no dejas que me relaje y me pones nerviosa.
Sintió en su cabeza la risa de Dastan.
Está bien,cara mía.Dejaré que te relajes y te prepares para mi.
Mim notó el vacío en su cabeza cuando Dastan abandonó el canal de comunicación con ella.Volvió a sumergir la cabeza en el agua y cerró los ojos,haber lo que aguantaba.
Tras quince minutos de relajante baño,Mim salió de la bañera.La música seguía sonando,Para siempre,se envolvió el pelo en una toalla y con otra se frotó el cuerpo para secarse.Lo hacía mientras cantaba al son de la canción.Tras secarse,se hidrató el cuerpo con un aceite aromatizado de lavanda.Salió del cuarto de baño y entró en el vestidor,repasó la ropa que tenía.No sabía qué ponerse.Cogió un vestido de
coctel
negro,lo extendió sobre el diván que había en el vestidor.Buscó unas medias de cristal y un conjunto de sujetador y tanga también en negro.Las sandalias de tacón a juego,ya se había acostumbrado a las alturas.Miró el conjunto al completo sobre el diván,sí esa sería la ropa para la noche.Hecha la elección buscó una bolsa de deporte,metería dentro un par de mudas,unos vaqueros y unas camisetas...lo que le fuera ha hacer falta en esas 24 horas.Llena la bolsa volvió al dormitorio con la ropa interior en la mano,subió el volumen de la música y comenzó a ponerse la ropa interior.
Volvió al baño para secarse el pelo.Se puso espuma y se lo rizó con una de las planchas que tenía.No tenía costumbre de pintarse pero hoy lo haría.Ya que Dastan se había gastado el dinero,tendría una buena hembra de pies a cabeza.Se puso un poco de maquillaje para disimular la palidez de su piel,se perfiló los ojos con un eyerline negro.Rebuscó en la bolsa de pinturas...una sombra gris un poco oscura le iría bien.
La música había terminado,salió al dormitorio y puso otro cd,el primero que pilló.Entró al vestidor y sacó la ropa que había elegido,la puso sobre la cama y empezó a ponerse las medias.
-Despacio...no quiero enganches...son las únicas que me quedan...
Se puso en pie y se miró las piernas en el espejo de cuerpo entero para ver si estaban sin enganches ni carreras.
-Perfectas,espero que duren hasta que me las quite.
En ese momento Rust,que la había estado viendo ir de un lado a otro del cuarto,saltó sobre ella y la derribó al suelo.
-¡No es hora de jugar!-lo apartó de ella y se puso en pie.-¡Mira lo que has hecho!-dijo viendo el enorme desgarrón en las medias.-Joder,haber qué hago ahora.
Cogió el móvil de la mesilla de noche y marcó el de Hécate.Tras un par de toques ésta descolgó.
-Di me Mim.
-Hécate,tengo un problemilla...Rust me ha roto las únicas medias que me quedaban...¿tienes unas de cristal para dejarme?.
-Claro,siempre tengo de repuesto por lo que pueda pasar,pásate a por ellas.
-Gracias,voy ahora mismo.
Colgó y se puso una camiseta y salió hacia el cuarto de H.
Esta la esperaba con las medias en la mano.
-Tienes que sacar al lobo cuando haya medias de por medio.-le dijo H.
-Sí,eso lo sé ahora.Me voy,que no llego.
Salió como alma que lleva el diablo, del dormitorio de H y entró en el suyo.Miró a Rust -Bueno chico,¿no quieres salir a correr al bosque?-le hizo un gesto mientras salia del dormitorio y recorrían la casa.Rust la siguió hasta la puerta del jardín donde lo dejó y corrió de vuelta a las escaleras y subió al dormitorio, donde continuó vistiéndose.
Habían quedado en que la recogería en el ZS,viendo que todo lo que le podría ser de utilidad estaba en su bolsa de viaje,cogió el paquete de tabaco,las gafas de sol,por si las moscas y las llaves de su Lambor.Salió de su cuarto hacia las escaleras,al pasar por la mi ni armería decidió coger unas
dagas
.Tras lo de Poli toda precaución era poca.Las sopesó,ligeras y no muy pesadas.Se ciñó las fundas a los muslos y allí colocó las dagas.Salió de la armería y bajó las escaleras hacia el despacho de Val,no sabía si la pillaría,quería decirle que salia hacia el ZS para su cita de 24 horas.No la encontró,pero le dejó una nota sobre la mesa del despacho.
Cuando llegó al garaje abrió el coche y lanzó el bolso al asiento trasero,se montó y pulsó el mando del portón,arrancó y salió de la mansión.Se fijó que la verja se cerraba tras su salida y aceleró.
Tras media hora de conducción llegó al ZS,aparcó en la zona vip y bajó del coche.Se encendió un pitillo mientras se dirigía al local y saludaba al portero.
-Guapetona,bonito vestido.
-Gracias Romeo.
Entró y fue a la barra,Dastan ya la esperaba acodado en ella.Con un
traje negro
-Buenas-le dijo-pon me una cerveza fresca.-al camarero.
-Hola,cara mía.-la agarró por la cintura y la acercó a él.
-¿Llevas mucho esperando,Dastan?.
-Toda la eternidad.-la besó en los labios.
-Vamos,exagerado.Por el contenido de tu botella de cerveza,acabas de llegar.-sonrió.
-Puede que ya lleve unas cuantas.
Mim le dio un trago a su cerveza.-¿Dónde piensas llevarme?.Supongo que me llevarás a cenar,no he probado bocado.
-Bueno,lo tenía pensado,pero al verte con un vestido...sólo deseo arrancártelo.
-Me moriré de hambre...-dijo zalamera.
-No lo permitiré.He reservado en un restaurante del centro,con reservados para estar más cómodos.
-Ummm,suena bien ¿y?...
-Luego, un paseo romántico hasta el piso y...24 horas de puro placer y sexo.-volvió a besarla pero esta vez en el cuello.
-Tengo el coche fuera-le tendió las llaves-esta noche es todo tuyo también.
Dastan cogió las llaves y se las guardó en el bolsillo del pantalón.
-¿Nos vamos o quieres tomarte otra cerveza?-le preguntó a él.
-No...vámonos.El tiempo pasa deprisa cuando estamos juntos y quiero disfrutarlo.
-Bien,pues venga.
Salieron del ZS,Dastan la agarraba por la cintura pegándola todo lo más a él.
-Adios,Romeo-se despidió ella del portero.
-Chao,Mim.
Dastan lo miró con recelo,no le gustaba que la tutearan como si la conocieran de toda la vida.
-Tranquilo,amor.Sólo se ha despedido y me conoce desde que vivo aquí.
-Viste lo que pensaba.-no era una pregunta sino una afirmación.
-Yo...no sé...sólo...-estaba sorprendida,había sido como si ella lo hubiera pensado y no él-creo que sí,es muy raro.No me había pasado antes.
-Antes no tenias una pareja.
-Ya...bueno.
Subieron al coche y Dastan la llevó a cenar.
Cuando llegaron al restaurante,el camarero los llevó a uno de los reservados.Una sala con una mesa preparada con dos servicios,unas velas extratéjicamente repartidas por la habitación haciendo el ambiente más íntimo y un diván en uno de los laterales.Dastan le sirvió dos copas de champán y le acercó una a ella.
-Brindemos por esta noche.
-Por esta noche no...por sólo 24 horas.
Mim bebió de la copa,las burbujas le hicieron cosquillas en la garganta y se le escapó una risilla.
Dastan la acercó a una de las sillas y la instó a sentarse.El camarero hizo acto de presencia con con otros dos camareros y las viandas,las colocó en el aparador que había en otro de las paredes de la habitación,donde se mantendrían calientes por medio de un circuito cerrado de calentadores que tenía el aparador y tras recibir el asentimiento de Dastan,desapareció.
Tras una romántica cena,donde Dastan la había alimentado con sus propias manos,el deseo de ambos flotaba en el cubículo del coche.Él conducía a gran velocidad hacia su piso,deseoso de poder acariciar el cuerpo de su hembra.Mientras Mim le iba acariciando la parte interna del muslo,haciendo que el macho notara su miembro cada vez más duro.
Pronto llegaron al garaje del piso y tras abrirle la puerta del auto y Mim coger su bolso,la abrazó estrechamente y se materializó en el interior del piso.
Entraron al dormitorio.Suavemente Mim lo empujó hacia la cama,donde cayó sentado. Se fue desnudando mientras el observaba, se levanto y la tomo entre sus brazos besándola tiernamente, entre caricias y besos llegaron a la cama nuevamente, entre susurros escuchaba,
-Quiero conocer todo tu cuerpo, hacerte gritar cuando no puedas más, verte estremecer en mis brazos-y tomo su boca otra vez, pero esta vez con salvaje placer, sus dedos enredados en su cabello, su boca bajando por su cuello hasta llegar a sus senos, que esperaban con ansias sus labios, sus besos, sentía su deseo presionándola, se apretó contra el, buscándolo, tocándolo, deseándolo, quería poseerlo, el ritmo se fue acelerando, sólo existían sus cuerpos, entre caricias, susurros, besos y secretos...
La chaqueta calló al suelo,seguida por la camisa blanca.Su vestido yacía a pocos pasos.
Tumbados en la cama tras el primer asalto,abrazados,Mim le acarició el tatuaje del dragón de su brazo .
-Que bello-susurró.
-Es el símbolo de mi estirpe.Todos los machos de mi familia han tenido uno igual o parecido.Yo soy el último,si desapareciera ella acabaría conmigo.
Ella posó sus labios sobre él.-¿Quién eres?.
Dastan se puso tenso.Un breve silencio cayó sobre ambos.
-¿Por qué tantas evasivas?.Nunca me contestas y tras lo que dijo Baltasar...
-¿Qué te dijo?-la interrumpió.
-No sé de qué te conoce,no me quiso decir nada, que te preguntara a ti o que hablara con Mihael.¿Tendré que buscarlo y preguntarle?.
Dastan se quedó callado,pasados unos minutos habló.
-Haber,cuando vivía en mi época, en Persia,los de nuestra raza convivían pacificamente con los ciudadanos.Nos alimentábamos de ellos sin causarles daño alguno y le proporcionábamos protección frente a los invasores,era una simbiosis entre ambas razas.Hasta que un día todo se fue al infierno,algunas personas crearon malentendidos y eso llevó a que murieran personas de ambos lados.Mi padre decidió exterminar a todas las familias que se opusieran al antiguo orden y que pretendían destruirnos.Entre ellos se encontraba la familia de mi amigo Dayan,eran de los más fanáticos,pero él no.Lo oculté de mi padre y de los suyos,pero no sirvió de nada, acabaron con él y a mi me desterraron de por vida por,supuestamente, darle la espalda a mi padre.
En todos estos años que he pasado en diferentes lugares,he vivido como lo hice en Persia,a la antigua usanza.Las personas de las que me alimento no sufren daño alguno y yo les proporciono cierta protección.He estado evitando que gente como los que destruyeron a mi gente,consigan lo que quieren.En varios de esos momentos me vi de frente con el hijo de Lucifer,le desvaraté algunos de los planes que su padre le había encargado y desde entonces cuando nos encontramos intenta destruirme y yo a él.Baltasar,ese demonio de abogado de Lucifer, sabe de los encontronazos que he tenido con esos demonios,mi asombro es que una de tus hermanas esté emparejada con ese demonio.
-¿Y Mihael,qué tiene que ver contigo?.
-Según unas antiguas leyendas de mi familia,cuentos de vieja podrían llamarse,los mios hicieron un pacto con su padre para vivir en paz.Se dice que en unas antiguas revueltas,varios críos de su raza se perdieron o los secuestraron,no sé.El caso es que algunos acabaron en mi patria y se convirtieron en vampiros, formando la rama de la que yo provengo.Vladimir Dubrinsky es o era el rey.
-Entonces, tu linaje desciende de él,¿eres un Cárpato?
-Si las viejas leyendas son ciertas podría decirse que sí,pero ellos no son vampiros y nosotros sí.Ahora te toca a ti,cuenta me más de tu vida.
-Ufff,veamos.Desde que yo recuerde he estado en un sinfín de orfanatos y casas de acogida,de las que acababan echándome.Nunca supe quienes eran mis padres,las monjas me decían que era un engendro del mal,me dijeron que murieron en un accidente muy extraño.Siempre sentí que algo estraño pasaba conmigo.No era normal que los niños que se metían conmigo acabaran mal parados y yo lo veía siempre en sus ojos,ya sabes,ese poder en la mirada...En mi adolescencia la cosa era peor.Cuando cumplí la mayoría de edad,me fui,estuve trabajando en varios sitios,de camarera,vendiendo seguros...pero me fueron mal,¿como servir un café a un hombre cuando ves que morirá atragantándose o hacerle un seguro de vida a una mujer que ves que se va a suicidar?.Tras muchos viajes de un sitio a otro escuché hablar de Val y mis otras hermanas,las busqué de día y de noche hasta que las encontré.Lo demás ya lo sabes,soy una Ejecutora,lucho contras las injusticias y protejo a los inocentes.
-¿Siempre tuviste el poder?.-le preguntó Dastan.
-Desde que puedo recordar.Las matronas de los orfanatos decían que tenía al demonio dentro,que había nacido para arruinar y arrebatar cualquier atisbo de inocencia de los demás.
-Oh,Mim,siento que hayas pasado por todo eso sola.
-No,no te compadezcas.El no confiar ni querer a nadie fue una lección que aprendí bien,tan sólo quiero y me fío de mis hermanas.Sentir,siento algo por ti no sé aún como llamarlo y mi confianza te la tendrás que ganar.
Dastan la abrazó y le dio un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja.
-Confiarás en mi,se que con el tiempo lo harás.
Descargó su peso sobre ella,obligándola a recostar su cuerpo en la cama.Mientras su boca tomaba posesión de la suya,abarcó sus pechos con la palma de las manos.Respiró su aroma,la sintió menuda bajo sus manos que acariciaban su cuerpo.Sintió la acogida de Mim,anhelan te y dispuesta a saciar su sed de deseo.
-Me gusta como reacciona tu cuerpo junto al mio.-le susurró a Mim.
Como si te perteneciera.Pensó ella.
Es que me perteneces.Sintió ella en su cabeza.
La intimidad de su voz suave susurrando en su mente,sólo para ella, le gustaba.Mim le miraba con ojos llenos de ilusión,se sintió algo cohibida al ver que él la estaba mirando y apartó la mirada.Dastan rió en voz baja al ver su turbación y el deseo por su hembra aumentó,la estrechó aún más.Mim se arqueó y se tensó de deseo,expectante cuando él la penetró.Un calor intenso la recorrió de arriba a bajo,un placer tan fuerte que casi dolía.Unos momentos antes de explotar dentro de ella, desenfundó sus colmillos.
-Eres mía. -gimió el macho antes de clavar sus colmillos en el cuello de Mim.Sus dientes atravesando la delicada piel, penetrando directamente en la yugular. El sabor de su sangre lo estaba volviendo loco.
Un escalofrió de placer y miedo inundó a la hembra.La abrazó con fuerza,moviéndose dentro de ella con energía.
El cuerpo de Mim se convulsiona al mismo tiempo que el suyo. Un gemido prolongado nacía su garganta y salía por su boca.Sensaciones incontrolables recorrían su cuerpo y su alma. Sexo, amor, colmillos, por fin él explotó.Su semen la llenó completamente,su olor impregnó todo su cuerpo,marcándolo como suyo.El macho, sacó sus colmillos alzando la cabeza hacia atrás con un rugido de placer.
-Siempre eres y serás mía y ahora para siempre.-sentenció.
Un hilo de sangre recorría el pecho de Mim y Dastan lo lamió antes de caer exhausto en la cama.
Ambos se quedaron sumidos en un agradable sopor.
Horas más tarde,Dastan se desperezó y se giró hacia Mim.Ella dormía plácidamente,el macho le rozó los labios,un simple beso.Mim entreabrió los ojos.
-Ummmm,hola.
-Hola,preciosa.
Dastan se levantó y agarró los pantalones.Mim lo miraba relajada en la cama.
-¿A dónde vas?.
-Tengo que salir,sólo sera un rato.No tardaré.
-No,quédate conmigo.No quiero quedarme sola.
El macho se acercó y la volvió a besar.
-Daría todo por quedarme un rato más, tocarte, besarte,de probar tus labios,de amarte...
-Pues quédate,no salgas...
-Pero tengo que salir,ya anocheció y debo alimentarme.
-Haz lo de mi.
-No cariño,ya es demasiada la tentación de atarte a mi tras probarte esta noche pasada.Una sola gota más de tu sangre y no podría dejar de unirte a mi para siempre.
-Pensaba que ya lo estábamos.
-Sí,lo estamos,pero de una manera "normal"por decirlo de alguna manera.De la que yo te estoy hablando es de la forma en que se emparejan los de mi especie.Me alimentaría de ti y luego te alimentarías tu de mi,mientras se recitan unas palabras.Te convertirías en una de los mios y ya no podríamos estar separados.
Mim se quedó pensativa,aún no quería pertenecer así a nadie era una Ejecutora y su trabajo era un pilar en su vida,sabía que Dastan podría querer que dejara a sus hermanas ,pero eso era algo que no era posible.
-Pues venga,sal a comer si tienes que hacerlo.-le dijo burlona - Y si no es mucha molestia,trae me unos churros calentitos.
-Pero bueno - le dio un cachete en la nalga - Se supone que eres tu la que está a mi servicio y debes hacer lo que yo quiera durante 24 horas y no yo.
Mim se sentó en la cama,tapándose con la sábana.
-Ah,¿entonces tendré que salir yo a buscarlos?.-puso cara de ofendida. -Creía que me querías en tu cama,todo el día.
-Ja ja ja,y espero encontrarte en ella cuando vuelva.Te traeré los churros,no te enfurruñes.Aunque ese mohín de tu boca cuando te enfadas,hace que se me encienda la sangre.
Mim agarró una de las almohadas y se la lanzó.
Dastan ya salía del dormitorio cuando la almohada le pasó rozando la cabeza.Iba riendo,menuda hembra estaba hecha su Mim.
Al quedarse sola,se levantó y se dirigió al baño,se daría una ducha para relajar los músculos.Había terminado de secarse cuando escuchó que su móvil emitía un pitido.Se dirigió a donde había dejado el bolso y lo sacó.A la vez que el móvil sonaba aparecía en la pantalla un mensaje: "FIN DE LAS 24 HORAS.REGRESA A CASA.ES UNA ORDEN."
-Lo siento por los churros,espero que en el desayuno de hoy los hayan incluido.
Se vistió con los vaqueros que había echado al bolso y le escribió una nota a Dastan:
"Lo siento cariño,pero tus 24 horas han expirado.Nos veremos." Y salió del apartamento.
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Última modificación: Agosto 24, 2009, 13:30:13 por Mim
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June
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #3 en:
Agosto 24, 2009, 23:42:21 »
Maldita subasta y malditas 24 horas. No podía dejar de pensar en ellas. Y más porque acababa de recibir un email de Zoe. Todavía no sabía como había conseguido su nueva dirección de correo. Y eso que casi nadie la conocía.
_____________________________________________
De:
ILikeMyWhips@Gmail.us
Enviado el: Viernes, xx de xxxxxxx de 2009 21:56
Para:
DarkDestruction@AOL.us
Asunto: Prepárate para mi.
Sábado, a las 23:00h. En el Screamers. Ahh, y
vístete de cuero, sabes que me encanta.
_____________________________________________
Como odiaba esa faceta dominante de Zoe. Y por lo que estaba leyendo, en doscientos años no había cambiado nada.
Frustrada, se sentó en la cama. Había releído ese correo más de una docena de veces. Todavía se debatía entre la necesidad de estar con su pareja, y su orgullo. Cierto que la echaba de menos, pero aún le dolía el rechazo que había sufrido.
--------- flash back-------(200 años antes)-------------
-Suéltame maldito griego -gritó June, atada a la cama, sintiendo como la droga Eychari atontaba sus sentidos.
-Oh no, pequeña –contestó Apolo-. Me debes muchas ofensas como para soltarte. Vas a sufrir y yo seré el que te provoque ese sufrimiento.
Y comenzó su tortura. La droga provocaba un total abandono al placer, estimulándola, haciéndola gemir, buscando más contacto con la piel del dios griego. Provocando que olvidase con quien estaba acostándose.
Cuando Apolo se sació de su cuerpo, la dejó abandonada en una esquina del templo. Al rato, la droga comenzó a perder fuerza, haciéndola recuperar algo de sentido. En un breve instante de lucidez, consiguió destellarse a Neratiti, la isla donde se erguía el Omegrión, su hogar.
Savitar la encontró tirada en el suelo, en el gran salón, nada más destellarse. Hizo desaparecer completamente la droga de su cuerpo y curó su cuerpo magullado.
Cuando se recuperó completamente, acudió a su pareja, Zoe. Sin saber que Apolo se había encargado de hacer llegar a las manos de su pareja fotos y varios videos explícitos.
Fue el fin de su relación. Zoe nunca quiso comprender que lo había provocado una droga. Demasiado dolida, Zoe la había insultado.
Ambas, demasiado tercas y demasiado orgullosas, hicieron efectiva el deseo de Apolo. Durante 2 siglos, cortaron totalmente toda comunicación.
--------- fin flash back--------------------------
Y ahora, en solo unos días, Zoe había vuelto para poner su vida otra vez al revés con la excusa de la subasta.
Un golpe en la puerta la distrajo de sus pensamientos.
-Apúrate, salimos en unos minutos –le dijo una de sus compañeras a través de la puerta.
No estarían todas sus compañeras, pues dos de ellas tenían esta noche para sus citas. Mañana sería su turno y el de otra de sus compañeras.
Levantándose de la cama, recogió el abrigo, y comprobó su aspecto en el espejo. Unos vaqueros azul oscuro y un jersey negro de cuello de cisne completaban su atuendo. Lista para salir a cazar una nueva noche….
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Última modificación: Marzo 16, 2010, 19:43:31 por June
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Simplemente, June
Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #4 en:
Agosto 25, 2009, 01:23:41 »
5 horas antes de la hora Zero…
-
Odio las compras
–refunfuño por novena vez mientras volvía a entrar en otra tienda, en busca del atuendo perfecto para su cita-.
Odio las compras, de verdad
.
Ya no sabía donde más buscar. Llevaba toda la tarde recorriéndose tiendas, buscando una prenda de vestir de cuero, con la que no pareciese una ninfómana-sado. Así que probó en la última.
Una hora después, ya tenía escogida su ropa. Unos pantalones ajustados negros, y una cazadora apretada de cuero serían lo único que vestiría. Guardando las compras en la mochila que llevaba, volvió a casa en su moto.
2 horas antes de la hora Zero…
Entrando por la puerta, varias de sus compañeras, estaban ya listas para salir a patrullar. Cuando vieron a June, sonrieron, era de conocimiento general que esta noche les tocaba a June y a otra de ellas.
Todas le desearon suerte, y que se divirtiera. June asintió y escapó escaleras arriba, cargando las bolsas con las compras.
Procedió a darse una ducha y cambiarse de
ropa
. El pantalón negro con hebillas plateadas, un cinturón tachonado de metal, la cazadora ceñida, cerrada por una cremallera en el frontal. Solamente algo de lápiz labial y eyeliner para completar el atuendo. Se dejó la negra melena suelta, y agarró el casco de la moto de encima de la cama y salió de la habitación.
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Última modificación: Septiembre 05, 2009, 06:03:43 por June
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Simplemente, June
Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #5 en:
Agosto 26, 2009, 07:36:40 »
June aparcó la moto en la zona habilitada para ellas, en un lateral del local. Aseguró el casco a la moto y se encaminó a la entrada. Una fila de jóvenes hacían cola para poder acceder al interior del local. Uno de los seguratas la vio y le hizo una seña para que se acercase. Lo reconoció como uno de los que también estaban en el ZS, y la dejó entrar al local.
En cuanto entró, una marea de cuerpos la absorbió. Las luces la deslumbraban, el olor a cuero la abrumaba. Eso no la puso de mejor humor. Así que avanzó entre los humanos.
Sus ojos inmediatamente localizaron a Zoe en uno de los extremos de la pista. Su primer instinto fue evitarla, volver a perderse entre tantos cuerpos. Pero la mirada fija de Zoe la obligó a permanecer congelada, mientras se acercaba. No pudo evitar que un estremecimiento de excitación la recorriera. Pasasen los siglos que pasasen, esa amazona conseguía atraerla.
No fueron más de unos segundos los necesarios para que estuvieran frente a frente, rodeadas de gente, pero ambas en su mundo propio, ignorando todo a su alrededor.
Zoe levantó una mano para apartar un mechón de pelo de la cara de June, pero esta apartó la mano de un movimiento.
—No te atrevas a tocarme —susurró—, hace tiempo que perdiste ese derecho.
Sin hacer caso de la recriminación, la amazona pasó su brazo por la cintura de June, y la atrajo bruscamente contra su cuerpo.
—No pensarás hacer una escena aquí, ¿verdad? —le dijo al oído, aprovechando para morderle la oreja.
—Zorra —gimió June, mientras pegaba su cuerpo contra el de Zoe. Había pasado demasiado tiempo añorándola. Podía permitirse recaer un rato—. Me las pagarás. Todavía sigo odiándote.
—Ya lo veo —repuso mientras aprovechaba el momento de debilidad de su pareja para introducir una pierna entre las suyas. Sus pelvis quedaron alineadas. Y después de un dubitativo segundo, comenzaron a moverse al compás de la música. June pasó su brazo también por la cintura de Zoe, dispuesta a jugar al mismo juego peligroso que su pareja—. Pero recuerda que eres mía durante un día.
Una caliente lengua recorrió su cuello, dejando un rastro de saliva por donde pasaba y una mano juguetona descendió de su cintura, acariciando tentativamente su espalda, marcando territorio. El sentir a Zoe contra ella, no estaba sentando muy bien a su cordura. El calor comenzaba a ser asfixiante. La estaba doblegando.
—Maldita —gimió, intentando responder.
Sin pensar muy bien que estaba haciendo, se dejó llevar. Deseando corresponder a esa lengua que ahora jugueteaba cerca de su oreja, acercó sus labios al cuello de Zoe. Al sentirlos, la amazona gimió y giró la cabeza, ofreciendo su cuello. June besó la piel que se le ofrecía, lamiéndola, y mordiendo con fuerza. Zoe respondió agarrando parte de la melena que caía sobre la espalda de June, y tirando violentamente, haciendo que su cabeza retrocediese. Ambas se miraron a los ojos.
Como una bomba de calor, el deseo estalló en ambas. La necesidad de unirse con su otra mitad era imperante. Sus cuerpos recordaban perfectamente el placer que compartieron, sin importarles nada más.
Incapaz de aguantar, Zoe se soltó, agarró su mano y comenzó a tirar de ella hacia una esquina oscura del local. La empujó contra la pared y oprimió su cuerpo contra el suyo.
—Sabes que lo deseas —susurró pegada a sus labios, pero sin llegar a besarlos—. Ríndete.
Al oírla, June entrecerró los ojos. A su mente comenzaron a llegar de golpe todo el dolor y el daño que le produjo su abandono. Sí, era su pareja, la mitad de su alma y la deseaba. Pero eso no significaba que la perdonase así de golpe, con solo pedirlo no llegaba. Tenía orgullo. Dignidad.
Y muy mala ostia.
Oh si, 24 horas darían para mucho. Pero seguramente para nada de lo que tuviese en mente Zoe.
La ejecutora agarró los brazos de Zoe, y le clavó las uñas. Destellándolas lejos.
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Última modificación: Agosto 26, 2009, 20:53:12 por June
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #6 en:
Agosto 26, 2009, 13:28:25 »
Kira entró muy sigilosa en la mansión por la puerta de la cocina, tenía que evitar a June a toda costa. Según había oído, ésta tenía su cita con Zoe esta noche, y si conseguía evitarla hasta que se fuera a su cita, quedaría liberada de la suya.
Con lentitud, avanzó por la cocina, mirando hacia atrás cada poco tiempo, por si la seguían, lo que provocó que chocara contra uno de los doggens que preparaban la cena, Evangeline.
—Ups, perdona, no te he visto… y tú tampoco me has visto, ¿de acuerdo? Si te preguntan por mí, no me has visto. —Soltando una risilla, la doggen asintió y Kira continúo su camino.
Con cuidado, miró a ambos lados del pasillo. «Bien, no hay nadie». Salió de la cocina y avanzó hacia la escalera casi de puntillas, una doggen apareció al final de la escalera, con rapidez, Kira se giró y se puso a contemplar la pared.
—Buenasssss, aquí, contemplando la vista, ¿bonita, eh? —le dijo a la doggen cuando pasó por su lado, está la miro con extrañeza, pero continuó su camino.
En cuanto desapareció de su vista, Kira subió corriendo las escaleras y siguió así hasta que derrapó delante de su puerta.
—Misión cumplida, ahora sólo tengo que mantenerme aquí 24h y listo. ¡¡¡¡...ahhhhhh!!!! —Con el salto, Kira tiró el cuadro que había colgado en la pared al lado de su puerta–. ¡¡¡¡¡Joder, Joseph!!!!! No vuelvas a hacer eso, demonios, con ese sigilo que te gastas no sé qué mierda haces trabajando de mayordomo, deberías estar en la CIA, el FBI, ¿eres james bond?
El doggen se encontraba en medio del pasillo, justo delante de la hembra, que se agarraba con fuerza, al marco de la puerta y a la propia puerta.
—Señorita Kira, tengo un sobre para usted de la señorita June. —Kira gimió, esto no podía estar pasando, había estado tan cerca—. Hace un rato, la señorita June salió para su cita y como no la encontró…. –continuó el doggen mirándola como si supiese lo que había estado haciendo Kira, la hembra sólo puso su cara más inocente–, me dejó este sobre para usted. —El doggen extrajo un sobre del bolsillo de su chaqueta.
—Vale, está bien, Joseph, me has pillado, dame el sobre y lo leeré en… ¿un ratito?
—Lo siento, señorita Kira —dijo el doggen apartando el sobre del alcance de la mano de la ejecutora—, pero la señorita june, me pidió expresamente que YO le leyera el contenido del sobre, creo que sus palabras fueron «Joseph, átala, amordázala, haz lo que sea necesario, pero que se entere bien de las normas, no quiero bromas con este asunto».
—Está bien, léeme la dichosa carta. –Kira se apoyó contra la pared mientras observaba como el doggen extraía el contenido del sobre. A medida que hojas y más hojas salían de él, los ojos de Kira se iban agrandando.
—¡¡Por la madre de la Virgen Escriba!! ¿Qué es eso?
—Una lista de normas, señorita Kira.
—¿Una lista de normas?, eso parece la lista de los reyes godos, visigodos, el panteón griego, romano, y atlante, todo en uno, y si me apuras, creo ver por ahí el nombre de algún Luis de Francia. —El doggen soltó una risilla, pero comenzó a leer:
1.Las 24h comenzaran a las 20:00 del día de hoy.
2.Acabaran a las 20:00 del día de mañana, «ni un momento antes que nos conocemos».
3.No podrás abandonar el recinto en ningún momento, «bajo ninguna circunstancia, ni aunque nos ataquen los alienígenas».
4.No podrás llevar ningún látigo, ni fusta, ni vara, caña, o cualquier otro material que sirva para azotar.
5.No podrás llevar ningún tipo de arma de fuego, ya sea pistola, revolver, escopeta, recortada, nada que use pólvora u objeto similar.
6.Nada de usar elementos arrojadizos, como ballestas, arcos, lanzas, flechas u similares.
7.Nada de armas blancas, cuchillos, navajas, dagas, destornilladores, herramientas de construcción, fontanería, mecánica, etc.
8.Nada de brujería, hechicería, conjuros, vudú, niñas del exorcista y cosas raras de esas a las que eres tan aficionada…
20 minutos más tarde.
248.Prohibido hacer…
—¡¡¡¡Basta!!!!, Joseph, para, ya no aguanto más, esto es una tortura, le devuelvo el dinero, vendo algunos zapatos si hace falta, pero no sigas –chilló Kira.
249.Prohibido devolverme el dinero, tú y yo hicimos un trato, y debes cumplir tu palabra.
Kira se desplomó en el suelo, la mitad de su cuerpo dentro de la habitación, la otra mitad en el pasillo, con la cabeza apoyada en los zapatos de Joseph.
—Mátame, no me hagas sufrir así, Joseph, mátame.
—Tranquila, señorita Kira, que no es para tanto, solo queda una norma más:
250. COMO CUANDO VUELVA, ALGUNO DE MIS BEBES HA PERDIDO UNA SOLA GOTA DE SANGRE, PIENSO ATARTE, AMORDAZARTE, Y PASEARTE ASÍ POR LA MANSION CON UNA CORREA AL CUELLO HECHA CON LACITOS.
El doggen sacó un bolígrafo de su chaqueta y se lo tendió a Kira.
—Ahora sólo hace falta que firme, aquí… aquí, y aquí, una gotita de sangre, aquí…
—Ayyyyy.
—No duele, no me sea quejica y ya está, tengo que decirle que le quedan escasamente 3 minutos y 52 segundos para las 20:00, debería darse prisa.
Y así, el doggen guardó los papeles nuevamente, y se perdió de vista por el pasillo, mientras una derrotada Kira intentaba asimilar todo lo que había pasado.
—Van a ser las 24h más largas de mi vida.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #7 en:
Septiembre 05, 2009, 04:03:01 »
AVISO: MATERIAL SOLO PARA MAYORES DE 18 AÑOS
Lee bajo tu propia responsabilidad. Es sexo explicito entre 2 mujeres.
Aparecieron en un abandonado almacén. June soltó a Zoe y se apartó un par de pasos hacia atrás.
—¿Quieres jugar? Pues jugaremos, pero con mis reglas. —Le soltó justo antes de volver visibles parte de sus armas—. Para que veas que no hago trampas.
Comenzó a retirar las dagas de los brazos, y las fundas con los shurikens. Fue amontonado el armamento encima de uno de los barriles. Varios cuchillos, dos night sticks, un par de 9 milímetros, dos uzis y encima de todo, las dos catanas.
Sopesando un par de dagas, le lanzó una de ellas a Zoe, que la atrapó al vuelo.
—Como en los viejos tiempos, eh. —respondió Zoe mientras comprobaba la afilada daga.
—Si, dos de tres y hablaremos.
—Ok. Hagámoslo.
Ambas se lanzaron de cabeza a una pelea bastante igualada. Cada una utilizando sus mejores ataques. No tardó poco en que ambas tenían el cuerpo lleno de pequeños arañazos.
Dos horas después, sudadas y cansadas, ninguna de las dos daba su brazo a torcer. Un asalto más y se decidiría. Estaban empatadas. Hubiera sido más rápido si Zoe hubiera podido utilizar su poder de telequinesis y June sus armas. Pero el juego debía ser limpio. Solo ganado gracias a su forma de luchar.
En unos segundos, ambas cayeron al suelo, enfrentadas, con las dagas en la garganta del contrincante. Gruñendo. Demasiado cerca.
Sus cuerpos se amoldaban suaves, el uno contra el otro. Zoe, abajo, abrió ligeramente las piernas, permitiendo que una de las de June se deslizara entre ellas y Zoe elevó un poco su rodilla, suavemente, haciendo contacto con el cuerpo de su compañera. Un suave gemido escapó de los labios de June al notar el contacto de la pierna contra su sexo. Sin poder evitarlo, su cuerpo la traicionó, rozándose contra ella.
Zoe jadeó antes de soltar la daga y apoyar la mano sobre la nuca de June, atrayéndola hacia si. Sintió que June apartaba la daga, y lo interpretó como una invitación. Mordió los labios que besaba, hasta provocar sangre, pero a ninguna de ellas le importó. Mezclando saliva, sangre y lenguas a partes iguales.
Con un impulso, rodaron por el suelo, intercambiado posiciones sin dejar de besarse. La amazona apoyó las manos al lado de la cabeza de June y se separaron, June la había empujado con sus manos.
—Vámonos a casa.
June asintió, y volvieron a destellarse. Cayeron sobre una cama. Zoe miró alrededor y reconoció la habitación como una de las muchas de la casa de June, donde vivían sus guardaespaldas.
Olvidándose en un segundo de lo que les rodeaba, volvió a centrar su atención en la guerrera que estaba bajo suya, que demandaba atención. El sonido de tela rasgándose la hizo mirar hacia abajo. Y sonrió. June no había dejado todas sus armas, y estaba rasgándole la camiseta con una de sus garras. Terminó de sacarse los trozos de tela que colgaban de su cuerpo, para quitarle como pudiera la cazadora de June.
Durante unos segundos se quedó prendida con las vistas. June no llevaba absolutamente bajo la cazadora, y sus pechos quedaron expuestos. Sin dudarlo, se lanzó sobre uno de ellos, cerrando sus labios sobre el pezón. June gimió y arqueó la espalda de placer, al sentir como los dientes de Zoe hacían presión sobre su pezón, enviando escalofríos al resto del cuerpo. Pronto se movió, trasladando su caliente boca al otro pezón, dejándolo húmedo de saliva.
Sus manos no permanecían ociosas. Cada una luchaba contra el pantalón de la otra, hasta que consiguieron quitárselos. Fueron lanzados por el aire, como anteriormente había volado la cazadora de June, que había chocado y tirado un jarrón.
—¿Necesitáis ayuda? —una voz se coló en la habitación. Ambas mujeres giraron la cabeza, encontrándose al dueño de esa voz apoyado en el marco de la puerta.
Era Black, el más alto rango dentro de sus guardias. 10 escuadrones de 29 hombres, comandados por 10 capitanes, comandados a su vez por él. Su apodo, Black, lo describía perfectamente. Alto, musculoso y con una piel tostada como el café que incitaba a ser lamida. Intimidante. E increíblemente sexy.
—Piérdete Black —le dijo Zoe, mientras volvía su atención a June.
Éste miró a June fijamente unos segundos, su mirada hambrienta, antes de saludar con la cabeza y cerrar la puerta. June suspiró antes de volver a mirar a Zoe, que tenía una sonrisa maliciosa en la cara.
—Veo que sigues mojándote cada vez que habla —dijo Zoe, mientras pellizcaba un pezón a June, que respondió gimoteando—. Eres una niña muy, muy mala.
June se dejaba hacer. Su posición siempre había sido sumisa en contra de la dominante de Zoe. Era a la única persona a la que permitía ese comportamiento. De repente, un azote sobre su pecho le hizo abrir los ojos.
—Oh si, bebé. Sé muy bien lo que te gusta. —Otro azote cayó sobre su otro pecho, provocando que la delicada piel se enrojeciera—. Tu piel se ve exquisita llena de marcas.
Para confirmarlo, volvió a dar una palmada sobre el lateral del pecho, mientras volvía a morder el otro. June no pudo más que levantar los brazos y sujetarse a las varillas de metal del cabecero de la cama, mientras seguía arqueando el cuerpo, ofreciéndoselo a Zoe.
Zoe se deslizó por la cama, mientras recorría con los dedos la piel del estomago de June. Mordió varias veces la piel blanca de June, dejando marcas según descendía por ella. Acarició la piel de sus muslos, y clavó las uñas. Fue marcando la piel con sus uñas de vuelta hasta su estómago. Y allí dejó un suave beso.
—No has olvidado las normas, ¿verdad?
June sacudió la cabeza, tantos años después y seguía recordando que a Zoe no le gustaba que hablase si no se lo pedía. Había tenido multitud de amantes, tanto antes como después de Zoe, pero todavía no había encontrado quien provocase su cuerpo de esa manera.
Sentía los pezones duros, ansiosos de volver a ser mordidos, apretados, y su sexo estaba empapado, sentía como resbalaba su excitación por los muslos, mojando las sábanas. Toda su piel sudaba, desesperada de contacto. Su mente no dejaba de girar sobre todas las veces que había estado con Zoe, recordándole el placer que le daba. Volvió a gemir, y mover sus caderas, indicándole a Zoe que quería que siguiese. Z se rió, y la obligó a girarse.
Esta vez se apoyó sobre su espalda, aplastando sus pechos contra la espalda de June, y susurrándole al oído.
—Te he echado de menos.
June se tragó un sollozo ante esas palabras. Luego volvió a gruñir de placer, Zoe estaba mordiendo su nuca. Luego dejó un rastro de saliva mientras arrastraba su lengua por su columna. Imaginado donde podría acabar esa lengua, se estremeció de placer y su sexo se apretó de la necesidad de contacto.
Repentinamente, la lengua se separó de su piel justo encima de su trasero. Emitió un quejido, y fue castigada con un azote en el trasero. El calor se extendió por su cuerpo, a la vez que el picor de la palmada quemaba su nalga.
Zoe le hizo levantar el trasero, quedando apoyada sobre sus rodillas, mientras su cabeza y codos se apoyaban sobre las almohadas. La siguiente palmada le hizo morder la almohada para acallar los gemidos. La segunda vino acompañada con un tirón de pelo. Las siguientes se perdieron en un mar de placer y sensaciones.
Alzó la cabeza al sentir la humedad de la lengua de Zoe aliviando el ardor de los azotes. Un dedo curioso acarició sus mojados labios, separando su cuerpo e introduciéndose en su interior. Zoe alejó su boca de su piel para poder hablar.
—Separa más las piernas.
Para a continuación, tumbarse en la cama debajo del cuerpo de June, colocando su cabeza justo entre las piernas abiertas. Apoyó la palma sobre una de las nalgas, haciendo algo de presión, indicando que doblase más las rodillas, para bajar su cuerpo hasta su boca.
Al sentir el contacto de su lengua directamente contra su hinchado sexo, June se aferró aún más al cabecero de la cama, intentando acallar los sonidos de placer que pugnaban por escapar de sus labios.
Mientras Zoe seguía lamiendo su excitación directamente de su cuerpo, humedeció con sus propio cuerpo uno de sus dedos. Luego, tentativamente lo acercó al apretado agujero. June movió las caderas, indicando su desacuerdo, pero una fuerte palmada la hizo quedarse quieta. Acariciando la estrecha entrada, fue relajando los tensos músculos.
June soltó la almohada que había estado mordiendo para poder gemir, olvidadas las normas. Se estaba volviendo loca de placer, la lengua de Z lamiéndola y entrando dentro de su cuerpo, acompañado del placer doloroso que provocaba la intrusión en su trasero, hizo que su cuerpo se tensara y explotase en una bola de calor y placer. Un orgasmo recorrió su cuerpo, desde sus dedos, hasta la punta de sus pies, provocando que su sexo se inundase de excitación, que Zoe lamió con fruición.
Sin fuerzas, se dejó caer sobre la cama, mientras Zoe se alzaba sobre ella, y la besaba fuertemente.
—Si crees que hemos terminado, estás muy equivocada. —June abrió los ojos, perezosa, con una sonrisa en la boca—. Tenemos muchas horas por delante.
******************
Apoyado tras la puerta, Black no pudo evitar quedarse y escuchar. Estaba excitado, haber visto a las dos mujeres desnudas sobre la cama había desatado sus más perversas fantasías. Pero sobre todo, había sido ver a June desnuda sobre la cama, gimiendo desesperada. Llevaba años deseándola sin poder hacer nada que protegerla, cuando lo único que deseaba era cogerla y lanzarla contra la cama, y proceder a follarla duramente, hasta vaciarse completamente en su interior. Recolocó su endurecida polla sobre los pantalones, que saltó ante el contacto. No podía hacer nada más que escuchar como June gritaba al correrse, y el suave susurro de Zoe. Volvió a maldecir, y olvidándose de donde estaba, desabrochó la cremallera del cinturón, sacándosela. Estaba goteando, hinchada e imaginando los dos cuerpos sobre la cama, comenzó a acariciarse. No necesitó más que unos segundos, antes de correrse violentamente sobre su mano. Tragándose el gemido de placer, apretó dolorosamente la cabeza de su polla.
Se limpió los restos de semen en la camiseta, justo después de sacársela y luego hizo una bola con ella. Suspiró y agitó la cabeza, frustrado. No le llegaba. Necesitaba descargarse y tenerlas en la casa no ayudaba a su salud mental. Así que se destelló en busca de cualquier sustituta que pudiera aliviarlo temporalmente.
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Última modificación: Septiembre 05, 2009, 06:10:00 por June
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #8 en:
Septiembre 07, 2009, 20:20:24 »
24 horas
Semanas atrás, minutos después de la subasta. (FLASH BACK)
Carmen se encontraba nerviosa, no sabía aun quien había ganado la puja.
Todavía no entendía que la hubieran agarrado desprevenida empujándola con fuerza fuera de la cortina donde había estado espiando a la concurrencia.
En un abrir y cerrar de ojos se convirtió en la primera Ejecutora en ser subastada.
Antes de darse cuenta, la habían hecho regresar a la habitación sin saber que había pasado.
Sus hermanas le guiñaban el ojo, otras la felicitaban o le daban codazos en las costillas, todas con la misma sonrisa lujuriosa en sus caras.
De pronto escuchó a su espalda que alguien le hablaba:
—¡Carmen!, ¿jugaras al doctor y la paciente? —preguntó socarronamente Beriz.
—¡¿Qué?! —respondió totalmente estupidizada.
—¡¡Sí!! ¿No te has das dado cuenta que el doctor wenorro ganó la puja?
Mirada totalmente en blanco, quedó muda de la impresión... cosa extraña…
—Creo que esas 24 horas las pasaras en la UCI con atención personalizada —me susurró Nita pellizcándome el trasero.
Una gran sonrisa iluminó su rostro, se sentó en una butaca imaginando pasar un día completo con Jonas.
Presente
Carmen se deslizó de la parte superior del armario donde dormitaba placidamente, se fue al baño donde llenó la tina con agua caliente y le echó una buena ración de burbujas, esta vez tomaría el ritual completo de belleza, la ocasión bien valía la pena.
Encendió el equipo de música con su cd de canciones preferidas y tatareando desafinadamente se dispuso a relajarse esos veinte celestiales minutos.
Salió de la bañera y se dirigió a su guardarropa tal y como vino al mundo. Total, su cuerpo se secaba extra rápido, no necesitaba toallas, y sacó el atuendo que usaría.
Habían acordado encontrarse en un punto neutral, desde allí, el Doc tomaría las riendas (ummm...), así que Kira le haría el favor de ir con ella y regresaría en la moto, ya al termino de las 24 horas, la recogería en el mismo lugar.
Salió de su habitación despidiéndose de sus hermanas que por allí se encontraban.
Val la interceptó antes de salir y con un guiño le soltó:
—¡Diviértete! —Que se escuchó por toda la casa.
Montó en su moto con Kira a su espalda, y a toda marcha fue a su cita, él estaba esperándola, detuvo la moto y de un salto, estuvo de pie frente a él. Kira tomó los mandos de la máquina y después de echarle un buen vistazo al Doc, dio media vuelta y se alejó en la oscuridad de la noche, dejándolos solos.
Se miraron fijamente y luego una lenta sonrisa apareció en sus rostros, subieron al auto y condujo hasta un local exclusivo en la ciudad. Le dio las llaves a un valet e ingresaron al lugar, se dirigieron a la barra mientras observaba la decoración, las personas que se encontraban allí, y como siempre, inconscientemente catalogaba las salidas y posibles zonas de peligro.
Tomaron asiento e hizo el pedido; un whisky para él y leche fría para ella. El barman al escuchar, sólo levantó una ceja, pero no hizo ningún comentario, después de unos momentos les alcanzó los pedidos.
Girando hacia ella con una sonrisa, le dio una buena mirada, cosa que también hizo ella y su sonrisa se ensanchó.
Con los pedidos en mano, conversaron de todo y nada, aprendiendo de cada uno, conociéndose, observando de vez en cuando la pista de baile, en la que una orquesta amenizaba en vivo.
De pronto, el Doc dijo:
—¿Bailamos?
Cuando comenzaba a oírse las primeras notas de Soulmate de Natasha Bedingfield, él estiró su mano, ella la cogió y se dirigieron a la pista de baile.
Buscaron un lugarcito ya que estaba abarrotada de cuerpos, se abrazaron, y ambos exhalaron un largo suspiro. Carmen apoyó la cabeza en su hombro y se movieron lentamente, disfrutando de mutua cercanía.
Bailaron un par de piezas más igual de lentas, Carmen quiso azuzarlo un poco y le preguntó:
—¿Quieres bailar algo más atrevido?
—¡Reggaetón no, por favor! —exclamó con cara de susto.
—No, es otro ritmo.
—De acuerdo, sorpréndeme.
Riéndose, Carmen se apartó de él y se dirigió a la orquesta donde hizo su pedido al director, quien al escucharlo asintió seriamente, agradablemente sorprendido.
Se acercó de nuevo a él, le miró fijamente a los ojos, momento en que comenzaron los primeros acordes del tango, se miraron desafiantes.
—Espero que no me pises, arruinarías mi estilo —le susurró Carmen.
Se deslizaron por la pista de baile, alternando movimientos fluidos con algunos complicados, divirtiéndose y disfrutando el seguir el ritmo, después bailaron otras piezas más, desde cha cha cha hasta disco.
—¿Nos vamos? —le dijo.
Salimos y el valet les trajo su auto, después de algunos minutos, el Doc preguntó:
—¿Tienes hambre?
—Algo —le respondió Carmen. La verdad era que no había comido casi nada durante el día por lo nerviosa que estaba.
Sonrió dulcemente y tomó una vía que salía de la ciudad, siguió por un desvió al bosque tomando un camino privado; algunos kilómetros más adelante llegaron a un claro, en él se alzaba un chalet de dos plantas que armonizaba con el entorno.
Descendieron del auto y tomándola de la mano, se acercaron a la puerta principal, y antes de ingresar le dijo:
—¡ Bienvenida a mi refugio!
Dando un paso al interior, la hembra se quedó deslumbrada. El espacio era enorme, con una gran vista al exterior, era como estar en una burbuja, grandes ventanales les daban una vista espectacular del bosque.
Se sintió relajada, además, olía increíble.
Le quitó la chaqueta y la colgó de una percha, Carmen le siguió y llegaron a la sala, con un ademán, le dijo que se sentara.
—¡Ponte cómoda! Iré a ver si ya está nuestra cena. —Guiñándole un ojo, se dirigió a la que suponía sería la cocina.
—¿Puedo acompañarte? — le preguntó antes de que diera dos o tres pasos.
Asintió con la cabeza. Siguiéndole al interior, llegaron al paraíso. La cocina estaba equipada con lo inimaginable, era muy amplia, y del horno empotrado salía olores celestiales.
Se acercó al horno empotrado y echó un vistazo a lo que ahí se estaba cocinando.
—Esto ya está, ¿nos sentamos?
Le indicó señalando un rinconcito de la cocina donde ya estaba preparada una mesita con velas y todo el menaje para una cena romántica.
Con un mando a distancia puso a funcionar un sistema de audio empotrado con música instrumental, avanzó a los gabinetes y sacando un par de guantes acolchados, llevó las fuentes a la mesa.
Donde descansaba en una cubetera una botella de vino.
«Que puedo decir, fue la mejor comida de mi vida, exceptuando la comida de la mansión».
Continuaron con la plática, la cual habían abandonado al salir a bailar, contándole el macho muchas anécdotas de su vida.
Los minutos pasaron y dieron cuenta de todos los platos, como broche final puso de postre unos profiteroles rellenos de crema pastelera y bañados con salsa de chocolate, que fueron como para chuparse los dedos.
Colocaron todo en el lavavajillas y segundos después, estaban besándose, apoyados contra el refrigerador, profundizando el beso, sus cuerpos encajando perfectamente el uno con el otro.
Los brazos de ella rodearon sus hombros y las manos de él su cintura, conociéndose.
Lentamente se movieron al dormitorio mientras continuaban besándose, jadeantes cuando detuvieron el beso buscando aire.
Se miraron fijamente, sus ojos dorados de Jonás brillaban.
—Dime si quieres continuar o no; podemos ir lentamente si lo quieres.
La mano de Carmen acarició su mejilla, se ensartaron en su pelo y lo atrajo hacia ella por otro beso.
—No seré suave —dijo ella.
—Cuento con ello —susurró atrayéndola al interior del dormitorio, y de una patada cerró la puerta.
Tiempo después, la habitación se veía como si hubiese pasado un huracán. Las sabanas, cubrecama, colchón, almohadas, estaban destrozadas por todo el lugar.
Carmen se encontraba en el suelo, abrazada a Jonas, ambos jadeantes y deliciosamente desnudos. Abrió un ojo y levantó la cabeza, paseando su mirada por lo que antes había sido un dormitorio.
—Ummm... te debo una cama nueva —le susurró a su pecho.
Él abrió sus ojos y miró sorprendido los destrozos.
—Guauuu.
—Te dije que no sería suave.
—Valió la pena —replico riéndose suavemente.
Irguiéndose y levantándola en brazos, salieron de la habitación.
—¿A dónde vamos?
—A otra habitación, quiero saber si pasará la prueba de calidad…
Ya al atardecer se dirigieron de regreso al punto acordado. En silencio, sus manos juntas y con una sonrisa en los labios.
Al llegar, con un profundo beso, Carmen se despidió.
—Mírame a los ojos —le susurró el Doc.
— ¡Nos veremos pronto¡
La hembra salió del auto y de un salto, trepó en la moto en la que Kira la esperaba en marcha, y con una última sonrisa cómplice, se alejaron.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #9 en:
Septiembre 17, 2009, 14:22:27 »
Esa noche le tocaba a ella.
Aunque era con su chico, era una noche igual de mágica. Ya sabía por sus compañeras que eran muy bien avisadas cuando terminaban sus 24 horas, pero quería saber que le tenía preparado Eros.
Se dio un bañito relajante que le dejo la piel realmente suave y perfumada. Tarareando, se lio una toalla alrededor del cuerpo y salió al cuarto. No se sorprendió al ver a Beth sentada en la cama sonriendo.
-Creo que no voy a poder decirte que te marches ¿no? –le dijo maliciosamente.
-Vamos Trilly, ya sabes que me encanta todo esto. ¿A dónde vais? ¿Qué vais a hacer? ¿Te lo tiraras esta noche? –Beth siguió preguntándole más cosas que H se lo tomaba a risa.
-No lo sé… No tengo ni idea… seguramente… aja… -dijo frente al armario dándole más respuestas incoherentes.
Saco un
conjuntito
que había guardado para esa ocasión. Había recibido un mensaje a su móvil de él pidiéndole que fuera exactamente con ropa de esa clase. Beth silbó observándolo cuando lo dejo en la cama.
-Vaya… vaya… Que conjuntito mas mono y perfecto para una trilly.
-Es lo que me pidió. Que fuera con eso y unos zapatos. Ya sabes cómo es de raro, lo que tenga en mente es lo que hace. No sé con qué me sorprenderá… pero no me dejo verlo ni ayer ni esta mañana, así que, quiero verlo.
-Estas enamorada hasta las trancas baby… -Beth puso tono de macho y alzo una ceja que Hécate tuvo que reír.
-No lo niego, ¿tu cuando tienes tus 24 horas? –Beth se encogió de hombros.
-Ahora me marcho para que te arregles, porque así estas muy tentadora, y no sé yo si te dejare salir con ese conjunto. –Beth sonrió a lo profident y H le dio un beso en la mejilla.
-Anda si, vete que tengo quince minutos para estar en la dirección.
B salió dándole una nalgada en su trasero desnudo y cerró la puerta dejándola buscando las
sandalias
para complementar el conjunto.
Quince minutos después, estaba metida en su coche con un gabán negro y esperando dentro del coche fumándose un cigarro. Eros no parecía por ninguna parte y ella se extrañaba más a cada momento. Estaba en la ciudad, cerca de un parque observando a su alrededor. Suspiro y cogió el móvil con la intención de llamarlo porque habían pasado diez minutos y esperaba que no se hubiera olvidado de su cita.
Una limusina negra con cristales ahumados, paro detrás de su lamborgini. La hembra pudo ver como un alto y elegante muchacho salió de la puerta del copiloto y se acerco hasta su puerta. Hécate alzo la vista y dio una calada a su cigarro.
-¿Las señorita Hécate? –pregunto con voz profunda y sensual.
-¿Y tú eres? –dijo alzando una ceja con una sonrisa en el rostro. El macho sonrío e hizo una pequeña reverencia.
-Alexander para servirla esta noche. El Señor me ha pedido que la recoja, le pide disculpas por haberme hecho tardar, pero me dio instrucciones explicitas de lo que tenía que hacer.
-No pasa nada.
-Si me acompaña, la llevare hasta él en unos minutos.
Algo extrañada, la hembra se bajo del coche y observo como el macho la miraba de arriba abajo. Le señalo la limusina y echo a andar para que ella lo siguiese. En completo silencio, el chofer abrió la puerta y le tendió una mano para ayudarla a entrar. Esta la acepto y se acomodo dentro con una mirada brillante en los ojos.
-Gracias.
-No hay de que señorita. Espero que el trayecto sea de su agrado.
Cerró la puerta y se monto en su lugar encendiendo el motor. Hécate vio como había preparada una cubitera con una botella de champan y un sobrecito al pie de esta.
“Disfruta de este paseo, estoy deseando verte. Eros”
Ampliando su sonrisa, se sirvió una copa y se relajo. No tardaron mucho en llegar. Casi ni se dio cuenta pues el coche no hacia el mínimo ruido. Cuando la puerta de la limusina se abrió, pudo observar que estaban frente al hotel más lujoso de la ciudad. Volvió a tomar la mano de Alexander y salió del coche observándolo.
-La estaré esperando para llevarla a su coche. Me dio esto para usted. Disfrute de la noche. –le dio un beso en la mano, como a la antigua usanza, soltándola después y volviendo al coche.
Entro en el hotel observando todo a su alrededor. La gente la observaba mientras habría el sobre y sacaba otra nota.
“Suite presidencial… Sal afuera sin la chaqueta…”
Asintiendo, metió el sobre en el bolsillo de su gabán y camino directa hacia los ascensores. Guiada por las personas a las que les pregunto, cinco minutos después, ya estaba frente a las puertas dobles de la suite. Empujo la puerta viendo que estaba abierta. Una música relajante y suave inundaba la estancia.
Cerrando tras ella, continúo hasta la salita y busco con la mirada a su chico. Ni rastro. Se encogió de hombros y deslizo la gabardina hasta que quedo echa un montoncito a su espalda. Vio otro sobre brillante y fue hasta él abriéndolo en cuanto estuvo en su mano.
“¿Qué haces que no estás fuera? El champan se enfría y estoy muy solo…”
Sonrió y dejo la nota a un lado. Las puertas del exterior estaban abiertas, a la vez que iba acercándose hasta ellas, se podía escuchar el rumor de ¿¿un jacuzzi? Acelero el paso y se quedo parada en la puerta cuando vio la cantidad de velitas esparcidas por el lugar, el jacuzzi burbujeante y a Eros apoyado en la barandilla con un albornoz y una copa de champan en la mano.
-Pensé que nunca llegarías. –dijo susurrante mientras se la comía con la mirada.
-No hubiera dejado de venir por nada del mundo. –le respondió de la misma manera. -¿Qué es todo esto? –miro al jacuzzi y luego a él.
-Una pequeña parte de lo que tengo en mente para estas 24 horas. –se acerco lentamente a ella con una sonrisa enigmática en el rostro. –Esas preciosa… -le dijo una vez que llego hasta su altura, besando su hombro y jugando con su tripa dulcemente.
Un ronroneo salió de la hembra sensualmente y se pego al macho metiendo una mano dentro del albornoz. Este sonrió nuevamente y se separo de ella pasándole la copa de champan.
-Voy a desudarte y ambos nos daremos un baño relajante. Luego comeremos algo y… ya veremos cómo terminamos… -le dijo mientras comenzaba soltar los lazos del conjunto.
Con mucha lentitud, se deshizo de cada prenda y beso cada parte del cuerpo de la joven caldeando el ambiente. En unos instantes, ambos estaban metidos en el jacuzzi dejando que las burbujitas acariciaran sus cuerpos. Besándose, tomándose su tiempo, disfrutaron de la noche fresca que había y el calor del agua y los cuerpos.
No hicieron nada más, aunque no por ganas seguramente por parte de los dos. De la terraza pasaron al dormitorio. Ya secados, Eros la tumbo en la cama y salió de allí. Una bandeja con cuencos tapados era lo que había encima de la cómoda. El macho volvió instantes después y la llevo hasta la cama.
-Ahora vamos a comer… mejor dicho, voy a degustar lo que el camarero me trajo en ti.
Frutas, nata, el cuerpo de H y un Eros con mirada oscurecida por el deseo. No hizo falta de explicarle nada mas, pues la hembra lo capto al momento con una sonrisa cargada de lujuria y deseo.
Gimió en distintas medidas de volumen cuando empezó a poner trocitos por su cuerpo y a capturarlos con solo su labios. Pequeños ríos del jugos por su piel que él recogía con su lengua. Su interior ocupado con trozos de melocotón que el capturaba y saboreaba dándole placer con su boca.
-Deja de torturarme… no aguanto más. –jadeo arqueando su cuerpo.
-Paciencia gatita, paciencia… -le susurro contra su estomago mientras echaba un poco de nata en sus pezones.
-No, no… Te quiero ya. –arqueo el pecho sintiendo la succión en sus pequeñas perlas duras. Su lengua lamiendo y sus dientes pellizcándolos.
No se lo espero, ya estaba con las piernas abiertas y él entre ellas. La penetro de un solo golpe y ella gritó y se removió extasiada corriéndose en ese mismo momento. El macho rio contra su pecho y se movió dentro de ella a un ritmo frenético, dándole las ansias que tenia ella por tenerlo invadiéndola.
Ambos, entre caricias y más besos, llegaron a su culminación juntos, ella por segunda vez. Eros cayó rendido encima de ella y se quedaron plácidamente dormidos así, con él dentro de ella aun.
No quería desperdiciar ese momento, pero se les paso la mitad del día durmiendo. La joven se despertó buscándolo en la cama, tanteando las sabanas de satén rojo sangre sin rastro de él. Abrió los ojos y se alzo buscándolo nuevamente.
El sonido de la ducha llamo su atención y salto de la cama para ir hasta el baño. Efectivamente, su hombre estaba bajo el chorro de la ducha relajado y con los ojos cerrados. Entro silenciosamente y abrió la puerta de esta a la misma vez que el sonreía y abría sus ojos.
-Sabía yo que no tardarías mucho. –la atrajo a sus brazos y la beso.
Se enjabonaron mutuamente, rieron y bromearon. Se dijeron muchos “Te amo” en el transcurso del baño. Volvieron a amarse mientras el agua quitaba el jabón de sus cuerpos. Incluso se mimaron y secaron mutuamente. Volvieron a la cama con la botella de champan con dos copitas, una para cada uno.
-Creo que estoy rendida –dijo la hembra apoyándose en el pecho de Eros.
-¿Rendida tu? Imposible. –dio un sorbo a su copa y cogió la de ella para llenarla.
-Lo sé… pero me has tenido sin tu cuerpo y tu calor mucho tiempo, ya sabes que no puedo estar apartada de ti...
-Tenía que prepararlo todo, no te creas que a mí no me costo. –le entrego la copa y la observo tomar de ella.
H le devolvió la mirada y bebió toda su copa. Escucho un pequeño tintineo cuando puso la copa bien de nuevo para que él se la llenara. Bajo la mirada y vio un destello dentro de la copa. Alternando la mirada del interior del vaso a un serio Eros, volcó el contenido en su mano sintiendo como sus ojos se humedecían.
-Esto es… -lo miró mordiéndose el labio.
-Si… es eso. –le susurro rozando sus labios.
La copa cayo a la cama mientras que ella se sentó de golpe mirando fijamente al anillo. Era precioso y muy sencillo, le encanto. Sintió los nervios entrar en su cuerpo. ¿Estaba seguro de esto? Se sobresalto un poco cuando sintió los suaves labios de Eros en su hombro.
-¿Me… me lo tengo que poner yo? –dijo con voz temblorosa.
-No si tu respuesta es sí. –le susurro en su oído.
Estaba sin habla, así que asintió con la cabeza y lo miro. Él cogió el
anillo
de su mano y le dio la vuelta a esta. Mirándola a los ojos, fue introduciendo el anillo en su dedo corazón. Cuando H sintió el frio metal dar contra el top de su dedo, se acerco a él y le dio un tierno beso.
-Si –susurro contra sus labios.
-Eso estaba claro… -le respondió el macho volviéndola a besar.
Se amaron por tercera vez lenta y dulcemente. Con el nuevo vinculo, la hembra sintió como la lagrimas corrían por sus sienes mientras el le decía que la amaba, que era su luz. Se apretó contra él feliz y jubilosa, incluso después de tener os orgasmos y caer rendida contra él, no pudo evitar decirle que lo amaba mientras el sueño volvía a ellos.
El sonido estridente que había puesto en su móvil para los mensajes, la despertó de su sueño. Deliciosamente apretujadita contra Eros, maldijo en voz baja al fin de sus 24 horas. Salió del a cama y no se molesto ni siquiera en mirar el mensaje, cancelo este y se vistió en completo silencio. Apoyada en un poste de la cama, lo observo dormir plácidamente y sonrió.
-No te vayas… gatita… te amo… -murmuro entre sueños el macho.
Se despidió con un roce de labios esquivando los brazos de Eros que la intentaban atrapar para que no se fuera. Ella rio bajito y salió de la habitación con los zapatos en la mano. No había mucha gente por allí y le guiño un ojo a Alexander cuando ya esperaba por ella con la puerta de la limusina abierta.
-Espero que haya pasado una buena velada.
-Magnifica –se metió dentro del coche y observo durante unos minutos el anillo.
El trayecto hasta su coche fue igual de corto. Se repitió el proceso de Alexander cuando la dejo frente al lamborgini como en el hotel y la hembra se puso en marcha mirando de reojo el anillo. El trayecto fue como en una nube y cuando llego al garaje, guardo su preciado regalo en el bolsillo de su gabán, manteniéndolo apretado en su mano mientras saludaba a sus compañeras de camino a su cuarto.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #10 en:
Septiembre 24, 2009, 20:39:51 »
Beth se despertó con los primeros rayos de sol que se colaron por las rendijas de su ventana. Se estiró perezosamente dentro de la cama sintiendo el cuerpo de Era caliente a su lado. Era el día de sus 24 horas. Aún no sabía quién había sido el desalmado que había pagado con ella pero tenía la certeza que no era Owen. Durante la subasta el macho se había encargado de subir la puja de otro macho que estaba al final del local donde no podía ser visto.
Al bajar de la tarima todas preguntaban y hablaban:
-¿Quién habrá sido? –decía H.
-Owen no, desde luego –había contestado una de sus hermanas riendo.
-Un buenorro.
-¡Pues no pierdas la oportunidad!
-Tíratelo.
Por Dios, llevaba días pensando en ello. ¿Con qué clase de pervertido le tocaría pasar el día? ¿Qué le obligaría a hacer? Gruñendo salió de la cama por encima de Era y fue hasta al baño para darse una ducha larga y placentera, que duró unos quince minutos. Salía envuelta en una toalla caminando hacia el vestidor cuando unos golpes en la puerta la hicieron pararse.
-Adelante.
La puerta se abrió y Joseph entró con un sobre en sus manos.
-Esto ha llegado para usted esta mañana –el doggen se lo entregó y sonrió de medio lado-. Es del señor que ganó sus 24 horas, señorita Beth.
Beth asintió mientras miraba el sobre con atención.
-Gracias, Joseph –la hembra despidió al doggen que se marchó minutos después dejando a la rubia abriendo rápidamente el sobre.
“Buenos días. La espero a las doce en el aparcamiento del Zero Sum. No es necesario que se vista elegantemente. Un abrazo. ”
No había firma. La nota estaba hecha a mano pero la letra no le era conocida. Sin embargo, parecía ser de una persona con no muy buen pulso. Joder, ¿sería un vejestorio? Sólo las personas mayores tenían mal pulso o al menos, las entradas ya en años. Beth maldijo por lo bajo tirando el sobrecito a la cama antes de ir al vestidor. La nota decía que tenía que ir cómoda y por un momento pensó en ponerse un chándal, pero cambió de opinión. Después de varios minutos sacando ropa del armario, por fin, encontró el
modelo pijillo
que llevaría.
Al salir del vestidor con la ropa y el calzado en la mano, se encontró con algo que no debería haberla sorprendido. Sus trillys y qué raro, tenían el sobre en las manos y cuchicheaban entre ellas.
-¿Quién coño será? Esto no me mola nada –dijo H girándose con ella al oírla toser.
-Deberías llevar las dagas contigo, B –dijo D esta vez mientras su otra hermana asentía de acuerdo con ella.
-Fijo que es un viejo chocho…
-Y pervertido.
-¡O peor que eso! –exclamó H dejándose caer en la cama.
-Pero seguro que le gusta si es un pervertido.
-Ya basta –B que hasta ahora había estado observándolas interrumpió la risa de sus hermanas-. No me pongáis más histérica de lo que estoy, ¿vale?
Dejó la ropa encima de la cama y empezó a vestirse lentamente.
-¿Y donde vas a meter las dagas?
-No. No puedes llevar eso, ponte las botas altas y mete las dagas en la funda –siguió D robándole los botines que estaba a punto de ponerse. B los recuperó y se los puso, ignorándolas.
-Verás. Si es que ya la veo llamándonos para que la saquemos del apuro –bufó H.
Beth gruñó y fue hasta la mesita. Sacó unas tiras que había pedido para sus dagas y sentándose de nuevo en la cama en medio de las dos, se las puso en los gemelos y metió sus dagas en ellas, tapándolas con el pantalón después. Sonrió a ambas hembras que la miraban con el ceño fruncido y se levantó. ¡Por fin las había hecho callarse, joder!
-¿Así les parece mejor, señoritas? –preguntó B con sarcasmo mientras se iba al cuarto de baño.
Escuchó como sus trillys protestaban y divulgaban sobre la identidad del hombre que había pagado por pasar con ella 24 horas. Pero oyéndolas sólo conseguía ponerse más nerviosa y le daban ganas de coger todo un puñetero armamento por si acaso. Se quitó automáticamente esa tontería de la cabeza y empezó a secarse el pelo sin darle mucha importancia porque había decidido hacerse una coleta. Cuando estuvo lista, se maquilló levemente.
-Ya estoy –dijo al salir sonriente.
-¿Vas a ir así? –fue H quien habló pero las dos hembras tenían la misma cara.
“Ya estamos otra vez…” se dijo para sí misma.
-Pues sí –contestó sacándoles el corte de manga para que dejaran de mirarla así-. Según pone la nota no tengo que ir elegante, pues así voy perfecta.
-Claro… -escuchó la voz de D a la vez que caminaba hacia el espejo.
Ella no se veía tan mal. Sólo le faltaban las gafas. Las cogió del tocador junto con el móvil y sonrió. Lista.
-Ahora si no os importa, os voy a echar de mi habitación –no pudo evitar reír al ver sus caras-. No pensaréis que os voy a dejar aquí mientras esté fuera…
-No sería mala idea –H asintió rodando por la cama-. Tu cama es más grande que la mía.
-Quiero probarme tu ropa –dijo D desde el vestidor.
-¡Fuera! –gritó señalando la puerta. Tenía que ponerse seria para conseguir sacarlas de allí. No quería que revolvieran en sus cosas.
-Vamos B…
Beth gruñó y se giró. Si querían quedarse allí que lo hicieran, pero que Dios las amparara como encontrase algo fuera de su sitio. Estaba bajando las escaleras cuando oyó las risas de las dos en el pasillo. Respiró tranquila, nada andaría en sus cosas mientras estuviera fuera. En un par de minutos llegó al garaje y en su moto, salió de la Mansión, en un pequeño rato estaría en el Zero.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #11 en:
Septiembre 24, 2009, 20:42:24 »
Llegó justo a la hora indicada. Aparcó la moto y examinó el lugar: vacío. Genial, encima de desconocido el tío es impuntual, se dijo la hembra bajándose de la moto. Dio una vuelta por allí pero siguió sin ver a nadie. Minutos después, estuvo tentada en volver a montarse en la moto y largarse de allí pero el sonido de un coche la hizo quedarse quieta al lado de su moto. Ahí estaba “su” comprador.
El coche no era precisamente muy nuevo, como Beth suponía que no iba a ser quien estuviera dentro de él. Intentando ver quién había en su interior, se vio obligada a alejarse de la moto. El coche aparcó a unos metros de ella, de él se bajó un jovencito bien apuesto que la miró de arriba abajo. La hembra ya iba a sonreír pensando que ese era el hombre, pero cuando lo vio abrir la puerta trasera del coche y de ella, salir un vejestorio, la sonrisa se le borró de los labios. El hombre estaba dándole la espalda, por lo que aún no podía verle la cara.
Con determinación y paso firme, se acercó a ellos. Cuando por fin vio de quién se trataba, se sorprendió más de lo que podía imaginar. ¿Pero qué hacía él allí? Por Dios, ¿cómo había conseguido comprarla? ¿Cómo se había enterado de la subasta? ¿Se habría escabullido de la casa? Beth no pudo aguantar la risa cuando se imaginó a Graham saliendo a hurtadillas por la puerta trasera.
-¡Tenía un miedo! Dios mío, Graham, podías habérmelo dicho, hombre. Pensaba que eras un viejo pervertido –exclamó abrazándolo-. Gracias, gracias…
-Ya ya –Graham soltó una risilla ante tal gesto. Le guiñó el ojo al chico que aún estaba allí. Seguro que estaba tan emocionado como ella, lo notaba en sus ojos-. Elizabeth, tengo que presentarle a…
-No me trates de usted –Beth se separó de él y lo fulminó con la mirada mientras le cogía una mano arrugada entre las suyas-. No voy a aguantar que pases 24 horas tratándome de usted, Graham, por favor. No sé cómo pedírtelo ya.
-Es un cabezota –dijo una voz profunda detrás de ellos.
Beth se giró al oír al chico. No se había acordado de él. Sonrió en modo de disculpa y se acercó a darle dos besos ante lo cual el chico sonrió ampliamente. Su cara le resultaba conocida pero no recordaba de qué, ni quién podía ser… Esos ojos negros la atravesaron como si la conociera de toda la vida. Beth frunció el ceño ante el evidente escrutinio al cual se vio sometida por el macho joven.
-¿Quién eres?
-¿No me recuerdas? –preguntó con evidente tono irónico.
-Es evidente que no.–contestó Beth empezando a impacientarse, su sonrisa de super macho la estaba poniendo nerviosa.
-Jake –contestó Graham por él.
¿¡Jake!? ¿El Jake de Jack? ¿El niño malcriado y consentido que le tiraba de los rizos cuando eran pequeños?¿Estaba vivo? Oh Dios…Beth saltó hacia él para fundirse en sus brazos que la esperaban abiertos. Hacía años que no se veían, desde que se había ido de casa… ¡Pensaba que estaba muerto! ¿Jack estaría también vivo? Y lo más importante, dónde. Un sin fin de preguntas entraban y salían de su cabeza sin poder retenerlas durante más de dos segundos.
No sabían cuánto tiempo habían pasado así, abrazados.
-Dios Jake… Pensaba que estabas muerto –dijo cuando se separó de él-. ¿Dónde estuviste todos estos años? Te buscamos, yo personalmente, llevo todo este tiempo buscándote y parecía como si la maldita tierra te hubiese tragado.
El macho asintió.
-Llevo todos estos años oculto, Betty. Mi padre está conmigo –dijo al final en un susurro a tiempo que sonreía ampliamente, Owen le había dicho que la chica estaba buscando al resto de los componentes de la manada y estaba seguro que le gustaría saber que estaba vivito y coleando por ahí.
-Oh… -suspiró de alivio volviendo a abrazarlo. Jack. Ella habia visto su lapida, su nombre y la fecha del fallecimiento. Y ahora, ¿estaba vivo? Y lo peor no era eso, sino que Graham lo sabía y no le había dicho nada. Una idea se le pasó por la cabeza…-. ¿Owen también está enterado de esto? –preguntó mirando a Graham. No podía ser que él lo supiera y no se lo hubiese dicho. No, era imposible.
-Éste no es lugar indicado para hablar –se limitó a contestar Graham mientras tiraba de la hembra hacia el coche.
Jake asintió y se puso al volante.
Beth se paró al llegar a la puerta del coche mientras echaba una mirada a la moto.
-No puedo dejarla ahí –se encaminó hacia ella-. Os sigo –gritó por encima del sonido del motor del coche. Jake asintió y dio la vuelta esperándola ya en la carretera.
Ella se tomó su tiempo en subirse a la moto. Las manos le temblaban de emoción. Padre e hijo estaban vivos. Los dos. Sus ojos se empañaron levemente de alegría. Por fin, salió con su moto y los siguió. No sabía a donde iban, pero estaba impaciente por llegar. Quería hablar y que Jake le contara todo sobre estos años. Todo lo que supiera. Debajo del casco Beth no podía parar de sonreír.
La hembra frenó detrás de ellos cuando los vio pararse. Estaban en los muelles. Y un enorme barco estaba al final del pasillo de madera. Cuando Graham se bajó del coche y encaminó la marcha hacia él haciéndole un gesto para que lo siguiera, Beth casi se cae de la moto. ¿Iban a montarse en ese barco? ¿Tan grande? Ella nunca había montado en barco… Oh Dios. Tan rápido como podía se bajó de la moto y echó a correr para alcanzar a Jake que ya estaba por alcanzar al viejo.
-¿Vamos a montar ahí? –preguntó señalando el
yate.
Jake rió al ver su cara. Era toda una sorpresa.
-Claro. No pensarás que vamos a ir nadando –contestó tendiéndole la mano para ayudarla a subir a la cubierta.
-¿Ir a dónde? –preguntó pero sin prestar mucha atención al macho que estaba contestándole. Lo que sus ojos veían le llamaba mucho más que las palabras en esos momentos. La bienvenida al barco se la había dado una enorme mesa rodeada por sofás blancos, aparentemente comodísimos. En el centro de la mesa había un florero con rosas y un precioso mantelito liso-. ¿Perdón? –se volvió hacia Jake que tosía para llamar su atención.
-No me has escuchado, ¿verdad?
El macho estaba cruzado de brazos observándola con una sonrisa. Beth le devolvió la sonrisa.
-No. Es que esto es tan… -buscó las palabras durante unos minutos-. Espectacular.
-Y eso que aún no has visto lo que hay abajo.
Jake la cogió de la mano y tiró de ella hacia la parte delantera del barco. Graham había puesto en marcha el cacharro y todo empezó a moverse.
-Luego quiero ir a pilotar esto, ¿vale? –Dijo de repente mirando hacia donde el viejo estaba sonriente-. ¿Esto es de él?
-No, es mío pero suele cogerlo cuando Owen le deja libre –contestó-. Antes te estaba diciendo a donde vamos a ir, ¿quieres oírme?
-¡Claro, cuéntame! –Beth se agarró en la barandilla mientras contemplaba el agua que se rompía contra el barco-. ¿Graham no necesitará ayuda? Quizás tendríamos…
-Es verdad eso que dice que Owen –exclamó riendo. No se callaba ni debajo del agua-. Graham está perfectamente. Te sorprendería su lenguaje si acaso se te ocurre insinuarle que necesita ayuda –dijo asintiendo al ver la ceja de la chica levantada-. Lo he comprobado –por fin asintió y pudo continuar-: Vamos a ir a una isla que está a una media hora de aquí. Graham quiere enseñarte unas cosas y yo… Bueno, mi padre ha insistido en que quiere verte –acabó encogiéndose de hombros.
A Beth se le empañaron los ojos en el momento. ¿La habrían estado buscando todo este tiempo? ¿También tenían las mismas ganas de encontrarla que ella a ellos? ¿Se acordarían como ella de todo lo que había pasado? ¿Habían sufrido? Tantas preguntas se agolpaban en su mente que era incapaz de decir una en voz alta con coherencia.
-¿Owen sabe algo de esto? –consiguió decir, pero, maldita sea, no era eso lo que quería preguntar.
Jake se encogió de hombros. Genial, no iba a contestar. Pero algo en su mirada hizo que B pensara que sí que podía contestar a esa pregunta. Frunció el ceño y se alejó de la barra. Tenía tantas cosas en qué pensar, tanto que asimilar que no sabía ni cuándo ni por dónde iba a empezar. Sintió a Jake detrás de ella.
-Pensaba que te habían matado junto con Valisen y Megara.
Valisen
y
Megara
eran los padres de Beth y a ella no le hizo ninguna gracia recordarlos. Su padre cumpliria los 40 años ahora y su madre los 35 pero la hembra aún recordaba el tacto del pelo negro corto de su padre entre los dedos, su bonita sonrisa mientras la observaba cuando corría o cuando intentaba hacerles de reír, su clásica vestimenta que en innumerables ocasiones su madre había intentado cambiar inútilmente. Los ojos de su madre, su melena castaña, casi rubia, su sonrisa, sus modales… Sí. Beth los recordaba.
-Lo siento –susurró Jake al notarla tensa-. No quería…
-Lo sé. Nadie quiere. Jake, no me los recuerdes –lo interrumpió girándose hacia él. Sentía las lágrimas a punto de salir de sus ojos, pero se obligó a controlarse-. Me alegro de que Jack esté vivo. Me alegro de verdad. Pero me das envidia. Entiéndeme, no quiero fastidiarme el día a mi misma, ¿si? Te lo pido por favor.
Jake asintió y sin esperar a que ella dijera nada más, la abrazó. La estrechó entre sus brazos. Ella había sido la hermana pequeña que nunca había tenido y no le gustaba verla así. Owen le contaba que con frecuencia se ponía así por ellos y como había dicho ella, ese día no era para la tristeza. Todo en ese día tendría que ser alegrías, se juró a sí mismo.
Le acarició el pelo con ternura, parándose en uno de sus rizos. Sonrió al recordar cómo le gustaba tirarle de ellos y enfadarle cuando eran unos niños… Y sin poderlo evitar, tiró de él antes de echar a correr. Beth gritó por el dolor, y haciendo un esfuerzo por olvidarse del lado malo de su pasado, corrió tras Jake como en los viejos tiempos. Y así se pasaron la mayoría del viaje hasta la isla. Corriendo, riendo y recordando los buenos momentos.
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Última modificación: Septiembre 24, 2009, 21:01:51 por Beth
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #12 en:
Septiembre 24, 2009, 20:44:15 »
-Le dije que no se pusiera elegante.
Graham la regañó mientras caminaban por el bosque. Los tacones les hacían ir más lento ya que tenían que ir más despacio. Beth gruñó y lo fulminó con la mirada.
-No me toques lo no tengo, Graham. Podías haber especificado. ¿Qué clase de 24 horas son estas? ¡Ah! –Exclamó cuando hundió su botín nuevo en un charco de barro-. ¡Maldita sea! Eran nuevos, coño. Me tenías que haber avisado Graham… -Beth alzó una mano para que no hablara-. No, no. No intentes disculparte ahora. La culpa que tienes tú no la tiene nadie. ¿Cuándo se ha visto que una mujer vaya sin tacones? ¡Por Dios…!
-Calla ya –gruñó Jake detrás de ella interrumpiéndola-. Los años no te han cambiado por lo que veo.
-Pues no –Beth se giró y le sacó la lengua-. Si me hubieseis avisado…
Jake suspiró. Era imposible hacerla callar. Desde que habían avistado la isla no había cerrado la boca. Bien fuera porque estaba demasiado impresionada por el paisaje o bien fuera para quejarse, no se callaba. Y el macho sabía que aún le quedaba mucho por aguantar hasta la cabañita de Graham.
-Joder… -la oyó y vio agacharse para limpiar los botines dichosos.
-¡Mujeres! –exclamó alzándola en brazos. Beth iba a protestar pero la fulminó con la mirada haciendo que se callara al instante-. Dices una palabra más y te juro que te vuelves por donde has venido sin ver nada más –Jake esperaba que asintiera, pero B se limitaba a mirarlo con el ceño fruncido-. ¿Entendido?
Beth asintió y se cruzó de brazos mirando a Graham que iba delante. Ahora estaba enfadada o al menos, eso le quería hacer pensar. Mejor, así no hablaría.
No podía creerse que Jake fuera capaz de llevársela de allí sin haber visto nada, salvo bosque y una enorme playa perfecta para tomar el sol y pasar unos días de vacaciones. Pero como no quería probar suerte, se quedó callada hasta que llegaron a una
cabañita
, que no pudo contener un “Oh” de sorpresa. Era preciosa. Toda de madera, rústica, acogedora, apartada del mundo… Perfecta.
-Bájame ya –exigió a Jake, que obedeció gracias a Graham que había asentido. Beth corrió hasta el viejo y se enganchó al brazo que él le ofrecía-. ¿Es tuya? –Graham asintió-. ¿Vienes mucho?
-Cuando Owen me lo permite. Tengo unas obligaciones, Beth.
-Claro.
Graham la condujo hasta la entrada. No tenía hall, pero el salón era tan precioso que no tenía queja alguna. Un sofá de piel y una chimenea estaba a un lado, compartiendo habitación con una mesa con cuatro sillas a su alrededor. Había una puerta que llevaba a la cocina. La cocina era de carbón y tampoco estaba repleta de muchos armarios y adornos. El viejo tiró de ella hacia otra puerta: una
habitacion
. Beth escuchó el largo suspiro de Graham al mirar hacia la cama. Era evidente que el viejo tenía muy buenos recuerdos allí y Beth quería saber si eran con la persona que ella tenía en mente, así que preguntó:
-¿Era aquí donde os veías mi abuela y tú?
-Sí –fue la única respuesta que obtuvo de él.
-Ella… ¿Era feliz?
-Tengo una cosa que darte –dijo sin contesta a su pregunta. Caminó hasta un tocador que había a la izquierda y rebuscó en uno de los cajones hasta que por fin se giró con una caja en las manos-. Toma –Graham le tendió una caja estampada con amapolas, las flores favoritas de su abuela-. Elizabeth me pidió que las guardara. Cuando tu madre le prohibió verte, te escribía.
Al escuchar esas palabras, los ojos de Beth se empañaron en el momento. Su abuela le había escrito miles de cartas y ella no había recibido ni una. En esos momentos, odió a sus padres. Haberla mantenido alejada de su abuela era lo peor que pudieron haber hecho. Sintió las manos de Graham alrededor de sus hombros y la hizo caminar hasta la cama. Se sentó junto a ella y sacó una carta. Se la tendió ya abierta y Beth empezó a leer.
Las primeras cartas relataban la tristeza, el enfado, la decepción que sentía por su hija. La había mantenido alejada hasta tal punto de amenazarla con separarla de Graham. En las siguientes cartas, explicaba más detalladamente su nuevo poder y sus peligros al igual que sus ventajas. Después de dos horas, Beth cogió la última carta. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Esa era la última carta que había escrito antes del trágico día. La carta decía que no podía aguantar más sin verla, sin abrazarla, sin escucharla hablar, reír, reñir o llorar. También se veían tachones de las palabras que le iba a decir a Megara.
Cuando acabó no pudo evitar llorar como nunca había llorado. Graham se limitó a abrazarla y dejar que llorase en su hombro. Estaba segura que Jake podía oír su llanto desde el salón, pero no le importaba. Se abrazó a Graham con todas sus fuerzas. Él era el último, aparte de su madre, que la había visto con vida, había sido él quien había pasado sus mejores momentos…
-Beth… -oyó susurrar a Graham. Éste le alzó la cara y le secó las lágrimas-. Estoy seguro que ella no querría que estuvieras así. Además… Sabes que… No se ha ido del todo.
La hembra asintió mirándolo a los ojos.
-Gracias… -le dijo-. Gracias… gracias por hacerla feliz –susurro besándole la mejilla antes de abrazarlo.
Allí estaba la persona que había hecho volver a reír a su abuela. La persona que la había hecho feliz, no importaba que fuera o que no.
-No tiene que dar las gracias por nada. Soy yo el que deberia agradecerle a ella… -musito el viejo acariciando esa melena que habia heredado de Elisabeth.
-Quiero verla.
Beth se separo de el y tras levantarse, se situo en el centro de la habitación. Ninguno de los dos necesitaba hablar. Ambos sabian a la perfeccion de quien hablaban. Beth habia cerrado los ojos y se estaba preparando para entrar en trance cuando la mano de Graham toco la suya.
-Vayamos a comer. Puedes verla después –le dijo tirando de ella hacia la puerta-. Ella siempre esta contigo –susurró saliendo de la habitación, seguido por Beth.
Lo cierto era que quería verla en esos momentos, en ese instante. Necesitaba abrazarla. Pero Graham tenía razón. Después, al igual en esos momentos, podría verla. Y estaría más relajada. Así que dejo que el viejo la llevara hasta el saloncito, donde la mesa estaba puesta y varios platos con comida ocupaban el resto del espacio. Jake estaba allí y los esperaba con una sonrisa.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #13 en:
Septiembre 24, 2009, 20:46:27 »
Después de dos largas horas, Beth por fin pudo escaparse a la habitación para pasar unos momentos a solas. Jake le habia dicho que hacia las cinco llegaria su padre lo que le daba dos horas para concentrarse en su abuela.
Nada más dejarse caer en la cama, cerró los ojos y se concentró en despejar su mente al completo. Las risas en el salón se lo ponían más difícil pero al cabo de cinco minuto, lo consiguió. Su cuerpo empezó a estremecerse sintiendo como unas súbitas corrientes ardiendo le recorrían por completo, desde lo pies a la cabeza. Y de repente, la oscuridad se consumió llevándola a la realidad dos segundos más tarde.
Entonces escuchó a su abuela.
-Betty, Beth, cariño, ¿estás bien? ¡Oh, por Dios! Respóndeme –gritaba zarandeándola.
Y hasta que no abrió los ojos, no paró.
A pesar de su estado Beth no pudo evitar sonreír. Su abuela era tan hermosa, los años no parecían haber pasado por ella. La melena cobriza enmarcaba su rostro ovalado y fino, con la piel ya un tanto arrugada. Mientras la miraba, sus ojos azules brillaban de alegría y orgullo. Las dos se fundieron en un abrazo y la joven comenzó a llorar de nuevo. Elisabeth la acunó en sus brazos intentando que su nieta no sintiera las lágrimas brillar en sus ojos.
-Cariño, no llores… -susurraba una y otra vez acariciándole el pelo-. Ya pasó mi melosa, ya –decía intentando calmarla.
Pero nada daba resultado. Cada que hablaba, Beth más lloraba.
¡Por Dios! ¿Es que aquella niña era un mar de lágrimas? Elisabeth intentó calmarla por todos los medios, pero tuvo que ser la propia Beth quien se obligara a dejar de llorar. No sabía qué le pasaba ese día, solo sentía las terribles ganas de llorar todo el tiempo.
-Lo siento –susurró Beth subiéndose a la cama, detrás de su abuela.
-Oh cariño, no me digas eso. No tienes nada que lamentar –ella le acarició la mejilla-. Nada mi vida. Tienes que dar muchas gracias a Dios por todo lo que tienes.
Beth negó con la cabeza.
-No lo decía por eso. Hace mucho tiempo que… -se señaló primero a ella y luego a su abuela.
-Que no entras en trance, sí. Lo sé.
-Deberías haberlo he…
-No. Cuanto menos abuses de eso, mejor. ¿Entendido?
-Pero no tengo otra manera de verte –refunfuñó.
-Ya hemos hablado de eso. Y que yo sepa no te has parado a practicarlo. No le has pedido ayuda a nadie y no quiero que uses este poder sin nadie delante, ¿me has oído? –la regañó, haciendo que la mirase-. Tengo entendido que Valnelia puede ayudarte en casa de que te ocurra algo.
Beth asintió. El poder de Val la ayudaría en caso de que pasara algo y no pudiera volver a su estado normal. Val y su poder… A la joven se le encendió la bombillita. Si Val había conseguido hacer corpóreos objetos e incluso, recordaba una vez en la que ayudó a Lyss… Quizás podría ayudarlas a ellas. Maldita sea, tenía que hablar con Val nada más llegara a la Mansión. Tenía que hacerlo antes de decirle nada a su abuela y crearle falsas ilusiones. No quería meter la pata.
-¿Cómo sabes tú lo que Val puede hacer?
Elisabeth se encogió de hombros y parecía estar buscando una respuesta. Como si le ocultara algo.
-Llevo mucho tiempo en esa Mansión… contigo –contesto por fin, pero algo en sus ojos le decia a Beth que habia algo mas-. Veo las cosas.
Beth no le dio mucha importancia y asintio dejandolo estar. Lo que decia no era mentira.
-¿Cómo estan las cosas con Owen?
-Bien, como siempre –le contesto-. Aunque… hoy he descubierto que me ocultaba muchas cosas. Y eso no me gusta –su abuela asintio y B continuo-: Y Graham y Jake siguen ocultandomelo. No se que… pero… me mosquea.
Su abuela sabia a que se referia.
-Quieren protegerte –dijo cerrando la boca de repente como si hubiese metido la pata hablando y Beth se dio cuenta.
-¿De que?
Elisabeth se encogio de hombros retorciendose las manos.
-No lo se, Beth. Supongo de lo que descubran pueda hacerte daño. Los machos son muy protectores.
-Abuela… No me cuent…
En ese instante la puerta se abrio y Jake aparecio en ella.
-¿Beth? –pregunto el macho paseando su mirada por la habitación y al escuchar la llamada de Graham se fue.
Beth miro el reloj que habia sobre la mesita y gruño. Jack ya debia de haber llegado. Pero podia esperar.
-Jack esta afuera.
-Lo se –contesto B girandose hacia su abuela-. ¿Tu como estas?
Elisabeth apreto sus manos entre las de ella.
-Estaria mejor si fuese de carne y hueso, pero no me puedo quejar.
-Quizas todo cambie.
-¿Qué? ¿El que?
Su abuela la miraba sin entender nada.
-Ya te lo explicare, ¿vale? Solo te digo que si de mi depende no te quedaras asi para siempre –la cabeza de su abuela empezo a moverse de lado a lado-. Si. Estas viva y ya va siendo hora de que disfrutes de lo que no has podido. Y te prometo que algun dia volveras a reflejarte en un espejo, tambien podras abrazarme a mi en carne y hueso, a tocar el piano…
-Y a Graham –susurro, interrumpiendola.
-Si. Tambien a el.
Los ojos de Elisabeth estaban humedos y empañados por las lagrimas de solo pensar que habia una posibilidad, por muy remota que fuera, de volver a hacer todas aquellas cosas. Y aunque B no fuera consciente de ello, ella sabia como lo iba a conseguir.
La voz fuerte y grave de Jack interrumpio la escena haciendo que las dos se giraran hacia la puerta cuando esta se abrio.
Ahí estaba.
Vestido con unos vaqueros y una camisa totalmente desabrochada, Jack miraba hacia la cama como si pudiera verlas.
-Pequeña, no he recorrido todo este maldito bosque para ver a Graham, asi que haz el favor de salir ya –el mcho se estaba girando cuando se volvio de nuevo hacia ellas-. Por cierto, pidele disculpas a Elisabeth… Yo tambien quiero tenerte para mi unos minutos. ¡Ah! Y saludala –dijo y salio.
Beth sonrió y vio por el rabillo del ojo que su abuela tambien lo hacia. Jack era como un tio para ella y también tenia muchas ganas de estar con el y poder abrazarlo.
-Ve.
-Abuela… -No quería dejar a su abuela tan pronto.
-Nos veremos pronto –su abuela se inclino sobre ella y le beso la frente con tremenda ternura-. Me lo has prometido, ¿recuerdas?
Beth asintió y se tiro encima de su abuela para abrazarla. Era lo unico que le quedaba de su familia y no iba a dejarla asi como asi. Tenia que hacer todo lo posible y mas, para ayudarla. Y maldita fuera sino lo hacia.
-Oh, ya basta oso meloso. Vete que sino recuerdo mal, Jack no es muy paciente –grito su abuela entre risas.
-Te quiero.
Beth le dio un último beso y entro en trance escuchando como su abuela repetia sus ultimas palabras.
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Re: Una subasta, los machos, y sus 24 horas...
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Respuesta #14 en:
Septiembre 24, 2009, 20:49:29 »
-¡Beth!
La hembra corrió a abrazar a Jack cuando lo vio paseando como un toro enjaulado por la cocina. Salto y el la cogio en sus brazos apretándola fuertemente contra el. Por Dios y creer que había muerto.
-¡Estas bien vivito, tito! –exclamo cuando el le mordió la mejilla como solía hacerle cuando era pequeña.
-Si cariño.
Beth se quedo en su cuello unos minutos más. Se parecía tanto a su padre y le recordaba tanto a el, que le daba la sensación de estar abrazando a Valisen. Cuando se bajo de su cuello lo primero que hizo fue darle un buen puñetazo en el estomago que lo hizo doblarse por la mitad.
-Joder, ¿y esto? ¿Esa es la clase de bienvenida que le das a tu tito después de tanto tiempo? –gruño.
-Esa es la clase de bienvenida que le doy a un hombre al que creía muerto y de repente aparece en mi vida como si nada hubiese pasado, tito –pronuncio esa ultima palabra con cierto retintín.
-Maldición, Owen no me dejaba verte.
-¿¡Que!?
Beth no podía creer lo que acababa de oír. ¿Owen sabia que Jack estaba vivo? ¡Lo sabía y no se lo había dicho! Cabron de mierda. Sabía que se había pasado meses buscándolo y no había dicho nada. ¡La había animado a continuar! Era increíble.
-Quería protegerte pequeña. No frunzas tanto el ceño.
-¡A la mierda con la protección!
La mano de Jack fue hasta su entrecejo y presiono el bultito que se había formado allí donde comenzaban sus cejas. Hasta que por fin, dejo de fruncirlo no aparto la mano.
-¿De que quería protegerme?
Jack no contesto. Se limito a encogerse de hombros y tirar de ella hacia el salón. Beth se dejo llevar. No le iba a sacar nada. Era más terco que una maldita mula. Pero Owen iba a escucharla… Y bien.
-Vamos, cuéntame. ¿Qué has hecho durante estos años? Graham me ha dicho que vives en una Mansión.
Beth asintió.
-Con chicas como yo.
-¿Cómo eres tu?
-Mestiza –contesto frunciendo el ceño al ver su mohín.
-Aja. ¿Qué mas? Estas con Shaferty, ¿no? El hijo de John.
-Aja –lo imito y el rió.
-Es un buen chico.
-Yo no diría tanto.
-¡Vamos peque! No estarás enfadada por la mentirijilla que te ha dicho, ¿no?
Era lo que le faltaba. Mentirijilla.
-¡Mentirijilla! ¿¡Mentirijilla!? ¡Meses, Jack! Me pase tres putos meses buscándoos. Todos los días, a todas horas… Y todos esos días me llevaba la misma decepción, unos decían que estabas muerto y otros ni siquiera te conocían y yo… Yo me negaba a pensar que habías estirado la pata. No me lo creí hasta que vi tu lapida. ¡Esa otra! –grito-. ¿Cómo lo hicisteis? ¿Cómo tuvisteis los cojones a hacerlo? ¿Fue Owen también? ¡Eh! ¡Contesta, joder!
-¡No! Fui yo –contesto después de un rato. Ver tanto dolor en sus ojos lo había matado-. Cuando Owen me dijo que no ibas a parar hasta encontrarme mande que la hicieran. Beth, entiende. Si nos encontrabas tanto tu vida como la nuestra peligraría ¿entiendes? Teníamos que esperar.
-¿A que? ¿Qué diferencia hay ahora? –Jack no contesto y Beth, cada vez mas enfadada, continuo-: Mira, Jack. He esperado mucho tiempo. Me he freído tanto el cerebro durante todos estos meses que mi subconsciente se ilusionaba pensando que algún día llegaríais todos a la Mansión y me llevaríais de vuelta al pueblo, como si todo hubiese sido un sueño; papa, tu, Cole, John… ¡Joder! Solo quería saber si estabas bien. No me queda nada de mis padres y tú… Tu… me huyes de esa manera –Beth lo fulmino con la mirada, llena de odio-. ¿Sabes como me sentí al ver tu nombre en aquella piedra de mármol? No sabía nada de Cole y tú ya estabas muerto.
-Beth…
-¡Estuve sola! Llegue sola a la Mansión y sola me quede, Jack. Sola como un perro. Y cuando murieron mis padres nadie intento buscarme. Nadie me llamo para ver como estaba… Tuve que enterarme por mis propios medios que a mis padres los habían freído como pollos. No vi a nadie apoyándome, salvo a mujeres que no me conocían… Nadie de mi infancia, nadie que me conociera… Pensar que no te queda de tu pasado, nada de lo que fuiste, con lo que creciste… ¿¡Sabes lo que es eso!? –acabo por gritar mientras apretaba los dientes para no llorar.
-No.
-Yo si. Y no quiero volver a pasar por ella, así que ni se te ocurra pedirme que me mantenga alejada de ti porque no lo haré, ¿me has oído? Y como desaparezcas de este bosque te juro que te buscare y cuando te encuentre, seré yo la que te mate.
-Cole también esta vivo –dijo clavando la mirada al frente.
Beth se olvido del ceño fruncido y dejo el enfado de lado. No le iba a pedir que se alejara de ellos. Suspiro aliviada.
-¿Dónde esta?
-No lo se. La ultima vez que hable con el me dijo que se iba fuera de la ciudad. No esta preparado para enfrentarse al pasado.
Beth asintió. No podía culpar a Cole. Ella sabia lo que era.
-Solo le queda admitir lo que paso.
-No es tan fácil –replico Beth.
Jack le hizo un gesto para que se sentara en su regazo, pero ella negó con la cabeza. Aun estaba enfadada. El asintió. Ella negó, pero tenia ganas de hacerlo. Cuando era una niña regordeta y Jake se burlaba de ella, solía ir a ver a Jack para chivarse. Este la sentaba en sus rodillas y le decía lo bonita que era mientras enredaba con su pelo. Después le contaba un cuento y le daba las galletas de Helea, su mujer. Daría lo que fuera por volver a aquellos tiempos en los que todo era tan simple y ella era tan feliz.
-Por favor pequeña. Ven aquí.
La voz de Jack la saco de sus pensamientos, y dándose por vencida se levanto y fue hasta el. El macho la copio por la cintura y la sentó en su regazo y le aliso el pelo. Sus movimientos eran muy tiernos.
-Valisen estaría orgulloso de ti.
No por favor, otra vez no.
-No me recuer…
-Yo también lo estoy. Todos lo estamos. No hubiésemos permitido que sufrieras tanto cariño, pero no estaba en nuestras manos. No puedo contarte nada todavía pero tienes que creerme cuando te digo que no pude ir a buscarte.
Beth no lo entendía, pero si lo creía. Veía la verdad en sus ojos.
-Nada me hubiese gustado más que ir a buscarte a esa casa, Beth.
-De todas formas, no me hubiese ido –contesto ella al instante-. No me interpretes mal, tito. Allí esta ahora mi familia. Tengo 23 hermanas, a las que quiero con todo mi corazón. Ahora allí esta mi sitio. Y además, no te lo permitirían.
-Ja –exclamo de pronto-. Tú no conoces a Jack en plena acción, pequeña.
-Ni tú a Las Ejecutoras –dijo con todo el orgullo que tenía.
-¿Estas contenta allí?
-Mucho –Beth sonrió ampliamente para demostrarle que no mentía.
-¿Te tratan bien?
-¿¡No me ves!? He aprendido a luchar y aunque he recibido muchos, pero muchos castigos, me dan bien de comer.
Al escuchar sus palabras, Jack rompio en carcajadas.
-¿Quién te castigaba?
-Val –contesto ella como si esa simple respuesta lo aclarara todo, pero al ver su cara, se disculpo-: Val es la jefa. Hay unas reglas, algunas están hechas a joder, pero hay que cumplirlas… Pero cuando te las saltas… Tienes que pagarlo.
Cuando Jack sonrió, ella también. No le pensaba decir que la mayoría de los castigos era por tener cierta afición al tequila.
-¿Cómo te castigaba?
-Nos castigaba, plural. Solíamos ser tres: Hecate, Dream y yo. No hacían pasar horas entrenando con las mejores –Beth se toco el trasero al recordar los golpes que había llevado entre June, Kira, Val… y las demas-. No sabes como duele el látigo de Kira.
Jack frunció el ceño.
-¿Te azotaban?
-¡No, por Dios! ¿No me escuchaste? ¡Entrenaba!
-¿Con un látigo?
-No. Yo no uso látigo. Eso es de Kira. Yo utilizo estas dagas –se levanto los pantalones hasta la rodilla y se las enseño. Jack silbo de asombro-. Y las Desert de papa. Las dagas me las dieron cuando pase el periodo de prueba. A mi y a H y D.
Jack silbo de nuevo.
-Me gustaría verte.
-No creo que a Val le importe mucho tener un día por allí… -Beth sonrió-. Y puedes quedarte a cenar. Nuestras cenas son… únicas –sonrió aun mas al imaginarse a Jack entre tantas hembras.
-Quizás vaya –le dio un beso en la mejilla y se recostó en el sofá llevando a ella con el. Le apoyo la cabeza en su hombro y suspiro tranquilo-. Nos quedan tres horas para la cena. Cuéntame que más has hecho.
-Vale –Beth poso las manos en su pecho y sonrió-. Por cierto, ¿Dónde están Jake y Graham?
-Volverán para la cena.
-Vale. A ver, voy a empezar a contar por como llegue a la Mansión…
Y así se pasaron toda la tarde. Beth le contaba como había sido y era su vida en la Mansión y el la escuchaba atento. Jack se vio obligado a aprenderse todos y cada uno de los nombres y descripciones de sus hermanas, especialmente de las trillys, como ella las llamaba. Ambos ganaban. Beth recordaba momentos que había pasado con las Ejecutoras y el conocía su vida. Que no parecía ser tan mala al lado de esas hembras que se cuidaban entre ellas.
Por fin, llego la cena y Graham y Jake llegaron un hermoso y gigante ciervo. Y aunque Beth había puesto el grito en el cielo, se comió su ración como si nunca hubiese probado bocado.
La cena estuvo realmente animada. No pararon de hablar y de reír. Cualquier tema era bueno. Y a Beth le agrado especialmente uno. Jake y Jack se había acordado de Era e insistían en que tenían que verla. No podía estar mas feliz.
Después de la cena, todos se sentaron en los sofás de la mini salita mientras comían la tarta de chocolate que Graham había llevado escondida. El fuego de la chimenea era la única luz que iluminaba la habitación y todos estaban preciosos así, aunque ninguno había abierto la boca. Sabían que la hora de que Beth se marchara estaba cerca y nadie, incluida Beth, quería que llegase ese momento.
-Tengo una cosa para ti –dijo Jack cuando se acabo su porción de tarta.
Se levanto y desapareció fuera de la casa durante unos minutos. Volvió con un enorme y alargado paquete que dejo en el regazo de Beth.
-Cuando eras pequeña, a ti y a Jake os gustaba pelear por quien podía con el –decía mientras ella abría el regalo-. Espero que te guste.
Cuando B vio lo que había en el interior de la caja las lagrimas volvieron a sus ojos, pero esta vez se obligo a no llorar. El
claymore
de Jack estaba envuelto con una tela dorada y con un lacito negro a la altura de la empuñadura.
Beth lo recordaba. Esa era el arma del macho. La que como bien había dicho el, Jake y ella copian a escondidas para ver quien podía soportar su peso. Eran unos niños y la espada pesaba demasiado para ellos. Pero ahora no. Le quito la tela y sonrió mucho más. La hoja tenía un dibujo precioso grabado.
La hembra alzo la mirada hacia Jack y sonrió, después miro a Jake, que también sonreía.
-Siempre ganaba yo. Si lo levantas ahora, es tuyo.
Beth se levanto sonriente del sofá y como solían hacer con las espadas de madera que tenían, lo apunto con el claymore. Jake torció la cara y saco la lengua por un lado.
-Muerto –musito.
Y todos se deshicieron en carcajadas. A esas risas las siguieron bromas, capones, abrazos, besos… Había llegado la hora de marcharse. Todo salieron con ella hasta el porche de la casa y para su sorpresa, Jack insistió en acompañarla de vuelta a los muelles de Cadwell.
Solo Jake y Graham se bajaron del yate.
Jack estaba con Beth en cubierta.
-Iré a verte –prometió tras darle un beso en la frente.
-Hazlo, por favor. Me encantaría que conocieras a mis hermanas.
-Lo haré, pequeña.
Beth asintió y se fundieron de nuevo en un abrazo. Cuando se separo de el y empezaba ya a bajar las escaleras hacia el suelo firme, se giro al escuchar que la voz de Jack la llamaba.
-No me lo has dicho, Beth.
Jack frunció el ceño al verla sonreír.
-Tito, te quiero.
El macho sonrió. Beth habría jurado ver lagrimas en sus ojos pero el se dio la vuelta y desapareció rápidamente por la proa del barco.
-Chicos, se han acabado las 24 horas –les dijo a Jake y a Graham cuando llego a su lado.
-Te acompañamos al Zero –dijo Jake.
-No. No voy allí.
Beth se despidió de ellos y le pidió a Graham que le dijera a Owen que ya lo llamaría ella. En esos momentos estaba muy enfadada con el por haberla privado de tantas cosas. Graham dijo que así lo haría y tras darle un fuerte abrazo, empezó a caminar hacia su moto aparcada unos metros más allá, con su claymore bien sujeto bajo el brazo. Se monto y haciendo que se le escuchara bien partió hacia la Mansión con una sonrisa imborrable en sus labios.
Había sido el mejor día de su vida, hasta el momento.
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An dit a bhfuil do chroi is ann a thabharfas do chosa thú.
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